AL ver a Fran González, presentando la candidatura del PSOE a la Alcaldía de Cádiz, me ha recordado a la sección Si yo fuera alcalde del Diario del Carnaval. Dicho sea con todo el cariño. ¿A quién se le ocurre presentarlo en estos días? Podría pasar como los de Ciudadanos, que al parecer están esperando a los vía crucis de Cuaresma, o vaya usted a saber. O incluso haberse anticipado, como Juancho Ortiz, que protagonizó la velada del corazón partío en el hotel Atlántico antes de Navidad. Y antes de que nombrasen Hijo Adoptivo a Alejandro Sanz, que después se ha puesto a apoyar a Juan Guaidó en Venezuela, en contra del camarada Maduro. Pero se hablaba de Fran González,  que apareció en la presentación junto a Irene García, presidenta de la Diputación y secretaria provincial, y junto a Adriana Lastra, portavoz del PSOE en el Congreso.

NO ocurre sólo en Cádiz. En San Fernando y otros municipios de la Bahía también están hartos de las palomas. Pero existe una diferencia fundamental: en la Isla han pasado al ataque. El Ayuntamiento, donde gobierna la socialista Patricia Cavada, en coalición con lo que queda del PA, no se ha andado con remilgos y van a aprobar un contrato de 14.374,80 euros para cepillarse palomas en las zonas conflictivas, con métodos que incluyen las jaulas trampas con cebo, pero también la captura con cañones de redes y el vuelo de aves rapaces. ¿Qué se diría en la ciudad de Cádiz, si su Ayuntamiento aprobara unas medidas contundentes?

EN el caso de la denuncia contra David Navarro, no se puede decir que el PP haya apoyado a Podemos, sino que ha optado por el sentido común. La denuncia de Ciudadanos por la supuesta prevaricación y malversación de fondos en la Casa de Iberoamérica (antigua Cárcel Real), sin entrar en las formas, se desajusta en la esencia: no tiene en cuenta la realidad gaditana. El candidato del PP, Juancho Ortiz, conoce bien ese edificio. Pensar que la sociedad de Cádiz 2012 dejó de percibir 116.039 euros, por no cobrar las cesiones a las entidades que organizaron actos allí, suena a utopía. Aquí todo se cede gratis, o no se hace ni qué.

VIVIMOS unos tiempos pintorescos por los caprichos de las influencers y los que van de influyentes. Así una gachí del tipo de Dulceida aparece en Instagram con una falda de no sé qué y se venden miles de faldas como esa; o si viaja a Pernambuco, allá que se van un montón de seguidores. Pues lo mismo está pasando con Setenil, que es como una Dulceida o una Paula Echevarría de los pueblos blancos. Setenil de las Bodegas fue elegido el destino rural más buscado de España, lo premiaron en Fitur como uno de los pueblos más bonito, y apareció en The New York Times. La gente dice: “¡Ah, Setenil!”. Y se convierte en un destino de moda. Y algunos ni siquiera saben cómo son esas bodegas, y las confunden con las de González Byass.

EN otros tiempos remotos, antes de Internet, existían los ficheros de altos cargos. Ahí se iban reponiendo las fichas, según los nombramientos de ministros, gobernadores civiles, presidentes de la Diputación, diputados, concejales y demás. Menos mal que ya no hacen falta, porque en el plazo de un año deberíamos haber tirado las fichas (y puede que los ficheros) a la basura. Ahora la nueva delegada de la Junta de Andalucía en Cádiz es Ana Mestre, que vuelve a la ciudad en la que fue concejala del PP. Es la primera delegada de la Junta que no pertenece al PSOE, por lo que verla en ese cargo se nos hace más raro que encontrarnos a un cangrejo moro paseando por el Rectorado de la calle Ancha. Por decir un chiste fácil.