EN la ciudad de Cádiz se percibe un frenesí inusitado para cambiar los nombres. Algunos creen que es fruto de la Ley de Memoria Democrática. ¡Qué va! Es una costumbre que quizás proceda de los romanos, que le cambiaron los nombres a los fenicios, Gadir pasó a ser Gades, y así han seguido. A la plaza de San Juan de Dios, en siglos pasados, cada vez que había una sublevación o nuevo régimen, le cambiaban el nombre. A la actual calle Feduchy, en la Segunda República, le pusieron Carlos Marx. En tiempos de Carlos Díaz le quitaron el nombre a la calle Alonso el Sabio (el rey conquistador de Cádiz, murió en 1284) para recuperar la Pelota. En esta ciudad hay calles con dos rótulos: el actual y el antiguo.
Así que esto no lo ha inventado Zapatero, con su ley de la Memoria, que aprobó mientras recibía las joyas. A Zapatero no le dedicaron una calle en Cádiz, un gran fallo, porque ahora se la podrían quitar, entre el general regocijo. Para ponerle el nombre de Juan Carlos Aragón a un colegio, se lo quitaron nada menos que a Andalucía. ¡Adelante! Ahora se lo han quitado a Juan Carlos y se lo han puesto a Adela del Moral. Por razones sabidas. Y por razones absurdas, también le han quitado el nombre de un colegio a la Inmaculada, que es la patrona de España y de los militares que se lo pusieron, y se lo han dedicado a Cortadura. Porque no quieren nada religioso.
Por el mismo motivo, podrían cambiar los nombres a los castillos de San Sebastián y Santa Catalina, y homenajear a Melkart y Astarté, que eran divinidades, pero no católicos. Y se le podría quitar el nombre a la playa de Santa María del Mar y dedicársela a la diosa Gades, que está desnuda junto a la calle Brasil. Esa calle se la podrían rotular a Lula da Silva, que es de los suyos. Hasta Teófila le entregó un premio Cortes de Cádiz.
Porque los de la derecha ponen los nombres de las calles y les dan los premios a los de la izquierda. Mientras los de la izquierda quitan los nombres de las calles a los de la derecha y no les dan un premio ni por equivocación. Al menos se respetaba a los santos, pero ya hasta le quitan un colegio a la Santísima Virgen María, como se lo quitaron a Andalucía.
Como ustedes comprenderán, que se acobarden y mantengan Nuevo Mirandilla en vez de estadio Nuevo Carranza es más de lo mismo. Y, además, que Vizcaíno se lo ha cambiado por su cuenta, para dedicárselo a sus amigos J y P, que no son como P.S. Eso también se podría aprobar: el que quiera una calle o un colegio, que lo financie. Ya sé que es una carajotada, pero aquí se vive de eso. Y se me ocurren más, pero voy a poner ya el punto final.
José Joaquín León
