LAS protestas deben ser justas y necesarias. Además deben tener una motivación coherente. Los taxistas han perdido la unidad y en algunos casos las maneras. Ayer se vio, una vez más, con el conflicto de tráfico que montó la asociación Elite, a la que al parecer se sumaron unos 800 taxistas, entre ellos algunos procedentes de otras ciudades andaluzas. Una protesta que perjudicó el tráfico en la Ronda Histórica y la Cartuja no puede durar cuatro horas. Origina el fin contrario al deseado. Nadie lo entiende. Parece desproporcionado y provoca antipatías. No es la mejor forma de buscar apoyos en este conflicto.

A  pesar de los agoreros que le pondrán pegas, los cofrades de la Madrugada están bastante satisfechos con lo ocurrido este año. Era una prueba de fuego, con elecciones generales a poco más de una semana, y con un ambiente enrarecido por los precedentes y las medidas de seguridad. Se añadieron dos imprevistos: la detención del yihadista presuntamente embrionario y la granizada de la tarde del Jueves Santo. A pesar de todo, a las calles sevillanas salieron unas 25.000 personas más que en la Madrugada del año anterior, según los conteos de Juan Carlos Cabrera, que tenía vídeovigilancia repartida por los lugares estratégicos. Y lo mejor es que no hubo ningún incidente lamentable.

EN la pasada Semana Santa se han  quedado sin salir 13 cofradías y a otras seis (del Miércoles Santo) les llovió durante sus estaciones de penitencia. La Semana Santa actual está condicionada por los avances meteorológicos. La precisión ha mejorado notablemente en el siglo XXI. No me refiero a la comparación con hace medio siglo, cuando los cofrades se asomaban a la puerta de la iglesia y salían si aparecía el sol, o lo suspendían si llovía. En años no tan lejanos, se dio el caso de quedarse sin salir el Señor del Gran Poder porque existía un riesgo de lluvia del 10%. No cayó aquella madrugada ni una gota. Algunos hermanos mayores empezaron a cuestionar esos pronósticos, que les podían costar una candidatura alternativa o perder unas elecciones.

A pesar de su fama de lluvioso, el Viernes Santo sevillano es el día más grande que existe en la Semana Santa mundial. Los años que no llueve, cuando no se tuerce, podríamos ver en las calles 24 horas de cofradías casi sin interrupciones. El Viernes Santo sevillano es una locura, una exageración. Oficialmente, está dividido entre el Viernes Santo Madrugada y el Viernes Santo Tarde. Se vive como dos jornadas, como si la madrugada fuera de otro día, quizá del Jueves Santo, porque todavía no se han acostado a dormir. También tiene su mañana y su amanecer, cuando se levantan los que van a ver al Gran Poder, que si madrugan un poquito más podrían acudir también a la entrada del Silencio.

AL difundir noticias relacionadas con la Semana Santa de Sevilla se debe tener mucho cuidado. Es una fiesta marcada por la sensibilidad. Crear alarmismo ya se ha visto que se convierte en un factor de riesgo. La detención del yihadista en Marruecos, que se dio a conocer ayer, en vísperas de otra Madrugada, no llegó en el momento más oportuno. En la vigilancia policial se sabe que la discreción es importante. Los silencios de la Policía son como los silencios de Sevilla. A veces no hacen falta las palabras, cuando sólo sirven para meter la pata. Por otra parte, no es lo mismo que exista miedo a las tropelías de cuatro niñatos gamberros que situar la Semana Santa en el objetivo del yihadismo, como han hecho fuentes del Ministerio del Interior. Grande-Marlaska se ha lucido.