EL Pabellón Real, sito en la plaza de América, ha sido restaurado por el Ayuntamiento. Para que se note, Juan Espadas acudió de visita el lunes pasado. Han dejado con buen aspecto este edificio de Aníbal González, en una restauración low cost, en la que han invertido poco más de un millón de euros. Costeado a cargo de los ingresos del Alcázar, esa gallina de los huevos de oro que tiene Antonio Muñoz para lo que haga falta del patrimonio, llegado el caso. Un buen trabajo, dirigido por la arquitecta Cristina Sánchez Mendoza. Sin embargo, ahora llegan las inquietudes con respecto al futuro: no saben qué van a instalar allí.

Primero lo han arreglado, y después ya veremos. Tendrá un uso cultural, por supuesto. En Sevilla todo lo que no tenga un uso cultural es porque se va a convertir en hotel, en apartamento turístico o en bar. El Pabellón Real no seguirá como oficina municipal de empleo. En eso les doy la razón, porque sería un desperdicio. 

EL caso del ex mayordomo del Valle se intentó llevar con discreción, hasta que no fue posible. Tuvo una repercusión evidente en la vida interna de una hermandad histórica y señera. Por eso, se debe situar en su contexto, sin extrapolaciones injustas y alejadas de la realidad. Según el auto de la juez Pilar Ordóñez, se le acusa por delitos de apropiación indebida y falsedad documental, en un desfalco por importe de 219.000 euros, entre los ejercicios de 2011 a 2015. A la espera de la resolución que tenga este caso, con todas las presunciones por medio, se puede interpretar como un ejemplo de corrupción. Si eso hubiera ocurrido en un partido, se diría que el ex mayordomo era un corrupto. El montante es muy inferior al del caso Bárcenas, claro, pero es una cantidad altamente significativa para una hermandad.

COMIENZA la Bienal de Flamenco, con sus 62 espectáculos, que este año tiene un loable propósito: integrar más a la ciudad en la celebración. El flamenco, de por sí, es uno de los principales atractivos que tiene Sevilla. Y se debe añadir que fomenta el turismo de lujo más que el de chanclas. Pero llega más lejos. Mientras Antonio Muñoz y el alcalde Espadas intentan atraer turismo asiático, pasando videos por la plaza de Tiananmen si fuera necesario, el flamenco ya ha conseguido que aficionados de Japón, de China y hasta de Corea del Sur se queden a vivir, y se sevillanicen a su modo para aprender los secretos del baile, de la guitarra y hasta del cante.

AHORA están en el tira y afloja, en los amagos de rechazo y en el cortejo. El acuerdo para el presupuesto municipal de 2019 y las ordenanzas fiscales es la última jugada táctica de Juan Espadas. Una jugada bien pensada, que para culminarla con éxito necesita que le beneficie a él, pero también a otros. Y en eso está. ¿Otros? ¿Qué otros? Pues sobre todo al PP y a Ciudadanos. Si Espadas consigue un acuerdo con los partidos del centro derecha reforzará esa imagen de moderación y centralidad que ha sabido cultivar. ¿Y qué pasaría con la izquierda de Unidos y Podemos? El propio alcalde lo ha insinuado: “¿Quién va a estar en contra de una reducción de impuestos?”. Pues ya ves.

LAS cuentas del Alcázar de Sevilla parece que son como las del Gran Capitán, por lo que merece la pena aclararlas sin sombras de dudas. Para el Ayuntamiento, el Alcázar se ha convertido en la gallina de los huevos de oro. Con la subida del precio de las entradas, según el nuevo convenio pactado entre el Alcázar y el Instituto de la Cultura y las Artes de Sevilla (ICAS), este organismo municipal percibirá hasta tres millones de euros al año. ¿A qué los destinará? Ahí está la gracia. Se habla de “actividades culturales”, sin definir. Según el convenio firmado en 2014 (con Zoido de alcalde), obtenían un millón de euros anuales, que sólo podían invertir en el Antiquarium de la Encarnación, el Castillo de San Jorge y el Museo de la Cerámica de Triana. La oposición del PP y de Ciudadanos ha acusado al delegado de Cultura, Antonio Muñoz, de desviar fondos, aunque él lo niega.