HAN llegado, o van a llegar. Glorificadas por unos y maldecidas por otros. Las motos que acuden para el Gran Premio de España de Moto GP 2026, que se celebrará…
LA derrota del Cádiz ante el Sevilla puede parecer engañosa. Al minuto 90 se había llegado con empate. Fue un duelo competido, en el que el Cádiz tuvo aspectos buenos…
HA favorecido el calendario, por esas curiosidades que regala con los ciclos lunares, que este año el Día del Libro coincida con el jueves de Feria. A ningún librero se le ha ocurrido montar casetas con libros en el Real de Los Remedios, para que el público los compre y…
EN el PP tienen una rara habilidad para perjudicar a su partido en Andalucía. Ya les pasó en 2012, cuando Javier Arenas acariciaba la mayoría absoluta en las encuestas, y aprobaron una reforma laboral que permitió que siguiera el PSOE apoyado por IU. Y ahora, cuando las encuestas auguran que…

HAY un nuevo orden internacional. O quizá sea un desorden. Todavía no se sabe lo que es. Tampoco se sabe quiénes son los amigos, que ahora están cambiando de un día para otro. Sin embargo, está clarísimo que la Unión Europea se está quedando fuera de ese juego, no sólo con Ucrania. Y que España se puede quedar incluso aislada dentro de la UE. Esto sería como el episodio del conde Lucanor, con el rico arruinado que sólo comía altramuces y el mendigo que se comía las cáscaras que tiraba. España se va a comer las cáscaras, o puede que ni eso. Se ha colocado en el sitio equivocado.
A finales de enero, los representantes de la Junta de Andalucía, la Diputación Provincial, el Ayuntamiento de Cádiz y la UCA anunciaron un plan para salvar el edificio de Valcárcel, con una inversión “mínima” de 20 millones de euros que pagarán entre todos. Supuestamente las obras empezarán antes de que acabe 2025. El edificio, en el futuro, tendrá “un uso universitario”. ¿Y cuál es ese uso? No se sabe. Porque el rector, Casimiro Mantell, ya dejó claro que Ciencias de la Educación no se moverá de Puerto Real. Por consiguiente, se van a gastar 20 millones en salvar el edificio, lo que está muy bien. Aunque para algo que no se sabe lo que es. Se ha hablado del grado de Farmacia. Y de otros estudios universitarios sin concretar. Y eso nos lleva a una cuestión de fondo.
SUMAR para después restar. Es lo que ha decidido el Gobierno con la subida del salario mínimo. Yolanda Díaz estaba muy contenta, porque lo habían subido a 1.184 euros en 14 pagas. Y suponía que esa medida (beneficiosa para muchos jóvenes y personas en situación precaria, por no decir lamentable) ayudaría a que Sumar levante el vuelo en las encuestas. Y, de repente, María Jesús. La vicepresidenta socialista y titular de Hacienda dejó claro que los beneficiarios tributarán al Fisco por esa subida y no seguirán exentos como hasta ahora. Ayer intentaron rebajar la polémica. María Jesús Montero envió parte facultativo y se borró del debate del Congreso.
TRANQUILOS, que este no es un artículo negacionista, como aquella chirigota a la que le pidieron el telonazo. Algunas personas niegan el calentamiento global basándose en datos parciales. Y otras personas lo justifican con datos discutibles. Es evidente que las temperaturas han subido en los últimos años. Sin embargo, no todos los años son más calurosos que el anterior. Es más caluroso el promedio de las décadas. Sin olvidar que hay ciclos de lluvias y de sequías. Pero no trato de enrollarme con la meteorología global, sino de recordar que puede afectar a las playas de Cádiz. Para bien, porque la temporada de playas, en teoría, podría durar 12 meses. Y para mal, porque si sube el nivel del mar, se tragará las playas, y habrá que regenerar la arena con más frecuencia.
SEVILLA, ciudad apegada a las costumbres y las tradiciones, mantiene una perpetua polémica acerca de lo extraordinario. Se suele centrar en las procesiones conmemorativas, que salen en fechas ajenas al calendario festivo que las justifica, pero encubre un sentimiento más amplio. Para empezar, hay que definir lo extraordinario. Lo más perogrullesco es calificarlo como aquello que trasciende lo ordinario; es decir, que no se ajusta a lo habitual. Sevilla vive anclada al calendario: la Cuaresma, que aquí parece empezar el 7 de enero y confirmarse el Miércoles de Ceniza; la Semana Santa, de fechas móviles, pero en marzo o abril; la Feria, de fechas móviles, pero en abril o mayo; el Corpus, de fechas móviles, pero en mayo o junio; el verano, que según pasa la Velá de Santa Ana abre el éxodo a las playas; el otoño, que es como una transición (para muchos la estación más bonita del año en la ciudad) y diciembre, que marca el camino del Adviento, con los gozos de la Inmaculada, hacia la Navidad. Y vuelta a empezar.