EN todas las crisis hay ganadores y perdedores. Es posible que después del coronavirus haya perdedores y fulminados. Por eso, es importante que Sevilla se lo tome muy en serio. Por sus características económicas y sociales tiene demasiados puntos débiles. Es bonito el optimismo de cara a la galería del arte, pero debemos ser realistas y asumir que lo peor está por venir. Ayer iba a ocurrir un milagro en Castilla y León: un pacto de reconstrucción, con 85 medidas firmadas por todos los partidos, a instancias del presidente, Alfonso Fernández Mañueco, del PP, que cogobierna con Ciudadanos. Al final, se arrepintieron dos diputados: el de Vox y el de Unión del Pueblo Leonés, pero lo firmaron los portavoces de PP, PSOE, Ciudadanos y Podemos.

EL mercado funciona así, a su manera. Todavía quedan algunos restos del capitalismo, que ha sobrevivido a la pandemia, y que no depende de grandes multinacionales. No son personas como Ana Patricia Botín o Pablo Isla, que le dicen al Gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias lo que deben hacer, o como Antonio Garamendi, el presidente vasco de la CEOE. Los presidentes de los organismos empresariales y de las altas finanzas suelen ser vascos o catalanes, del sector no independentista, lo que les aporta un carisma heroico. Pero no me voy a referir a las altas finanzas, sino a las bajas, a eso que denominan la economía sumergida, que tan importante resulta en Sevilla, ciudad con tendencia al submarinismo económico. Según las estadísticas piratas, supone más del 30% del PIB local. Las nuevas guarderías son otro ejemplo.

LA Santa Sede hizo público ayer el nombramiento de Santiago Gómez Sierra como obispo de Huelva. Desde 2011 era el obispo auxiliar de Sevilla. Este cambio tiene repercusión para el Arzobispado. La rumorología apuntaba el nombramiento de un coadjutor, con derecho de sucesión del arzobispo, Juan José Asenjo, que presentará su renuncia por edad en octubre. Sin embargo, el mismo arzobispo explicó ayer que no solicitará otro auxiliar, para no condicionar, y que no vendrá un coadjutor para pocos meses. Los pronósticos para la sucesión siguen apuntando al actual obispo de Bilbao, Mario Iceta. Ese favoritismo no aporta seguridades. En la Iglesia, las sucesiones dependen de factores varios.

EN Sevilla hay que tener mucho cuidado con las estatuas y monumentos. Es una ciudad que ya ha sufrido daños y destrozos, como se ha comprobado en la plaza de San Francisco, a la vera misma del Ayuntamiento, con la cruz de la Inquisición. George Floyd no era sevillano, pero tampoco era londinense, y allí han intentado cargarse un monumento de Winston Churchill, que además de ser uno de los grandes estadistas que combatió al nazismo en la II Guerra Mundial, ganó el premio Nobel de Literatura (sí, en 1953, fue una decisión controvertida) y se lo dieron “por su oratoria en defensa de los valores humanos”. Pero más peligroso es que ahora van contra los monumentos de Cristóbal Colón, cuyos restos se encuentran en la Catedral de Sevilla, que abrirá a las visitas turísticas el 1 de julio. A ver si le van a querer cambiar la tumba de sitio por la memoria histórica de América.

NO pueden exigir sacrificios al pueblo soberano si los políticos y los futbolistas hacen lo que les da la gana. El partido de rivalidad entre el Sevilla y el Betis dejó algunas escenas inquietantes. No tanto por lo que pasó, sino porque se comportaron sin rubor a las primeras de cambio. Irene Lozano, la presidenta del Consejo Superior de Deportes, está resistiendo, de momento, las presiones de Javier Tebas y las aficiones para que el público vuelva a los estadios. El doctor Simón, siguiendo su costumbre, ya dijo que ni sí ni no. A falta de público, los futbolistas, en algunos detalles, no se comportaron como lo que habíamos visto en la Bundesliga. También es verdad que esa competición se disputa en Alemania.