HOY vivirá Sevilla otro día histórico. Y no porque tome posesión el nuevo Ayuntamiento, para los próximos cuatro años, con el alcalde Juan Espadas, que será reelegido. Es porque se casan Sergio Ramos y Pilar Rubio en la Catedral. Otro gran sábado, después de que viniera el rey Felipe VI dos semanas consecutivas para la final de Copa y el desfile de las Fuerzas Armadas. En esta ocasión no vendrá el Rey, pero el evento es la boda del siglo XXI. Este Sergio Ramos es el mismo que pedía perdón en el estadio Sánchez Pizjuán cuando le marcaba un gol al Sevilla, mientras era fuertemente abucheado. “No le perdonan”, decían los cronistas deportivos en las radios y las televisiones. Pues ya ven. Cortarán el tráfico y cerrarán la Catedral. El fútbol multimillonario es la nueva aristocracia.
A partir de mañana, cuando sea reelegido alcalde, Juan Espadas dispondrá de cuatro años para llevar adelante su programa de gobierno. Con 13 concejales, el PSOE no tiene mayoría absoluta, pero es como si la hubiera alcanzado, porque la fragmentación le beneficia para los acuerdos. Tiene la ventaja de sumar mayorías con Ciudadanos o con Adelante Sevilla, a los que podrá recurrir según las circunstancias. No está claro si la fragmentación aumentará, ya que podría darse el caso de que Adelante no termine los cuatro años como un solo grupo, según sea la evolución de Unidas y Podemos. Pero eso es un futurible, sin sentido ahora. Espadas lo tiene bastante claro si sabe pactar. Sus grandes retos van a ser las infraestructuras pendientes, el turismo sostenible y los barrios pobres.
EN el Ayuntamiento de Sevilla deberían aprender de un político procedente de Málaga, Elías Bendodo, que se ha revelado como un magnífico especialista en Pactos y Componendas. Esa asignatura la tenía suspendida la Junta de Andalucía, que en todo el mandato de Susana Díaz fue incapaz de alcanzar acuerdos para renovar la Radio Televisión de Andalucía, y tenía prorrogados al Defensor del Pueblo y otros cargos varios. Después de la prórroga, esperaban los penaltis. Hasta que apareció Elías Bendodo, como consejero de Presidencia, y ha conseguido la cuadratura del círculo: primero pactar con Ciudadanos, después con el PSOE, y por último encajar a Vox y Adelante Andalucía. Es decir, que ha montado en el carro de los pactos a todo el arco parlamentario andaluz, desde los fachas a los comunistas podemitas. Eso sí que es marcarle un gol al arco iris, como suelen decir en los carruseles deportivos.
UNO de los aspectos más curiosos de las elecciones municipales en la provincia ha sido la supervivencia del andalucismo. El extinguido PA mantenía cinco alcaldías: Coria del Río, Tocina-Los Rosales, Pruna, La Campana y Alanís. En las elecciones del 26-M han sido reelegidos con mayoría absoluta en Coria, Tocina, Pruna y La Campana, y fue la lista más votada en Alanís. Es significativo, porque en la provincia Ciudadanos sólo ha conseguido una Alcaldía con mayoría absoluta, la de Almadén de la Plata; mientras que Vox no obtuvo ninguna. El andalucismo, a pesar de su decadencia, mantiene cierta implantación.
LAS elecciones municipales son como un análisis de sangre de las ciudades. Una vez que tienes los resultados, el doctor o la doctora pueden hacer un diagnóstico. En el caso de Sevilla nos ha salido que se encuentra bastante bien para su edad, y para los achaques que le atribuyen, y no padece tantos excesos y defectos como suponían algunos sevillanos que son quejicas. A Sevilla le ha salido en los análisis que está bastante equilibrada. Será por su carácter y porque se cuida. Aquí el colesterol de los partidos sigue en los límites convencionales. En el siglo XXI sólo hemos tenido alcaldes del PSOE y del PP (mayormente del PSOE), y se cambió con naturalidad. Sevilla no es como Madrid o Barcelona y está vacunada contra el sarampión de los populismos.