EN estos momentos duros del coronavirus, una de las principales preocupaciones de los gaditanos no era cambiar el nombre del estadio Carranza. Así que el Ayuntamiento, con su alcalde Kichi al frente, dispuesto a distraer y a divertir, ha tenido un detalle muy chungo. Han aprovechado el fallecimiento de Michael Robinson para que algunos colegas propongan que le cambien el nombre al estadio y que se lo dediquen al recién fallecido. Es chungo, porque Robinson es un personaje muy querido y admirado por los cadistas, pero puestos a cambiar el nombre no tiene sentido que se lo dediquen. Y yo creo que a Michael Robinson le hubiera parecido una propuesta absurda.

A lo loco a lo loco, cambiando las medidas de la desescalada todos los días, y como quien no quiere la cosa, hemos llegado al 1 de mayo, la Fiesta del Trabajo. ¿Trabajo?, ¿qué trabajo? Será el día del Paro. En otros tiempos, salían las masas trabajadoras desde la plaza España, convocadas por los sindicatos, para protestar contra los empresarios que los oprimían. Pero los tiempos han cambiado una barbaridad. Si Marx levantara la cabeza, ¿qué pensaría? Ahora también protestan los empresarios, que se han quedado en el paro. Y no pasa nadie por la Cuesta de las Calesas con banderas porque no se puede salir, excepto con niños o perros. Mañana saldremos, pero a correr por las playas.

EL Plan para la Desescalada que presentó Pedro Sánchez va a tumba abierta. Si les queda un poco de sensibilidad social, deberían revisarlo, como ya le han pedido varias comunidades, incluso Ximo Puig, que es de los suyos. El PSOE y Unidas Podemos han vuelto al franquismo, han vuelto a Madrid y sus provincias. Se han cargado el Estado de las Autonomías. A Pedro Sánchez se le está poniendo la cara de “Andaluz, este no es tu referéndum”. La Junta debe ser más contundente. Y los de Adelante Andalucía, que iban de verdiblancos de cartel, ¿qué dicen? Hemos vuelto a las provincias como unidad de destino en lo universal.

ENTRE todas las formas de ser gaditano, una de las que tiene más mérito es la que eligió Michael Robinson: por un flechazo de amor. Se lo dio Cupido, vestido de amarillo, en la liguilla de la muerte que inventó Manuel Irigoyen en 1987, cuando ampliaron la Primera División. Aquella liguilla la disputaron Cádiz, Osasuna y Racing de Santander. Así consiguió Irigoyen que se salvara el Cádiz, que había sido último, y que descendiera el Racing, que fue penúltimo. Robinson vino a Cádiz con Osasuna. Yo recuerdo aquel partido, con un vendaval de levante horroroso, y con David Vidal en el banquillo a su modo. A Michael le llamó la atención lo que se encontró en Carranza, que ya por entonces tenía un ambiente digamos que pintoresco.

SEGÚN lo que hemos visto en los últimos días, existe un serio peligro de que los casos de coronavirus sufran una segunda oleada. Esto hay que decirlo y explicarlo a la gente. Lo deben evitar ahora, para no lamentarlo en mayo. Y, desgraciadamente, viendo las intervenciones del ministro de Sanidad, Salvador Illa, se nos ponen los vellitos de punta. Es igualito que Pedro Sánchez. Se dedican a poner excusas para justificar sus responsabilidades. Para no cargarse eso que llaman la desescalada, hay dos cuestiones básicas: Primera: Cortar la cadena de propagación de la epidemia, detectando a los asintomáticos. Segunda: Cumplir todos (incluso Pablo Iglesias) las medidas de seguridad personal. Sin eso, podemos estar confinados hasta el verano y con miles de muertos más en España.