PRONTO se conocerán las consecuencias de convocar elecciones el 23 de julio. Se ha batido el récord de votos por correo, con más de 2,6 millones de electores postales. En algunos municipios las han pasado canutas para formar las mesas, ante la avalancha de peticiones de renuncia. Pero hay más: en el sector hotelero de la costa se detecta preocupación, ya que las reservas han disminuido en julio y se vinieron abajo tras el anuncio de la convocatoria electoral. Con eso no se quiere decir que la culpa sea sólo de Sánchez, por la fecha de las elecciones, sino que el frenazo al turismo de julio, que ya se estaba gestando, se ha incrementado.
EL barómetro del cambio no se mide en el PP, sino en el PSOE. Quizá se le ha dado más importancia de la que realmente tiene al debate del cara a cara entre Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo. Es evidente que el líder del PP ha salido reforzado. El 70% ya lo ve como futuro presidente, según algunas encuestas. Feijóo llegará con el viento a favor, y eso suele ser el preámbulo de la victoria. Es lo que le sucedió a Juanma Moreno. Hay un porcentaje de votantes, nada desdeñable, que apuesta al caballo ganador. Pero ha surgido otro indicio significativo. En el PSOE ya hay militantes con la espada preparada para el corte de cabezas políticas. Porque habrá vendettas, si Sánchez pierde y el PSOE sale de la Moncloa.
LA clave de las elecciones generales del 23 de julio estará en los pactos del PP con Vox. Es decir, la influencia de las negociaciones surrealistas en varias regiones a la hora de determinar el voto de los indecisos. No se sabe lo que va a ocurrir. Se le ha dado mucha importancia a lo sucedido en Extremadura, pero la verdadera prueba de fuego se dilucidará mañana en Murcia. Ahí es donde se disputa el pulso entre el PP y Vox. Y donde el PSOE puede recuperar las ilusiones de una victoria, o resignarse a un improbable milagro de última hora con las cuentas de Frankenstein. Vox jugó el viernes con fuego en Murcia, y mañana puede quemarse.
A veces las tragedias y los atentados terroristas adquieren más visibilidad cuando afectan a alguien conocido. Es lo que ha sucedido en la guerra de Ucrania, en el ataque ruso con un misil a una pizzería de Kramatorsk, abarrotada de personas. Entre ellas, había periodistas internacionales y estaba el escritor colombiano Héctor Abad Faciolince. En el atentado terrorista (era un ataque ruso intencionado y guiado por un espía ucraniano que fue detenido) murieron al menos 12 personas, entre ellos tres menores, y hubo decenas de heridos. Es posible que este trágico episodio hubiera quedado pronto en el olvido, si no hubiera estado por medio Héctor Abad Faciolince.
LAS matemáticas de Estado, a las que se refirieron Feijóo y Bendodo, son como son: el PP puede perder las próximas elecciones en España por culpa de sus pactos con Vox. Y el gran problema de esos pactos no se limita al reparto de sillones, a que Vox consiguió en Valencia 13 escaños y en Extremadura sólo 5 y no debería exigir lo mismo, sino que va más allá. Esos pactos han dado esperanzas al sanchismo, cuando ya iba de camino a los funerales. Hay dos millones de votos indecisos en el espacio central del electorado, a repartir entre PP y PSOE. Pero es muy difícil ganar dos millones de votos al PSOE cuando el socio niega la violencia contra las mujeres y provoca. Por eso, el problema no es sólo cuantitativo, es también cualitativo por lo ideológico.