POR un puñado de votos (y pocos escaños) se va a decidir el próximo Gobierno andaluz. Eso condiciona todo, hasta la elección de la fecha electoral del 19 de junio, la menos mala para Juanma Moreno. Ha tenido en cuenta las encuestas, incluso la coincidencia el 19 de junio con las elecciones legislativas francesas, donde otra vez se votará entre el centrismo de Macron o el extremismo de Le Pen, con una izquierda decadente y divida. Un escenario similar. En Andalucía, el discurso de las líneas rojas se puede aplicar a la ultraderecha, pero también a la ultraizquierda anti OTAN, que ya no sabe qué hacer para camuflar su plumero putinesco de nostalgia ruso/soviética.

AL fijar la fecha de las elecciones autonómicas, hay que tener en cuenta el calendario de fiestas en Andalucía. Eso ya se sabe, no es novedoso. En otras convocatorias, hubo discusiones previas por tal motivo. Sobre todo, cuando las querían convocar en marzo o abril y estaban por medio las sagradas fechas de la Semana Santa. A ningún presidente andaluz sensato se le ocurriría poner urnas el Domingo de Ramos o el Domingo de Resurrección, por motivos obvios. Me extraña mucho que se hable del domingo 19 de junio como posible fecha electoral. Coincide con la fiesta litúrgica del Corpus Christi. Es un día de procesiones en las ocho provincias andaluzas. Y donde la procesión se mantiene en jueves, como Sevilla y Granada, hay un largo puente festivo.

A los partidos políticos les interesa hacer comparaciones en beneficio propio. Desde el Domingo de Ramos (curioso día para votar) están poniendo a Francia como un ejemplo para Andalucía. En el sentido de que allí se han aliado el centro, la derecha y la izquierda para apoyar a Macron como presidente en la segunda vuelta. O mejor dicho, para que no sea presidenta Marine Le Pen, a la que aquí se pinta como un fiel retrato de Vox. Macarena Olona sería como una Marine Le Pen a la granaína. Pero Andalucía tiene sus peculiaridades, aunque en Madrid y en París sean centralistas y se les note.

EN el antiguo refranero español se decía: “En abril, aguas mil”. Y también: “La primavera la sangre altera”. Yo aprendí esto en el colegio, aunque no en la clase de Filosofía. Los refranes son como una filosofía popular, de andar por casa. Antes se estudiaba Formación del Espíritu Nacional, una asignatura que no sirvió para nada, o justo para lo contrario. Ahora quieren implantar la Formación del Espíritu Progresista, o algo parecido, lo que puede aportar muchos jóvenes a la derecha. Esos planes de estudio originarán ignorancia. Pero hemos llegado a las vacaciones, que siempre han sido lo más esperado de los estudios. Empiezan las Fiestas de Primavera, que tanto han dado que hablar.

EN 1990, Sevilla fue el escenario elegido para consolidar la refundación del PP, bajo el lema Centrados con la libertad. Se celebró un congreso del que salió Aznar como un joven líder que buscaría llegar al poder frente a Felipe González. Era el peor momento posible, con los fastos de 1992 en puertas, cuando España acogía los Juegos Olímpicos en Barcelona, la Exposición Universal en Sevilla y la Capital Cultural Europea en Madrid. Se ha comparado su situación con la de Alberto Núñez Feijóo en 2022. Pero José María Aznar no llegó a la Moncloa hasta 1996, seis años después del congreso de Sevilla. Y no obtuvo mayoría absoluta, sino que debió pactar con los catalanes de CiU, los vascos del PNV y los canarios de CC.