HOY es Miércoles de Ceniza. Comienza la Cuaresma, pero en Cádiz no se acaba el Carnaval. El forasterío que llega en estos días se asombra de que el lunes sea fiesta local. Como el gaditano y la gaditana suelen salir derrotistas, alegres y festivos, se ha propagado la leyenda negra de que Cádiz está en horas bajas, y que aquí sólo viven viejos (mayores jubilados, quiero decir), y algunos jóvenes, casi todos parados. También deben vivir muchos carnavaleros, ya que de las 14 agrupaciones que participaron en la final del COAC había 13 de Cádiz y una de Sevilla. Esta era la de de ‘Daddy Cadi’, a la que le faltó menos de un punto para ganarle a la chirigota compuesta por Manolito Santander y José Manuel Sánchez Reyes. ¡Viva La Viña! ¡Y vivan las centésimas!
LOS servicios especiales que monta Renfe en Carnaval son interesantes. Confirman que el tren es el medio de transporte idóneo para llegar a la capital gaditana en estos días, junto a los autobuses públicos. Lógicamente, se excluye a las localidades donde no hay comunicación ferroviaria con Cádiz, que es toda la provincia, excepto San Fernando, Puerto Real, El Puerto y Jerez. Desde Rota también se puede llegar en catamarán, igual que desde El Puerto, pero no navega el Vaporcito (¡ay, qué dolor!), que se podría forrar de oro en estos días. Volviendo al tren, se puede decir que el Carnaval le facilita que funcione como lo que debería ser: el metro del área metro-politana de la Bahía.
PASARÁ a la historia como uno de los carnavales más glamurosos que hemos conocido. Se ha notado la presencia del pregonero Joaquín Sabina y su séquito. Es un poeta y cantautor de relieve, que sería capaz de cantar durante 19 días y 500 noches, más o menos lo que dura el COAC. En la final de ese concurso tan criticado estuvo el ministro de Cultura, José Guirao. El Gobierno de Pedro Sánchez se volcó, y envió también a su delegado en Andalucía, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, además del subdelegado en Cádiz, José Pacheco, por si no hubiera bastante con un ministro de Cultura. Fran González estará loco de contento. Pero no sólo políticos, la final del Falla recordó por momentos la gala de los premios Goya.
SEGÚN lo presentan, el Carnaval de Cádiz cada vez se parece más a las legendarias fiestas de las barbacoas del Trofeo Carranza. El Carnaval sería una gran guarrería urbana, que deja las calles de la ciudad de Cádiz llenas de porquerías, desperdicios, residuos líquidos y sólidos. Sería todo lo contrario de lo que se espera de una ciudad ecologista, verde, sostenible, amante de los animales de todo tipo y cuidadosa con sus cosas. De manera que el Carnaval sería apenas la excusa para quedarse una noche completa sin dormir (entre porros y borracheras, según las leyendas negras), hasta que leen el fallo de un jurado en el Falla para que se acuerden de sus castas todas. Ahí empieza una celebración, que traslada el regocijo a las calles.
EL Carnaval y la Cuaresma marcan los tiempos de Cádiz cuando febrero entrega el testigo de la vida a marzo, en un recodo del calendario. La primavera empieza a intuirse en la lejanía. Surgen los contrastes, que aquí son más radicales, pero no menos sensibles, cuando los tiempos se detienen, cada cual en su lugar. Hoy se podrá apreciar con extrema belleza esa combinación imposible de lo que debe estar separado, para que el roce no contamine. Hoy el día puede empezar en el besapiés al Señor de Medinaceli en Santa Cruz y terminar con la final del concurso en el Gran Teatro Falla. Algo así sólo es posible, sólo se puede entender en Cádiz.