PARECE raro que un político del PSOE ofrezca a otro del PP un acuerdo para evitar que pacten con Vox. En ese sentido, va la moción que el portavoz municipal…
LA derrota del Cádiz ante el Sevilla puede parecer engañosa. Al minuto 90 se había llegado con empate. Fue un duelo competido, en el que el Cádiz tuvo aspectos buenos…
SOMOS más papistas que el Papa. En Sevilla, una gran parte del mundo cofrade es de bandera pontificia, y gusta que venga el Sumo Pontífice, como pasó con Juan Pablo II en dos ocasiones, y que la Archidiócesis tenga un cardenal, como Madrid y Barcelona, sin ir más lejos. Por…
NADIE se debe fiar de Donald Trump. Ni sus amigos, ni sus enemigos. A todos los ha dejado con las vergüenzas al aire en Venezuela. Ha quedado clarísimo que no le importan los ideales, ni la política. Ni siquiera la economía, sólo los negocios. Y para negociar lo mismo le…

UN ejemplo de que el turismo no funciona mejor en Cádiz por culpa de las autoridades es el Campo de las Balas. A día de hoy, sigue convertido en un aparcamiento de superficie, un uso chirriante para uno de los paisajes más singulares de la ciudad. Su historia es un ejemplo de la falta de proyectos en Cádiz, y de cómo el actual Ayuntamiento se ha encargado de malograr gestiones que eran de sentido común. Van improvisando, sin saber qué hacer. En el Campo de las Balas lo único que tiene sentido es un hotel, como estaba previsto. Aunque el Parador Atlántico renunció a la ampliación de sus instalaciones, quedaba la opción de encontrar otra alternativa que no ha cuajado.
A la gran mayoría de los sevillanos no les importa que haya huelgas en el Metro, porque no lo utilizan a diario. Esto se nota en los paros que están llevando a cabo los trabajadores. La empresa no les hace caso y el público no se molesta lo suficiente. De modo que es una huelga estéril, con más ruido que consecuencias. Decir que el Metro de Sevilla está en huelga parece de humor negro. Porque sólo existe la línea 1, y los usuarios están resignados a que apenas lo pueden utilizar para unos trayectos demasiado limitados. Si vas a viajar desde Nervión a Mairena del Aljarafe es estupendo. Pero si te vas a desplazar desde Pino Montano a Los Bermejales hay que utilizar la línea 3… del autobús de Tussam.
SE suele decir que las ratas huyen cuando un barco se hunde. Esto pasa especialmente en los barcos con ratas, que son los más cutres. En los barcos pijos, el capitán es el último que lo abandona. Y eso quiere decir que los demás también se van antes, a la voz de “sálvese quien pueda”. Es lo que le está ocurriendo a Susana Díaz. Está clarísimo que Pedro Sánchez juega a Salomé y ha pedido su cabeza en bandeja de plata. Por devolverle la jugada, de cuando ella pidió la cabeza de Pedro, y acudió Verónica Pérez a Ferraz, no para bailar la danza de los siete velos, pero sí para dejar las cosas claras. Es otra tortilla a la que le han dado la vuelta.
EL español ya no es lo que era. Hay que ver lo que se ha formado porque la película Roma, de Alfonso Cuarón, ganadora del León de Oro en Venecia y de dos Globos de Oro, ha sido subtitulada al español. Hay diálogos en mixteco, que no los entendían nada más que los indígenas supervivientes de la masacre colonial de Hernán Cortés (ese conquistador, que se llamaba igual que el pintor gaditano); pero es que en Netflix y en algún cine de Madrid, capital de las Españas, habían traducido todo, incluso “el español de México”. Y, claro, han puesto el grito en el cielo, con razón. Porque estos mexicanos antes eran unos hijos de la Madre Patria en su versión de manitos, pero ahora son unos migrantes y puede que los expulsen, y para colmo no se les entiende en su jerga.
EN estos días fríos de enero, cuando las calles están regulín para las rebajas y los descensos térmicos vespertinos nos convierten en fugitivos de la ciudad, tiemblan los cajones de la Junta de Andalucía. Se han quedado vacíos, como el Metro un jueves de huelga. Con cuánta razón lo escribió Bécquer, que nació en el barrio de San Lorenzo: “¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos!”. Pues más solo se queda el cajón de un viceconsejero o de un director general. No hay mal que más de 40 años dure, ni cajones que lo resistan. Lo mismo que se cuenta ahora, se decía del régimen de Franco, que duró 40 años, aunque algunos los confunden con 40 siglos para vivir de la memoria. Por eso digo que en estos días la gente se distrae, a ver qué pasa.