POR circunstancias previsibles, en verano hay más delincuentes y menos policías. La consecuencia es que la gente está que trina. En algunos barrios, como Pino Montano y Macarena, los vecinos han protestado enérgicamente ante lo que consideran un aumento de la delincuencia. El nivel de la indignación ha sido importante, tanto que en el gobierno municipal hay preocupación. Son distritos en los que Juan Espadas no puede pinchar, y la oposición del PP y Ciudadanos también lo sabe. Por eso, no es de extrañar que Juan Carlos Cabrera, como responsable de la Policía Local, se haya reunido con el subdelegado del Gobierno, Carlos Toscano, como responsable de la Policía Nacional, para reforzar la coordinación de ambas policías. ¿Pero no estaban coordinadas? Parece que no mucho.

Tiene toda la pinta de que se hace por calmar a los vecinos. Y por evitar que en los barrios proliferen patrullas vecinales como las de la Florida de Bormujos, urbanización donde han vuelto a robar. Como volvieron a alunizar en Sevilla, hasta que detuvieron a ciertos cracks del alunizaje.

Desde tiempo inmemorial se viene hablando de la Policía de Barrio en Sevilla. Esos policías de proximidad, que estarían más atentos a las necesidades de los vecinos. Sin embargo, la Policía de Barrio se reclama desde la oposición (Ciudadanos la ha vuelto a pedir), mientras desde el poder municipal hay reticencias. Sean de barrio o de ciudad total, se sabe que en Sevilla faltan policías y patrulleros.

Sin embargo, detrás del problema de la inseguridad hay otro, más peligroso y grave, que es el de la degradación de la vida pública en algunos barrios. Es muy lamentable, pero estamos acostumbrados a que ocurran sucesos, incluso con muertos, en zonas marginales, como las que tienen o van a tener planes especiales y aparecen en el ranking de los barrios más pobres de España. Pero hay otros barrios, de clases medias, o incluso de clases obreras (territorios que no son del lumpen). donde la convivencia se deteriora cuando proliferan los robos, asaltos y oros delitos.

La calidad de vida no depende sólo de los ingresos de una familia. Depende también de los servicios que recibe. Y, por supuesto, de la seguridad que se le debe garantizar a un vecindario que no es marginal, ni tiene una amplia nómina de delincuentes entre sus habitantes. Eso es lo que crea indignación y lo que se debe cortar de raíz, antes de que sea demasiado tarde.

José Joaquín León