ERA un viernes 13 de septiembre, cuando el verano ya iba de recogida por los cielos del Aljarafe y los atardeceres cárdenos se anticipaban. En su taller de Gines, a los pies de una imagen de San José, quedaron las últimas virutas, desprendidas de la madera sagrada unos días antes. Eran también como espinas de su última corona, o reliquias póstumas del leño de su cruz. En aquella soledad, veías que las gubias nunca más serían tocadas por sus manos, y que algunas imágenes se quedaron como en medio del camino, desamparadas tras la definitiva ausencia de su creador. En el taller percibías unos silencios imposibles de olvidar.

CON la nueva anormalidad, el centro de Sevilla ya no es lo que era. Se ha quedado sin la población flotante y sin los pisos para turistas. Aparte de que crece un ambiente demasiado alternativo y okupacional por la zona de la Alameda. En el centro ahora se respira mejor, porque hay menos gente, aunque otros dicen que el ambiente está irrespirable. Y se habla de peatonalizar. Lo mismo de siempre. Juan Espadas apuesta por el Plan Respira y por un eje peatonal, que incluiría desde la Gavidia hasta la Encarnación, y que permitiría una plaza del Duque sin tráfico, con lo que supone, ya que allí en realidad lo que hay son paradas de taxis y autobuses (o sea, transportes públicos). A Juan Espadas se le ocurre lo mismo que a todos los alcaldes anteriores, con algunas variantes, eso sí. Como llevar el tranvía del Metro Centro hasta Santa Justa y después hasta la Encarnación.

LOS niños vuelven al colegio como si fueran al martirio en el circo romano, a ver qué pasa con las fieras. El gran problema de fondo es que acuden a una cita a ciegas, como todo lo que rodea la gestión del coronavirus en España. Es obvio que los niños no se podían quedar en sus casas o en los parques de Sevilla hasta que empiecen a tratar a la gente con la vacuna de Oxford, ojú. Los consejeros autonómicos, como Javier Imbroda en Andalucía, miraban a la ministra, Isabel Celáa, que estaba desaparecida, venida a menos desde que Pedro Sánchez la retiró como portavoz del Gobierno para poner a María Jesús Montero. La ministra Celáa se lavó las manos, la medida higiénica que mejor practican.

LA alta tasa de coronavirus en el Polígono Sur (que ya cuadruplica la media de Sevilla) debe ser manejada con mesura y sin alarmismo demagógico. Es una zona muy sensible, tocada por la literatura y el cine, que podría salir más dañada de lo que ya está. Se sabe que el vecindario responde a ciertas características sociales, pero lo que rodea al Polígono Sur se reconvierte en tópico. Podría faltar poco para que se extienda por Sevilla la leyenda de que el coronavirus castiga más a los pobres que a los ricos, y que el Covid 19 es una nueva causa de marginación social. Errores más grandes están propagando los negacionistas y grupos de iluminados que no valoran la realidad, sino que inventan fantasías.

TODAVÍA me acuerdo de la que se formó cuando en el Vaticano insinuaron que podrían permitir procesiones con pasos de Semana Santa en septiembre. Algunos capillitas casi excomulgan al cardenal Robert Sarah, que es macareno, además de prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Falsa alarma. Tampoco el Consejo de Cofradías tenía intenciones de montar un cabildo de toma de horas paralelo en Chipiona. Donde hoy debería salir en procesión la Virgen de Regla (y no saldrá), como tantas otras. Porque hoy es la fiesta de la Natividad de la Virgen. El 16 de julio con el Carmen, el 15 de agosto con la Asunción y el 8 de septiembre con la Natividad concentran el marianismo del verano en Sevilla, como en Andalucía y el resto de España. Coinciden con muchas fiestas patronales y ferias de poblaciones que en 2020 se han quedado a dos velas sin encender.