UNA vez más, la izquierda municipal gaditana y sus amigos han querido hacer virtud de la necesidad. Es normal y se entiende, pues para eso se encuentran en la oposición. Les resultaría más difícil explicar por qué no hicieron nada para reconstruir y abrir el Teatro Pemán, a pesar de que un cartel anunciaba la inauguración para junio de 2021. Y, aunque la empresa de las obras se arruinó, tuvieron tiempo. Estuvieron ocho años en el poder local. Tiempo para ese teatro, para el pabellón Portillo y otras obras, que anunciaron y no hicieron. Así que, para ellos, lo mejor es montar la polémica con el nombre de José María Pemán, que en Barbate tiene una céntrica calle, paralela a la de Federico García Lorca. Por ejemplo. Hay más.

En esa trampa no se debe caer. El teatro se dedicó a José María Pemán, y así se mantiene. Y punto. Más importante es el futuro del teatro, que ha sido recuperado para Cádiz. Vamos a hacer un poco de memoria histórica. En los tiempos del franquismo, ese teatro asumía los espectáculos veraniegos en Cádiz. Con el calor, se cerraba el Falla y se abría el Pemán. Entonces organizaban en el teatro los llamados Festivales de España. Y también hubo espectáculos con artistas de primer nivel. Como recuerdan algunos vecinos del Mentidero, en las noches de levante, se podían dormir escuchando a Rocío Jurado desde la cama. O a otros artistas. Programaron espectáculos de las Fiestas Típicas Gaditanas, con celebrados autores, desde antes de recuperar el Carnaval.

Con esto quiero decir que la programación se debe cuidar en los próximos años. Y que sea atractiva. La capacidad del teatro no es para multitudes. No es como el estadio, para que canten Aitana o Rosalía. Hay que afinar mucho en la programación, para que tenga la calidad que se merece. El Pemán debe ser algo más que un teatro. Puede ser un elemento de revitalización, para el entorno del Parque Genovés y la Alameda, junto con el Baluarte de la Candelaria. Ahora el Parque y la Alameda no están aprovechados para el ocio en Cádiz. El Parque, sin el Pemán ni el Cortijo de Los Rosales, ha tenido muy mala suerte. Santa Bárbara es un paseo fallido, un espacio de privilegio, a la vera del mar, pero mal urbanizado, que resulta inútil. No es sólo por la pérgola. Ahí se equivocó el Ayuntamiento en tiempos de Teófila. Fue un pinchazo. Y le dieron la puntilla, y lo remataron, en tiempos de Kichi, con la operación de permuta, cuando la UCA consiguió un Rectorado con vistas al mar, en el histórico edificio del antiguo Gobierno Militar.

Acabar con ese desajuste urbano, que sufre el entorno del Parque, debe ser una prioridad gaditana.

José Joaquín León