MENOS mal que a Donald Trump no se le concedió el Premio Nobel de la Paz. Aunque María Corina Machado le hizo una entrega solemne del suyo, después de que…
LA derrota del Cádiz ante el Sevilla puede parecer engañosa. Al minuto 90 se había llegado con empate. Fue un duelo competido, en el que el Cádiz tuvo aspectos buenos…
SUELEN decir los cofrades más puristas que no hace falta anunciar la Semana Santa. Pues todo el mundo sabe cuando llega el momento. Y, sin embargo, cada año hay más carteles y más pregones. Tampoco eso es malo. No se sabe por qué, en Sevilla hay personas gruñonas a las…
PUEDE que el 28-F de 2026 haya sido el más emotivo desde el referéndum de 1980. Han pasado 46 años y la autonomía andaluza se ha consolidado. En el accidente ferroviario de Adamuz, y en las inundaciones por las borrascas, se ha confirmado que el pueblo andaluz es diferente a…

SE están perdiendo todas las buenas costumbres, hasta las inocentadas. Antes (y no me refiero a los tiempos de Franco, sino a los de Suárez, Felipe y Aznar) los periódicos del día 28 de diciembre había que mirarlos con lupa y con cautela. Para descubrir la inocentada. Después cayeron en desuso, dicen que por rigor informativo. Ahora, en los tiempos de la nueva política, ya no se publican. ¿Saben por qué? Porque las pueden leer todos los días. A las pruebas me remito. He elegido un surtido de las publicadas en 2016.
EN la posNavidad todos los años se habla del discurso del Rey. Aunque sea para advertir que lo han visto menos españoles que nunca. Tampoco son tan pocos, pues en Andalucía tuvo una cuota de pantalla del 68,1%. Y en toda España lo vieron 5.822.000, que es el promedio de un partido de octavos de la Champions League con el Madrid o el Barça. Si no ha batido el récord de la final del Mundial de Sudáfrica 2010, cuando España se proclamó campeona, se debe a que la gente se ha acostumbrado a la salsa rosa en televisión. Y también a que el Rey anterior, Don Juan Carlos, soltaba algo curioso de vez en cuando. A Don Felipe le escriben unos discursos muy políticamente correctos. Si dijera “Mariano es un carota, Pedro era un gafe, Pablo es un chufla y Albert es un pusilánime”, seguro que subiría la audiencia. Y se debatiría sobre esos conceptos, sobre todo pusilánime, que mucha buena gente no sabe lo que significa.
A estas alturas de la temporada, en el parón de Navidad, el Cádiz está mejor de lo esperado. Clasificado en cuarto lugar, en posición de eliminatoria de ascenso a Primera. Se sigue diciendo, con buen criterio, que el objetivo es la permanencia. El Cádiz ya tiene 30 puntos, por lo que con 21 ó 22 más (a falta de 23 partidos) estaría salvado. Sin embargo, la competición es muy larga y no se puede descartar un bache. El Cádiz, que es el mejor de los ascendidos de Segunda B, llegó a estar a 9 puntos del Reus y del Sevilla Atlético, a los que ahora supera. Aún queda mucho esfuerzo por delante. Y es imprescindible reforzar el equipo.
EN estas fiestas de Navidad se ha quedado Cádiz sin La Gloria. Era tradicional que en estas fechas tuvieran una amplia clientela, sobre todo para adquirir su turrón de Cádiz, que era de Cádiz-Cádiz (y no de Toledo, como el mazapán), y también los pestiños, que pasaban por ser los mejores. Con el cierre del Horno La Gloria se ha perdido una pastelería y panadería que llegó a ser la número uno de Cádiz, pero sobre todo se pierde la gloria más dulce de un pasado que se desmorona.
ERA como un cuento de Navidad. En aquellas reuniones de las mil y una noches gaditanas no se apareció un ángel, ni siquiera Scheherezade, pero llegó un hombre que dijo que todo iba a cambiar. Serían prohibidos los desahucios de las familias expulsadas de sus casas. Serían suspendidos los cortes de luz para que las pobres ancianas viudas no se murieran de frío por las noches. Serían rescatadas de las calles esas personas abandonadas, sin el techo del hogar, que acampaban en los bancos (en los callejeros y en los de cajero automático), para cobijar su desesperación. Se le daría de comer al hambriento y de beber al sediento, y posada al peregrino, y todo lo demás. Porque su sermón era como unas bienaventuranzas laicas.