EN la manifestación contra el terrorismo en Barcelona (que fue televisada ayer en directo) han quedado expuestos todos los complejos políticos que sufrimos en este país. Se intentaba dar una imagen de unidad, al menos en las fotos, que quedarán para la posteridad. Ese requisito se cumplió de alguna manera. Incluso intercalaron a musulmanes y personas de diversas razas y confesiones entre los líderes políticos. Sin embargo, el conjunto de los manifestantes fue demasiado variopinto y contradictorio. Banderas de todos los colores, catalanas y españolas, pero también independentistas y republicanas. La CUP enredando con sus cartelitos. Hubo de todo y se ha discutido todo. Empezando por el propio lema de la manifestación “No tinc por” (“No tengo miedo”), donde dicen que ha quedado eclipsado el origen del asunto. El lema pudo ser “Contra el terrorismo yihadista”. Lo del miedo genérico parece más ambiguo.

EN el ataque terrorista de Barcelona hubo muertos y heridos de 35 países. Precisamente, en unos día en los que se hablaba de la turismofobia de Arran (un grupo vinculado a la CUP). La turismofobia es una hijastra de la xenofobia. No obstante, cuando se perpetró el ataque de Barcelona, seguido del episodio nocturno de Cambrils, se ha visto cuál es la verdadera xenofobia que tenemos en Europa; y también quiénes son los enemigos del turismo, de la libertad en general. Por si alguien tenía dudas, en estos días ha quedado claro que la verdadera xenofobia no es la de Occidente contra el mundo musulmán, sino la del radicalismo islámico contra Occidente. No hay que confundir a las víctimas y a los verdugos.

TENER directivos que adopten decisiones acertadas suele marcar la diferencia entre el éxito o el fracaso. En una empresa, cuando sus dirigentes se equivocan, causarán problemas incluso irresolubles. Por el contrario, cuando aciertan, les permitirá prosperar y crecer. Ahora parece que da igual equivocarse o acertar. En la política, se piensa que cualquier militante de un partido puede llegar a diputado o alcalde, incluso a consejero o ministro. Pero no es así. Una gestión equivocada genera consecuencias. Ese es el origen de los males de Cataluña. El paraíso del seny y la burguesía emprendedora, de la Gauche Divine liberal y progresista, tiene ahora unos dirigentes desastrosos. Eso ha llevado a Cataluña al caos.

A casi todo el mundo le ha parecido escandaloso que el París Saint Germain abone al Barcelona los 222 millones de euros de la cláusula de rescisión de Neymar. En realidad, los pagó Nasser Al-Khelaifi, con la tapadera de la sociedad que creó el jeque de Qatar, un estado que ha sido boicoteado por sus vecinos árabes, acusado de financiar a grupos terroristas; además de conseguir el Mundial de fútbol de 2022 con sobornos más que presuntos. Si bien es cierto que no sólo financian al equipo de París, ciudad tan castigada, sino que también lució su publicidad el propio Barcelona, cuando Sandro Rosell (condenado a pena de cárcel por otros tejemanejes) era presidente. Rosell fichó a Neymar en una operación en la que ocultaron, como mínimo, 40 millones de euros.

EL sector pedrista del PSOE de Andalucía ha cometido un error, un inmenso error. Vale que van de kamikazes, a la desesperada, sabiendo que los esperan con los cuchillos políticos afilados al menor despiste. Pero oponerse a la propuesta de “una Andalucía fuerte y de primera en una España cohesionada y solidaria” es apostar por una Andalucía de segunda. Y es tirar a la basura el espíritu del 28-F andaluz, que todos los que entienden mínimamente la historia del PSOE saben que fue el inicio de sus años triunfales. Dicho de otro modo, si el PSOE no hubiera apostado por una Andalucía de primera en los años de la Transición, probablemente Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero no hubieran llegado a la Moncloa, y Pedro Sánchez sería el líder de un partido minoritario, que parece su objetivo.