YA lo cantaron El Peña y el Masa: “La gente no respeta ni que estamos en Carnaval”. Otra guerra mundial. Esa gente no respeta ni que estamos en la Cuaresma…
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AL llegar el 8 de marzo las calles se tiñen de morado y salen manifestaciones en las ciudades para reivindicar el feminismo y la igualdad. Sin embargo, en estos tiempos, parece que no es lo mismo el feminismo que la igualdad. Entre otras cuestiones porque el feminismo no tiene un…

ESA estampita que mostró una cómica ordinaria en el programa de las campanadas de TVE no era una ocurrencia espontánea. Era un artefacto programado para dar minutos de gloria a su fichaje estrella, y considerar como fachas y ultras a los católicos españoles. Pero no deben confundirse. No estamos como en la guerra civil, cuando los rojos fusilaron a curas y monjas por el simple hecho de serlo. Esta vez les ha salido el tiro por la culata. Pues lo que se ha visto no era el Sagrado Corazón de Jesús, en un montaje con la vaca que ríe, sino que la vaca se ríe porque forma parte del perverso corazón de Pedro, que es así, al revés que el otro: se basa en el odio y no en el amor.
HEMOS entrado en el Año Nuevo, pero en Cádiz siguen como en el año viejo. En Cádiz tenemos unas autoridades que se pasan la vida cambiando los nombres, según el color del cristal con que se miran. Parece que los de izquierda se miran mejor. Pero no cambian las cosas de la gente, no cambian las condiciones de vida de los gaditanos y las gaditanas, no cambian la pobreza por la riqueza, ni buscan inversiones favorables para el empleo. Aquí sólo se cambia lo sencillo. Y lo mismo se quita el nombre de una calle, que el de un estadio, que el de un puente. Por quitar que no quede. Uno me dijo: “mientras no me quiten la cartera, a mi plim, que se distraigan quitando nombres”.
SUELE arrancar el año nuevo cargado de buenos propósitos. Unos son físicos, como ir al gimnasio para adelgazar o controlar más las dietas. Y otros químicos, que tienen más que ver con nuestras reacciones y comportamientos personales. Sin embargo, en Sevilla se suele decir que la rutina del año nuevo no empieza realmente hasta que pasa el día 6 de enero, y se va el último camello de los Reyes Magos, y se apaga la última vela en el altar de quinario de Jesús del Gran Poder y el Señor de Pasión sube al altar mayor del Salvador para que comience su novena. Es decir, que hay seis días en los que el nuevo año está en el calendario, pero aún permanece como en un paréntesis, que forma parte de los ritos.
NUNCA más habrá un fotógrafo como Jesús Martín Cartaya. Ni en Sevilla, ni en el resto del mundo. Mejores o peores los puede haber, pero nadie que sea como él. En un manual de la fotografía se podrían incluir diversos modelos de fotógrafos, Y, sin embargo, Jesús era diferente, quizá porque no era un fotógrafo profesional, ni artístico ni periodístico. Sabido es por todos los sevillanos de su tiempo que trabajaba en Cortefiel y que eso también se le notaba. Era el único fotógrafo que acudía a todo vistiendo chaqueta y corbata. Circunstancia no desdeñable, ni secundaria. Ya que, como él mismo decía, en aquel tiempo hacer las fotos así vestido era un plus y se le abrían puertas cerradas para otros.
FALTAN dos días para que termine 2024, que ha sido el año de Puigdemont. Nunca con tan pocos escaños se ha mandado tanto en España. Nunca con tan pocos escaños se han cachondeado tanto de las instituciones del Estado. Dice el presidente Sánchez que ellos tienen el BOE y los del PP los bulos. Pero el BOE no lo tiene el Gobierno del PSOE y Sumar, sino que en la redacción del BOE el jefe es Puigdemont con su grupo de Junts, y ahí se publica sólo lo que autoriza este señor. Fue amnistiado, pero no disfruta de la amnistía. Recibió promesas, pero no se ha cumplido ninguna. Así que está como un gato escaldado y con las garras preparadas.