SE formó el primer gran atasco de tráfico en Torre Sevilla y la gente ya está despotricando. Los alrededores del nuevo centro comercial quedaron colapsados a ratos en la tarde/noche del sábado y parece que la oposición lo estaba esperando. En el PP y en Ciudadanos se frotan las manos, mientras en el PSOE los ven revolotear y les parece como si fueran cuervos. A Juan Carlos Cabrera, como delegado de Movilidad que es, se le pone la cara de circunstancias. Pues ha abierto nuevos accesos, pero milagros no puede hacer. Tampoco tiene la culpa de que a todo el mundo en general se le ocurre ir a la misma hora al mismo sitio. Y el gran aparcamiento de las tres mil plazas unos dicen que se llenó y otros que no del todo, y que es un embudo. Tres mill coches unidos jamás serán vencidos.
SE suele decir que Sevilla se ha convertido en un parque temático… de Sevilla. Puede que sea verdad. Puede que la ciudad sea como un simulacro, que casi todo el mundo juegue a las apariencias de una ciudad que debe ser como se espera, sin que sepamos lo que es realmente. Sin embargo, no sucede sólo aquí. Está pasando en todo el mundo. Hace más de 20 años ya lo percibí claramente en dos ciudades adaptadas a espectáculo para turistas: Venecia en Italia y Carcassonne en Francia. Puede que en Venecia aún queden ecos verdaderos por los barrios más alejados de San Marco. Sin embargo, en la ciudadela francesa es difícil no sentirse cómplice de una mentira.
TAMBIÉN es mala suerte inaugurar el congreso de las aerolíneas de low cost en Sevilla justamente cuando se está hablando de los barquinazos de algunas empresas de low cost, en sectores tan florecientes y solicitados como las clínicas dentales y las peluquerías. Pero no hay que confundir el atún con el betún. Como en pasa en tantas actividades, todo depende. También es verdad que en el centro comercial de Torre Sevilla se ha inaugurado el primer Primark, esa tienda irlandesa que tanta ansiedad ha creado, y el otro Ikea, esa tienda sueca que tan entretenida resulta a la hora de montar. Nos guste o no, son los años felices del low cost, que estará de moda mientras la burbuja aguante.
LA Noche en Blanco es como la carrera nocturna del viernes pasado pero sin correr, sino con circuitos culturales. Aquí no se trata de dar zancadas a lo Kipchoge hasta que aguantes, sino de seguir alguna de las 50 rutas que han organizado, o participar en alguna de las 160 actividades previstas. Los turistas pensarán que los sevillanos se han vuelto locos, que para vacunarse de la turismofobia les van a enseñar todo lo que hay de bonito en la capital de Andalucía. Y, además, deben visitarlo de noche, como si fueran los murciélagos del Parque de María Luisa, que están en trance de extinción, por culpa de los puñeteros loros.
EL otoño nos ha salido caliente en todos los sentidos. Así no es raro que la gente se eche a las calles sevillanas a protestar. En los años de finales del franquismo, los estudiantes se echaban a la calle para conseguir esa Transición a la democracia que ahora critican los indignados. Aunque, en general, los estudiantes y obreros unidos contra la dictadura soñaban con hacer la revolución; o al menos poner su granito de arena lanzando piedras, mientras los grises de la Policía Armada les zurraban. Eran otros tiempos, cuando se salía a protestar sin red; o sea, jugándote el palo, y casi siempre por motivos solemnes, como la libertad.