ENTRE las campañas de las últimas elecciones municipales en Sevilla, la que ha tenido más mérito es la de Beltrán Pérez. Ya sé que el alcalde Espadas ha conseguido 13 concejales para el PSOE, frente a los 8 con los que se ha quedado el PP. Ya sé que los populares fueron los más votados en 2015, cuando el candidato fue Juan Ignacio Zoido, y que obtuvieron 12 concejales frente a los 11 de Espadas, que llegó a la Alcaldía aupado por los podemitas de Participa y por IU. Pero  recuerden de dónde venía el PP. En 2015 llegaba de gobernar con la mayoría absolutísima de los 20 concejales. Por el contrario, ahora llegaba de un desastre, de un partido al que habían destrozado en Sevilla, entre unos y otros.

EL triunfo electoral de Juan Espadas tiene más valor que el puramente sevillano. Se convierte en uno de los principales activos para el PSOE. Será el único alcalde socialista en las cuatro primeras ciudades españolas. También se convierte en el principal político socialista de Andalucía. Susana Díaz se ha llevado otro disgusto en estas elecciones, sin presentarse, pero es la secretaria general del PSOE-A todavía. Y podría ocurrirle lo mismo de la Junta, con un pacto a la andaluza que daría al PP las alcaldías de Málaga, Almería, Córdoba, Granada y Jaén. En Cádiz se quedará el anticapitalista Kichi, después de otro fracaso del PSOE. Los socialistas sólo gobernarían los ayuntamientos de Sevilla y Huelva.

LOS resultados de las elecciones municipales en Sevilla han confirmado lo esperado: Juan Espadas seguirá como alcalde, pero sin mayoría absoluta. El triunfo ha sido claro. Se podría decir que un éxito transversal, que le ha permitido sumar votos del socialismo, de la izquierda moderada, de una parte del centro y hasta de votantes de derecha a los que aporta confianza. A la hora de pactar, podría apoyarse en Adelante Sevilla, que ha ido a la baja, pero también en Ciudadanos, que tiene la llave de la gobernabilidad con sus cuatro concejales.

HOY se disputa la final de la Copa del Rey en Sevilla. Es un evento más, de los muchos que ha conseguido la ciudad en los últimos tiempos. La final de la Copa del Rey sería como la gala de los premios Goya del fútbol español, ya que la Liga se disputa en 38 jornadas. El estadio Benito Villamarín se vestirá de gala, para el partido entre el Barcelona y el Valencia. En los últimos años, la final de Copa la juegan el Barça de Messi y otro equipo. Esta circunstancia es aprovechada por el sector más indepe de su afición para pitar al Rey, que preside el partido, y también al himno. Lamentablemente, ya forma parte de los ritos. Es un escándalo, que se olvidará a partir del lunes.

LOS observadores y las observadoras decían que Juan Espadas estaba ocultando a Pedro Sánchez y al PSOE en su campaña. Pero al presidente del Gobierno se le ocurrió organizar un viaje relámpago a Sevilla. Se leía en ciertos periódicos que Pedrito de la Moncloa llenaba las plazas de toros en esta campaña. La de Mérida, en realidad. Pinchazo, con aviso, y silencio en el Pabellón de la Navegación. Apenas acudieron 800 personas al acto, en el que Pedro Sánchez respaldaba a Juan Espadas. Lejanos quedan aquellos tiempos, cuando José Luis Rodríguez Zapatero abarrotaba el velódromo de Dos Hermanas con 20.000 criaturitas (eso decían), gracias al interés puesto por Francisco Toscano, el alcalde eterno, el que se orienta siempre.

 

Para Juan Espadas, paradójicamente, Pedro Sánchez es una incomodidad. Todos los días dice Susana Serrano, la de Podemos, que Espadas es “el voto útil de la derecha”; aunque ya veremos si ella le regala el supuesto voto de la izquierda. Puestos a elegir entre susto o muerte, Espadas no asusta, pero teme a la muerte súbita de las malas compañías. Ese Pedro Sánchez que vino a apoyarlo es el mismo que está negociando para incluir ministros de Podemos en el Gobierno. Con el mismo argumento, Susana Serrano le podría pedir concejales podemitas en el equipo de gobierno local, si le hacen falta sus votos.

Por si acaso, a Juan Espadas le interesa que lo vean en estas elecciones como si fuera independiente. En eso coincide con otros candidatos. Beltrán Pérez, para dar la sorpresa, necesita el voto de los hijos pródigos del PP, y él está haciendo una campaña centrado en lo suyo, y hasta ha fichado a un rubalcabista. No enseña a Pablo Casado ni en pinturas. Igualmente, Susana Serrano va a lo suyo, que es Adelante Sevilla, y nada de utilizar las siglas de Unidas Podemos, o lo que sea. Se tragó la visita de Pablo Iglesias a regañadientes, como un gol que le marcaron por no fastidiar a Kichi en Cádiz; pero si te he visto, Pablo, no me acuerdo. Quizá sea Álvaro Pimentel, en su presentación como político, el único que tira más de la marca, de Ciudadanos, aunque él mismo se ve como la llave, en vez de ser la alternativa que quería Albert Rivera para los suyos. En cuanto a Vox, se les nota muy despistados en estas elecciones. Vox es Vox, y ya está.

Parece que en estas municipales hay que mantener a los partidos en la Sevilla oculta. Los candidatos juegan a ser independientes. Llega un momento en que se lo creen, que es lo peor. Y pasa lo que ha pasado con el acto de Pedro Sánchez y Juan Espadas. Más pena que gloria.

José Joaquín León