HAN llegado, o van a llegar. Glorificadas por unos y maldecidas por otros. Las motos que acuden para el Gran Premio de España de Moto GP 2026, que se celebrará…
LA derrota del Cádiz ante el Sevilla puede parecer engañosa. Al minuto 90 se había llegado con empate. Fue un duelo competido, en el que el Cádiz tuvo aspectos buenos…
HA favorecido el calendario, por esas curiosidades que regala con los ciclos lunares, que este año el Día del Libro coincida con el jueves de Feria. A ningún librero se le ha ocurrido montar casetas con libros en el Real de Los Remedios, para que el público los compre y…
LA inmigración debería ser tratada con criterios realistas y objetivos. Sin embargo, tanto la extrema derecha como la extrema izquierda incurren en un populismo que ha esparcido tópicos y leyendas. Para colmo, el PP está imitando las posiciones radicales de Vox y el PSOE copia las posiciones radicales de Podemos…

CON la muerte de Enrique Treviño, hemos perdido el último héroe de las Filipinas de aquellas radios gaditanas. Durante más de medio siglo fue la voz del Carnaval de Cádiz desde los micrófonos de Radio Juventud. Existió un Carnaval durante el franquismo; y fue el que retransmitió Enrique, que ponía su voz para que llegaran aquellas coplas, algunas censuradas y otras no hacía falta. Que no eran de unos pringaos, sino de autores como Paco Alba y Enrique Villegas, y de todo lo que vino después, con el niño Antoñito Martín, y con Pedro Romero, y con los Majara de El Puerto, y con Joaquín Quiñones, y hasta con Martínez Ares, al que también retransmitió Enrique Treviño en ese medio siglo, como a las chirigotas de Fletilla y a los coros del Quini y a los cuartetos del Peña, y a muchos de los que envejecen y todavía se consideran nuevos carnavaleros.
ESTO lo dijo Albert Rivera, el domingo pasado, para explicar lo de Ciudadanos: “Los liberales de Cádiz han vuelto para gobernar España”. ¡Ole! Antes de reunirse en asamblea con los suyos, no se sabía lo que iba a ser Ciudadanos, porque unos querían definirse como “liberales y progresistas”, mientras que otros apostaban por ser “socialdemócratas”. Hoy en día, raros son los que en España no nos consideramos liberales, progresistas y socialdemócratas. Vale para cualquier Íñigo, lo mismo para Méndez de Vigo, que es el ministro más liberal, progresista y socialdemócrata del PP (e incluso acude a los Goya, a aguantar), como para Errejón, que es el líder más liberal, progresista y socialdemócrata de Podemos (e incluso acudirá a Vista Alegre, como el otro a los Goya).
PARECE que los abogados, los procuradores y demás familias que acuden a los Juzgados dispersos todavía no lo han entendido. Lo que van a construir en Cádiz, tras el pacto de la Junta y el Ayuntamiento, no es exactamente la Ciudad de la Justicia. Si acaso será el Pueblecito de la Justicia. No es lo mismo una ciudad que un pueblecito. Por ejemplo, se supone que las diputaciones se ocupan principalmente de los pueblecitos; sin embargo, en Cádiz, Irene García atiende también a la ciudad y echa cables. Puede que sea porque en el Ayuntamiento muchas veces se comportan como si estuvieran gobernando un pueblecito pequeño.
TANTO en las reuniones de amigos como en las tertulias de cierto nivel se está planteando una cuestión básica. Personajes como Donald Trump, Marine Le Pen, o los ultraderechistas europeos ¿son populistas o fascistas? Personajes como Pablo Iglesias, su maestro Tsipras antes de reciclarse, Beppe Grillo, o los anticapitalistas europeos ¿son populistas o comunistas? En realidad, se trata de un problema de palabras. Ya lo anunció San Juan: “En el principio fue la Palabra”. Pero después llegaron las palabras humanas, y muchas las carga el diablo para confundir. O, como escribió Philip Roth en Operación Shylock: “Las palabras sólo sirven para echarlo todo a perder”. Así que con las palabras hemos colocado a Donald Trump y a Pablo Iglesias en el mismo saco, siendo ellos tan diferentes.
ENTRE las aportaciones de las pantallas LED de Cádiz, no sólo estuvieron los anuncios del segundo puente y el carril bici que todavía no se ha inaugurado. Además de informar de las farmacias de guardia, el tiempo y otros datos, se puso en marcha una campaña denominada Sin poesía no hay ciudad (el lema no era original). No sólo en las pantallas callejeras, sino también en autobuses, mupis y sitios así. Nunca fue agradecido ese gesto poético, ni siquiera por algunos culturetas que se integraron después en el plan C. Sin duda, porque la ocurrencia no había sido de ellos, ni mucho menos de Eva Tubío, que entonces era funcionaria y estaba preparando el camino al señor que viniera después. En fin, que la ocurrencia había sido del equipo de la señora Martínez.