MENOS mal que a Donald Trump no se le concedió el Premio Nobel de la Paz. Aunque María Corina Machado le hizo una entrega solemne del suyo, después de que…
LA derrota del Cádiz ante el Sevilla puede parecer engañosa. Al minuto 90 se había llegado con empate. Fue un duelo competido, en el que el Cádiz tuvo aspectos buenos…
SUELEN decir los cofrades más puristas que no hace falta anunciar la Semana Santa. Pues todo el mundo sabe cuando llega el momento. Y, sin embargo, cada año hay más carteles y más pregones. Tampoco eso es malo. No se sabe por qué, en Sevilla hay personas gruñonas a las…
PUEDE que el 28-F de 2026 haya sido el más emotivo desde el referéndum de 1980. Han pasado 46 años y la autonomía andaluza se ha consolidado. En el accidente ferroviario de Adamuz, y en las inundaciones por las borrascas, se ha confirmado que el pueblo andaluz es diferente a…

EN el fútbol actual hay dos estilos: el de la cigarra y el de la hormiga. El de la cigarra se popularizó con Pelé. Siguió con el Brasil de Zico y Sócrates, que deslumbró en el Mundial de España 82; aunque lo ganó la Italia de Paolo Rossi, que jugaba en plan hormiga. El estilo de las cigarras es brillante y talentoso, pero poco dado al sacrificio, y con fragilidad defensiva. Por eso, España ha perdido la Eurocopa sub 21 frente a las hormigas alemanas. Casos así han ocurrido con frecuencia. Holanda y el Barça de Cruyff jugaban en plan cigarra. Por eso, Guardiola le añadió algunas hormiguitas por detrás, para que Messi se luciera. En lo referido al Cádiz más reciente, con Claudio se jugaba a una cigarrita de quiero y no puedo, hasta que Álvaro Cervera optó por las hormigas. Fin de las fantasías.
HAY que alabar a Podemos por su buen gusto. Organizar en Cádiz su Universidad de Verano, en la primera semana de julio (finde incluido), supone una apuesta decidida por el turismo y la hostelería de nuestra ciudad. Eventos como éste son los que deberían abarrotar nuestro Palacio de Congresos, que ya no aparece tan frecuentado como en otros tiempos espléndidos de gañote vil con las multinacionales. Por el contrario, la universidad podemita ha incluido actos de evidente contenido intelectual, como un recital de la chirigota de Vera Luque, con Los del planeta rojo (les hubiera quedado mejor el planeta morado, ya que el rojo está desteñido), precisamente en la Plaza de la Catedral. Lugar adecuado, porque vendrá Pablo Iglesias. Y ellos son cristianos de base para unas medallas sí y para otros honores no.
DESPUÉS de las enseñanzas prácticas que hemos acumulado durante cinco ediciones, esparcidas a lo largo de 17 años del siglo XXI, en Sevilla se podría cursar un máster en Carreritas. O crear el posgrado de Tumultos de la Madrugada. O elaborar una tesis doctoral sobre Fundamentos de las Carreritas Comparadas. Estas cosas suceden por causas aleatorias. Mayormente, por una peleíta de gamberros. En realidad, ese sería el detonante. El ruido es lo que provoca el espanto. Los sevillanos y las sevillanas oyen un ruido raro, a partir de las cuatro de la Madrugada del Viernes Santo, y se ponen a correr como si estuvieran en la Nocturna del Guadalquivir.
EL caso del alcalde de Puerto Real, Antonio Romero, de Podemos, es curioso e interesante. Él mismo ha reconocido públicamente que no es un político “al uso”, lo que traducido significa que no es un político, sino que debe ser un aficionado a la política, que se ha encontrado ahí por casualidad. Por ello, acaba de cometer un error muy grave, como es reconocer (con dos años de antelación) que no se presentará a las elecciones municipales de 2019. Desde ahora, se ha convertido en un alcalde provisional. Es un gesto sincero, incluso honesto. Se confiesa ante sus vecinos de Puerto Real, y les anticipa que no seguirá. Pero es un error de estrategia, que le hace prisionero de sus palabras. Le restará credibilidad y autoridad en los dos próximos años. Y, si cambia de opinión y decide presentarse, quedará como un mentiroso.
A veces se dice que en Cádiz nos miramos el ombligo. Muy contentos con todo lo nuestro, y con todos los nuestros. Sin embargo, otras veces se afirma, con bastante razón, que es una ciudad desagradecida. O se podría decir que hay una tendencia a negar los méritos de nuestros vecinos, o a regateárselos. Eso nos llevaría a la envidia y a la falta de generosidad. Pero, sobre todo, nos lleva a la injusticia. Los honores y distinciones pueden servir de ejemplo. Le han entregado la Medalla de Oro de Cádiz a la Virgen del Rosario, de mala manera, de tapadillo. Y también se podría preguntar: bueno, ¿y por qué no se la concedieron antes los otros? El PSOE y el PP gobernaron.