SUPONGO que el buque BAM-IS que le han concedido al astillero de Navantia de Puerto Real, y que generará más de mil empleos durante tres años y medio, será construido por trabajadores netamente gaditanos. Lo digo porque el presidente de Navantia, Ricardo Domínguez, estuvo la semana pasada de visita, y recordó que para las reparaciones de cruceros en los astilleros de Puerto Real y Cádiz (ciudad a la que se considera la capital del paro español) ha sido necesario contratar a trabajadores extranjeros, porque aquí no había capacidad para asumirlo. El dato de los mil extranjeros para reparar cruceros chirría, porque hay algo que no se entiende bien. No parece normal que por un lado se reclame más trabajo y por otro lado resulte que falta personal para el trabajo existente, que según se suponía era poco, discontinuo y malo.
EN la mañana del viernes 13 de agosto de 2021, operarios municipales retiraron los rótulos del Estadio Ramón de Carranza. Desde entonces ya es el Estadio Nuevo Mirandilla. Y desde entonces, todo hay que decirlo, el Cádiz CF no ha ganado un partido en ese estadio. A pesar de que ya puede acudir el público, al que tanto se echaba en falta, por su entusiasta apoyo. Es decir, desde que retiraron el rótulo de Carranza, como si fuera una maldición apocalíptica, entró el gafe. No se conoce la victoria en cinco partidos, sólo tres puntos (tres empates) de 15 posibles. Y no ha marcado ningún gol en los tres últimos encuentros. Es verdad que tal como juega el Cádiz es muy difícil ganar, pero la temporada pasada, sin público, jugaba por el estilo, atrás y a rezar, y se salvó con cierta holgura.
LA nueva normalidad será recuperada plenamente mañana en Cádiz, cuando salga a la calle la última confinada. La Virgen del Rosario no irá en su paso, sino en unas andas, pero será igual, o parecido, porque presidirá una procesión, con cortejo de acompañamiento y representaciones, con las cornetas y tambores del Rosario abriendo camino, y con la música del Maestro Dueñas cerrando con sus marchas. Como tantas veces, como aquellos años, cuando el 7 de octubre, fiesta local en Cádiz, era un día de regocijo para venerar a la Patrona. Por culpa de la pandemia se quedó sin salir en 2020. Han pasado casi dos años sin procesiones en las calles gaditanas. Y la primera será Ella, que saldrá de Santo Domingo, como la Madre que acude al reencuentro con sus hijos, que sólo han podido verla en su casa del Santuario.
TELÓN de fondo para situar: los partidos comunistas y marxistas, para llegar al poder, necesitan disfrazar al lobo con una piel de cordero. En Marx se puede leer que su forma de gobernar es la dictadura del proletariado. Pero cuando vivimos en una monarquía parlamentaria, con elecciones cada cuatro años, se debe enmascarar en la medida de lo posible. Tras la máscara (que puede ser incluso bonita, o simpática, o dicharachera, o parecer otra cosa), están los verdaderos intereses, que siempre han sido de ordeno y mando. Deciden ellos y obedecen los demás. Resulta bastante fácil entender que eso es lo que está ocurriendo con el Carnaval de Cádiz. Los carnavaleros, a los ojos de muchos gaditanos, se han quedado con el culo al aire (dicho sea con perdón). Han sido valientes de boquilla, en el Teatro Falla, sobre todo cuando no gobernaba un comparsista; pero cuando les han inventado otras Fiestas Típicas se las han tragado. Sólo han protestado algunos autores que han optado por la ética de su conciencia.
CÁDIZ es diferente al resto del mundo. Por eso, Cádiz va a celebrar su Carnaval en mayo y junio, recuperando las Fiestas Típicas Gaditanas. Y, además, otro Carnaval callejero (pero que no es el Carnaval oficial) en sus fechas propias. A eso llega el disparate. Hasta ahora Cádiz se regía por el calendario gregoriano, válido en Europa y el resto del mundo, así llamado porque lo implantó el papa Gregorio XIII. Desde 1582 sustituyó al calendario juliano, así llamado porque lo impuso Julio César en el año 46 a.C. Se basaba en el calendario egipcio, que estableció la duración del año solar en 325,25 días. Todo eso viene en la Wikipedia. Pero ahí no aparece el nuevo invento anticapitalista: el calendario kichiano, que va a implantar nuestro Kichi en la ciudad de Cádiz.