ES una vergüenza para Cádiz lo que está sucediendo en el Castillo de San Sebastián. Es una vergüenza el silencio que guardan las asociaciones y entidades culturales y patrimoniales, los arquitectos incluso progresistas, las instituciones, todos los que protestan por asuntos menores. El Castillo de San Sebastián, en condiciones normales (es decir, no anormales), debería ser Patrimonio Mundial de la Humanidad. Aunque la Unesco no lo tenga en su lista, es uno de los monumentos icónicos de Cádiz; y está en la línea de visión paisajística de la Caleta. Junto al otro castillo, el de Santa Catalina, completa un testimonio extraordinario de lo que fue el Cádiz de las fortificaciones construidas tras el asalto anglo-holandés de 1596.

HOY se cumplen 70 años de la muerte de Manuel de Falla, que falleció en Alta Gracia (Argentina), aunque la tumba con sus restos está en la cripta de la Catedral de Cádiz. El próximo día 23 se cumplirán los 140 años de su nacimiento en una casa de la Plaza de Mina gaditana, que todavía existe, aunque no convertida en un museo con la dignidad que se merecería. Significa que faltan cinco años para el 75 aniversario de su muerte, y 10 años para el 150 aniversario de su nacimiento. En cualquier ciudad medianamente civilizada, se empezaría ya a pensar en la conmemoración de algo que debe ser mucho más que una efeméride: la recuperación de Manuel de Falla para Cádiz, la ciudad donde nació y donde se hizo el mejor músico español del siglo XX.

AL poco tiempo de ser elegido alcalde José María González Santos, en algunos medios de comunicación forasteros del mundo mundial  empezaron a denominar a Cádiz como Kichilandia. Por supuesto, lo hicieron algunos que no habían venido siquiera, por lo que ignoraban el estado de la ciudad. Se dejaron llevar por falsas impresiones, algunas propagadas por el propio alcalde, cuando habló en La Sexta de ese ambiente que convertía a Cádiz en una versión andaluza de Calcuta. O fascinados por aquella foto de Adrián Martínez de Pinillos, en volandas de la Policía, con motivo del desahucio inaugural del cambio. Cosas así, de cara a la galería del coleccionista de sorpresas.

LA ciudad de Cádiz se ha estremecido con los asuntos sociales del Carnaval. Entre los muy acuciantes problemas (como el alumbrado navideño) que amenazan nuestro futuro inmediato, se nos ha colado uno nuevo, al parecer gravísimo: la elección del presidente del jurado del Carnaval. Desde que llegó a la Alcaldía González Santos, que procedía del Callejón de los Santos (santos laicos, por supuesto), se había activado el frenesí participativo. Consiste en que la buena gente participe en todo, sin que decidan nada. Por ello, parecía normal que el presidente del jurado del Carnaval sea elegido por todos los gaditanos y gaditanas (mediante un referéndum telemático, o algo así). Sin embargo, será decidido por el propio alcalde González Santos, o la concejala María Romay, por el sistema de Digital Plus.

SON alegrías de Cai... o tristezas de Nueva York. Desde que ganó las elecciones, y aparecieron los primeros memes, todo el mundo se arranca por las alegrías de Trump. Como si hubieran vuelto Camarón y Chano Lobato. Del Tiriti tran tran tran hemos pasado al Tiriti Trump Trump Trump. Todavía Tiriti no ha tomado posesión y ya le han organizado manifestaciones de protesta, como a Rajoy en el Congreso de los Diputados. En Cádiz, la cuna de las alegrías, ya está rebautizado en aguas de la Caleta. Los más espabilados se dieron cuenta de que si Donald tuviera el apodo de Tiriti sería Tiriti Trump; o sea Tiriti Trump Trump Trump. Lo único que nos faltaba es que este gachó saliera flamenkito apaleao, como aquella chirigota de Juan Carlos. Aunque allí la apaleada es la otra.