EN el pleno municipal sobre los alojamientos turísticos pasó lo que era justo y necesario. Como el alcalde Kichi y su grupo de Adelante Cádiz no tienen mayoría absoluta, esta vez fallaron en su intento de aprobar un proyecto que es retrógrado, contrario al sentido común y que dejaría a la ciudad en una posición desfavorable para reactivar el turismo cuando sea posible. Han confundido a la gente, con la demagogia del populismo anticapitalista o lo que sea. Pues no está en juego que la ciudad sea para los vecinos en vez de para los turistas. Ni siquiera se trataba de regular el uso turístico de las viviendas, que depende de la Junta de Andalucía. Pretendía congelar las inversiones en hoteles, edificios de apartamentos turísticos y hospedajes tradicionales. Es decir, impedir proyectos de alojamientos en Cádiz.
UNA vez más se ha visto que hay mucho talento desaprovechado en Cádiz. La Unión Europea estaba a la gresca para repartirse el parné. Decían que era una mesa de negociación de frugales contra gorrones. Los frugales eran Holanda, Austria, Suecia y Dinamarca; o sea, los países ricos del Norte, de ellos dos (suecos y daneses) con gobiernos socialistas. Los gorrones eran los demás, sobre todo España y los países arruinados del Sur. ‘Los frugales’ y ‘Los gorrones’ podrían ser los nombres de dos coros del Carnaval. O incluso de uno: ‘Gorronas y frugales’, como ‘Piconeras y franceses’, que da más juego. ¿Y cómo han resuelto este problema tan peliagudo en Bruselas? Organizando una reunión que parecía una final del Carnaval.
EN los últimos días han fallecido dos personajes gaditanos que no tenían nada que ver entre ellos por sus profesiones, pero sí por su concepto del trabajo. Antonio Ardón era el mejor diseñador de moda gaditano de los últimos años. Pedro Hidalgo mantenía un establecimiento en la plaza de la Catedral que consiguió convertir las empanadas en obras de arte, además de aunar las dos raíces norteñas de lo gaditano: la montañesa (que era la suya verdadera) y la gallega (que supo adaptar). Detrás de Antonio Ardón y de Pedro Hidalgo, tan diferentes, está el nexo común de un Cádiz que se pierde: el del comercio local construido de abajo arriba para crear una singularidad propia. Personas que empezaron con modestia y que supieron triunfar.
EL monumento de las Cortes debería ser un icono para Cádiz. No es el más bonito de la ciudad, pero sí representa un momento cumbre de su historia, cuando fue la capital de España. Y también la puerta de entrada de las libertades con la primera Constitución. Políticos que se las daban de liberales, como Albert Rivera, convirtieron este monumento en un referente sagrado para sus actos electorales. Venía en peregrinación, como se va a Santiago de Compostela para abrazar al Apóstol. Bueno, todo eso era antes del coronavirus. Ahora el Ayuntamiento admite que el monumento de las Cortes necesita una restauración. Y están buscando la colaboración de la Junta y el Gobierno. Con plantones y detalles finos por medio.
EL Carnaval se escapó del coronavirus por los pelos de la bruja Piti. Si el doctor Simón llega a enterarse de que la pandemia ya existía dos semanas antes, aparte de no permitir las manifestaciones del 8-M, se hubieran cargado el Carnaval en la calle. Pero no vamos a especular con el pasado. Ahora el gran problema filosófico lo tenemos con el Carnaval de 2021. Las asociaciones de autores, comparsistas, los patronatos y demás entidades que velan por la idoneidad de esta singular fiesta, tienen un plan A, un plan B y algunos planes más, con el objetivo de que el Carnaval de 2021 se pueda celebrar. ¿Qué sería de Cádiz sin su Carnaval? Es inimaginable.