LA gente ingenua pregunta: ¿cómo es posible que esté pasando lo que pasa en España y no pase nada? Pues, señoras y señores, porque en este país todo está al revés. Especialmente desde las elecciones de julio de 2023. Vivimos en el país de lo absurdo, donde Franz Kafka, si levantara la cabeza, podría escribir una novela diaria. Aquí hasta parece normal que un político se convierta en un insecto, metamorfosis más raras se han visto. Por ejemplo, un Congreso donde la mayoría la tienen entre los 184 diputados de partidos de centro y derecha (PP, Vox, Junts, PNV, Coalición Canaria y UPN), pero se ha generado un Gobierno presuntamente de izquierdas, porque algunos partidos de derecha votaron a un candidato de izquierda que no había ganado las elecciones.

A partir de ahí, todo parece increíble. Lo último: el Gobierno va a presentar los presupuestos de 2027, mientras mantiene los de 2023 prorrogados. Los partidos que sostienen al PSOE de Pedro Sánchez en la Moncloa dicen que el nivel de corrupción es ya insoportable, pero lo siguen soportando; y que hay que convocar ya las elecciones, pero ellos no ayudan a convocarlas.

Ayer llegó el Papa a España. Y los políticos más entusiasmados con León XIV son Pedro Sánchez y los ateos de la izquierda. Menos Podemos, que siempre están indignados con algo. Llegaron al poder con Pablo Iglesias de vicepresidente, diciendo que iban a limpiar las cloacas del Estado y acabar con la corrupción. Y ahora están las cloacas del Estado más sucias que nunca, hay más corruptos que nunca y hay más pobres que cuando llegaron ellos a los cielos de la Moncloa. Volviendo al Papa, los de Vox, que presumen de católicos, siguen con la prioridad nacional, mientras cada año hay más inmigrantes en los conventos de monjas y frailes, y más párrocos extranjeros en las parroquias. Pues el catolicismo es universal, y Cristo elogió a los samaritanos, que estaban mal vistos por los prioritarios de entonces.

En este país a quien más le interesaría que volviera Puigdemont es al PP, para que Sánchez ya no lo utilice como rehén. En este país no se puede pactar con Vox, pero sí con Batasuna. En este país hemos convertido el 1984 de Orwell en 2026. Y el presidente del Gobierno contempla la aniquilación de la democracia, con una red de delincuentes que misteriosamente salieron de la sede del PSOE en Madrid, donde nadie sabe nada. Todo está al revés. Y por eso es normal que los delincuentes persigan a jueces y guardias civiles. Y que los socialistas se traguen los sapos de su jefe.

José Joaquín León