LA cosa empezó por un policía de Minesota que mató a George Floyd, un hombre de raza negra, detenido en Mineápolis. Imágenes vergonzosas y alarmantes, que en las televisiones repiten detrás de nuestro estado de alarma, con algunas consideraciones anexas sobre Donald Trump. De ahí se ha pasado, tras varias vicisitudes, a la Colonofobia, a la que se adhirió con entusiasmo Teresa Rodríguez. A cuento de que en varias ciudades derribaron estatuas de personalidades como Cristóbal Colón. A ella le pareció bien quitar del panorama a don Cristóbal, aunque en Barcelona (donde tiene un precioso monumento) Ada Colau no está por la labor. Hasta ahora la Colonofobia de algunos podemitas se reservaba para el 12 de octubre, fiesta de la Hispanidad. Este año no la han suspendido, como las ferias y romerías, sino que han anticipado las declaraciones.

AQUÍ tenemos otro tema bonito para nuestro alcalde de Cádiz, señor Kichi, y su pareja, la señora Teresa, siempre atentos a los conflictos del universo. Después de la gordobia ha aparecido la madrileñofobia. Consiste en el odio racial a los madrileños, a los que algunos tratan como si fueran negritos del África tropical, sorprendidos por error en un congreso del Ku Klux Klan. Todas las criaturas son hijos de Dios, independientemente del color de su piel, también los madrileños. Aunque estén presididos por Isabel Díaz Ayuso. Y aunque Pedro Sánchez y Pablo Iglesias sean madrileños nacidos en Madrid, detalle que a veces se olvida. El problema es grave, porque se empieza convocando una pacífica protesta en Twitter y se termina derribando estatuas de madrileños.

EL Gobierno ha presentado otro plan. Si hace unos días fue aprobado el ingreso mínimo vital, que supondrá a las arcas públicas un gasto de 3.000 millones, ahora han destinado 3.750 millones para el plan de apoyo al automóvil. Esto parece el ingreso mínimo del sector de la automoción. La táctica es la misma. Primero los arruinan y después organizan un plan para aliviarlos de la ruina. Pedro Sánchez puso mucho énfasis en este plan, quizá porque Nadia Calviño le habrá recordado que el automóvil es un sector que mueve el 10% del PIB y el 19% de las exportaciones en España. Y claro, si piden que los de Nissan se queden en Barcelona, no van a seguir puñeteando a los coches.

ESTAMOS llegando al final de la desescalada. Siempre con criterios racionales. Por ejemplo, al final se podrá ir a Francia el próximo lunes, como dijo la ministra Maroto, a la que desautorizó el ministro Illa tres horas después, al que desautorizó ayer el presidente Sánchez para decir lo que dijo la otra. Esta pandemia está cogobernada por grandes genios de la Moncloa, que incluso cobran a fin de mes. Ellos y ellas no sufren los apuros de la maría gaditana de toda la vida, que jugaba al cupón de la ONCE (cuando no al cupón pirata de la lotera clandestina), y que compraba en el Piojito, como si fuera su pasarela Cibeles de la avenida de la Bahía. Pues hoy puede ser un gran día, como cantaría Joan Manuel Serrat, porque vuelve el cupón de la ONCE y vuelve el Piojito.

EL Corpus se celebrará mañana en la Catedral de Cádiz, cumpliendo todos los requisitos ordenados por la autoridad competente para la fase 3 de la desescalada. Tras la misa pontifical, habrá procesión claustral con el Santísimo en la Custodia pequeña de Ana de Viya. El Ayuntamiento, que siempre ha colaborado en la organización (también con José María González Santos en la Alcaldía), ha creado confusión, al intentar justificar su ausencia y la suspensión de un acto. Han sembrado dudas de seguridad que me parecen intolerables. El PP, que asistirá (están invitados, así como el PSOE y Ciudadanos), había pedido los maceros. Pero, al parecer, originan un gasto cuantioso (no se sabía que fueran ricos) y una “gran” concentración, que suele ser de menos de 20 personas alrededor.