EN Cádiz la gente es muy graciosa. Hasta en las grandes tragedias aparece el sentido del humor negro, sin duda por influencia del Carnaval. Véase lo que está ocurriendo con el coronavirus. Aquí apenas ha llegado. Aquí todo llega tarde, o no llega, en este caso gracias a Dios. Pero están hablando de unas medidas de emergencia, que suenan a guasa. Como el teletrabajo. ¿Se puede teletrabajar en Cádiz? ¿El alcalde Kichi teletrabaja en su pisito viñero, mientras Juancho Ortiz lo acusa de flojo? Sería mejor empezar por trabajar en condiciones normales. Entre el teletrabajo del coronavirus y los robots de astilleros no van a parar hasta que esté todo Cádiz al sol. Así que cuidado, no vayan a abarrotar la playa como el día de los duros antiguos y se contagien allí las criaturitas. Puede ser peor el remedio que la enfermedad.

LA asistencia social en Cádiz ha mejorado, pero es mejorable. La reciente inauguración de un centro municipal para personas sin hogar, dedicado a nuestro ilustre paisano Fermin Salvochea, ha vuelto a poner de actualidad a este colectivo. En el Diario se ha publicado un amplio y documentado informe. Se confirman datos anteriores, porque la concejala de Servicios Sociales, Helena Fernández, ya dio a conocer un estudio elaborado con la inestimable aportación de voluntarios, pertenecientes a las entidades que trabajan con estas personas. Según ese informe, en Cádiz hay 103 transeúntes sin hogar (lo que supone casi uno por cada mil habitantes), de los cuales hay españoles y extranjeros de cuatro nacionalidades (Rumania, Marruecos, Mali y Colombia), y con un 15,5% de mujeres (en 2010, cuando se hizo el primer censo, sólo eran el 4,5%) y una edad media que ha bajado en torno a los 43 años.

PASÓ el tiempo de los jartibles. Se suele decir que la Cuaresma en Cádiz es más corta que en el resto del orbe cristiano. Y, a continuación, echan las culpas al Carnaval, que en la mayoría de las ciudades civilizadas acaba el martes de ídem, y apenas se prolonga, si acaso, a esporádicos festejos el domingo de Piñata. Esa deducción se ha convertido en un tópico que carece de fundamentos. La culpa no es del dios Momo, ni de la bruja Piti, la culpa es de doña Cuaresma, que en Cádiz no se da a valer, y se resigna, y se queda encerrada, o sencillamente se va a Sevilla o a Jerez, que serían tierras mejor abonadas por la buena semilla, como paraísos apartados de las groserías fuera de temporada.

LA pareja formada por la señora doña María Teresa Rodríguez-Rubio Vázquez y el señor don José María González Santos van a ser padres de una niña, que nacerá el próximo mes de septiembre. La pareja ya tiene otra hija, de un año de edad, que recibió el nombre de Aurora. Así se podría comunicar esta grata noticia, a modo de Ecos de Sociedad del siglo XXI, desprovista de algunos matices que antes utilizaban, relativos a los sacramentos. Hay que felicitar a Teresa y Kichi porque están dando un buen ejemplo a todos los gaditanos y a todas las gaditanas. Si todos hicieran lo mismo que ellos, esta ciudad no estaría perdiendo población todos los años. El alcalde, en total, es padre de tres hijos y espera a la cuarta. Es cabeza de familia numerosa y ha cumplido el precepto bíblico de “Creced y multiplicaos”. Por el contrario, en Cádiz hay demasiados sosos y sosas, que se dedican a restar.

AYER comenzó la primavera en Cádiz. Esta es una ciudad que tiene sus tiempos propios. A veces no coinciden con los oficiales. Ya he escrito, y lo dije en el pregón del Rosario, que el otoño en Cádiz empieza cuando la Patrona emprende la subida de la calle Sopranis, para la recogida en Santo Domingo. Hasta ahí se prolonga el verano, que va dando cambayás, para acariciar con su última brisa a la Virgen del Rosario, con permiso de fray Pascual. Y la primavera comienza cuando abren Los Italianos, que es cuando se acaba el invierno en Cádiz. El invierno se queda herido de muerte cuando queman a la bruja Piti, cuando se acaba el Carnaval. Y entonces es cuando empieza la primavera, con el primer topolino, que es como el primer penitente de la Borriquita o del Señor Despojado en el Domingo de Ramos.