RESULTA paradójico que en Sevilla se hable y polemice sobre el éxodo del centro y la turistificación, mientras se olvida una de sus consecuencias: la expansión de los suburbios en las periferias. El modelo de vivienda por el que se apuesta en los nuevos suelos remite a un modelo que se impuso en EEUU y en otros países europeos. La expansión de la vivienda en suburbios, lejos del centro. En unos casos con unifamiliares o adosados, y urbanizaciones como las construidas en el Aljarafe. Y en otros con pisos de calidades confortables modernas (por así decirlo) para familias de clases medias, que pueden comprarse una vivienda en urbanizaciones como Palmas Altas, Entrenúcleos o la Hacienda del Rosario, y que avanzan en el modelo que se implantó en Montequinto o Los Bermejales, entre otros barrios.

La denominación suburbio no se debe entender como marginal. También hay suburbios de lujo. En la primavera de 2024 el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona organizó una exposición muy interesante, titulada Suburbia y subtitulada La construcción del sueño americano. La exposición del CCCB mostraba que el sueño de casas idílicas a las afueras de la ciudad es propagado por la televisión, el cine y la publicidad. Se fomentó en EEUU, sobre todo en los años 50 del siglo XX, con la expansión de un urbanismo que trasladaba la vivienda a las periferias, donde el terreno permitía unas construcciones imposibles en los centros de las ciudades.

El modelo de la urbanización con piscina se ha exportado a todo el mundo. En España llegó a Madrid y Barcelona, y también a Sevilla. En la citada exposición se calificaba como “un modelo altamente insostenible”, que obliga a frecuentes desplazamientos en automóvil. Esto se nota en Sevilla. No es lo mismo vivir en Montequinto o Mairena del Aljarafe, donde cuentan con la línea 1 del Metro, que en barrios donde el transporte público es insuficiente y el coche resulta imprescindible. Y con el agravante de soportar frecuentes atascos.

El modelo sevillano del suburbio tropieza con el concepto de la ciudad histórica, protegida por murallas, que consideraba como arrabales a Triana y San Bernardo. Es decir, se corre el riesgo de crear otra Sevilla y otros sevillanos, con otra vida y otras costumbres, ajenos al tiempo y al espacio de la ciudad histórica. Unos sevillanos sin Sevilla.

José Joaquín León