A mi modo de ver, no es justo echar las culpas del coronavirus a Kichi. Así como el PP tiene la culpa de que el PSOE y Unidas Podemos pacten con Bildu (esa parida dijo el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que fue quien pactó), yo estoy bastante seguro de que Kichi no ha contribuido a difundir el coronavirus. Tampoco a frenarlo, sino que mayormente ha aprovechado para confinarse y no hacer nada. Por eso, cuando ha llegado el momento de la desescalada, resultó que Kichi iba con el pie cambiado, esperaba que el encierro durase casi todo el verano. Por eso, no abre las playas a tiempo, ni en general adopta medidas, y no hace ni el huevo. Kichi se confinó a sí mismo, y se nos ha convertido en un taoísta viñero, como si fuera partidario de la wu wei, que no tiene nada que ver con Wuhan, sino que es la no acción. Sin acción vivía la mar de bien.
EL ingreso mínimo vital que aprobará mañana el Gobierno no es lo mismo que la renta universal básica. No consiste en que todos los españoles e inmigrantes perciban una paguita de Pedro Sánchez. Esa diferencia de conceptos es esencial. Soy partidario del ingreso mínimo vital. También de que sea transitorio, excepcional, y para las personas realmente necesitadas. Y que no sea un donativo de la caridad del Estado, sino vinculado a buscar empleo. No puede ser un chollo sin final, como pretendía Pablo Iglesias, porque en tal caso fomentarán el fraude fiscal y las chapuzas en dinero negro, perjudicando a autónomos y trabajadores legales. Pero es cierto que, en estos momentos, muchas familias han quedado arruinadas, más aún en Cádiz, donde ya había demasiada miseria. Esas ayudas pueden ser vitales.
ESTAMOS volviendo a todas las cosas del franquismo: a las colas del hambre, a la mayoría silenciosa, a los partes oficiales, al contubernio comunista, a las marchas de coches como las del día de San Cristóbal, y a los consultorios. La gente pregunta y el mando único responde. El consultorio de Elena Francis empezó en 1947, en los años del hambre, y duró hasta 1984, cuando ya estaba Felipe González en la Moncloa. Ahora vuelven los consultorios, como vuelve el hambre. Al de Elena Francis lo acusaron de ser carca, y ajustado a la moral de la época que imponía la dictadura, como si en esta época no hubiera otra dictadura que impone su moral.
UNA cuestión a tener muy en cuenta es que las playas dependen de los ayuntamientos. También de la Demarcación de Costas, a determinados efectos, como regenerar los arenales perdidos. No obstante, insisto: las playas no dependen del mando único, no son de Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Salvador Illa y Fernando Simón, los cuatro jinetes del coronavirus, sino que en Cádiz dependen del alcalde José María González Santos, popularmente conocido como Kichi; en San Fernando, de Patricia Cavada; en Chiclana, de José María Román. Y así podríamos seguir por todo el litoral. Cada Ayuntamiento costero suele tener su delegación de Playas. Por cierto, no se oye nada este año de las banderas azules. ¿Por qué será?
LA OMS está en el punto de mira. Sus errores manifiestos en el inicio de la pandemia del coronavirus han favorecido que hubiera miles de muertos en el mundo. Sobre todo en países como España, que tiene a un coordinador de Emergencias, Fernando Simón, que seguía sus directrices sin atender las peculiaridades españolas, como el flujo de viajeros peligrosos. Además de que la directora de Salud Pública de la OMS es la asturiana María Neira, que apareció varias veces en los telediarios de febrero, diciendo que no había pandemia en el mundo. Negaron todo. También negaron la utilidad de las mascarillas y dijeron que bastaba con lavarse las manos.