EL mejor homenaje que le pueden tributar a Manolo Santander Cahué es declarar su legendario pasodoble “Me han dicho que el amarillo”, de ‘La familia Pepperoni’, como himno oficial del Cádiz CF. Eso del “himno oficioso” suena chungo. ¿Qué himno ha tenido este club que haga vibrar y entusiasme a los cadistas? Manolito Santander dio con la tecla. Sin proponérselo, como ocurren las grandes cosas. Aquella chirigota, como casi todas las agrupaciones históricas que han entrado en la leyenda, ni siquiera ganó la final de 1998. Quedaron cuartos. ¿Y qué más da? Con el tiempo, sólo los mitos pasan las pruebas del algodón y del olvido. Manolo Santander, incluso en vida, ya estaba entre los personajes legendarios del Carnaval.
DECÍAMOS ayer que viajando se aprende y se confirman las catetadas que lastran el progreso de esta provincia. En concreto, el caso de las áreas metropolitanas. Se debe empezar por la Bahía, pero en el mundo avanzado Sevilla y el Campo de Gibraltar se integrarían también en un área logística del sur de Europa. Pensar en eso suena a cuento chino, porque no van a crear un área amplia, como la del Río de la Perla, que engloba a Hong Kong, Shenzhen, Macao, Guangzhou, Zhuai, Dongguan y otras municipalidades con más de 100 millones de habitantes en total. Nos conformamos con mucho menos. Y para empezar, con un aeropuerto, que por fin se denomine de Jerez/Cádiz.
EL principal problema de Cádiz y su provincia es que vive al margen de la realidad. Siendo poéticos, se podría decir que vivimos como en un sueño, o como en una novela de Murakami, donde las realidades se mezclan con las fantasías y se confunden. Es como un ensimismamiento, del que Cádiz no se despertará, porque tampoco hay muchas ganas. Quizá se vive mejor dentro de un sueño, excepto que se convierta en pesadilla. Pero la realidad va por otro lado. Un ejemplo es el Área Metropolitana de la Bahía de Cádiz, de la que ya nadie habla. Ningún partido la defiende, a pesar de que es la única posibilidad de sobrevivir en un mundo globalizado. Cádiz ocupó un lugar estratégico en siglos pasados, pero ya ni se preocupan.
EXISTE una tendencia proverbial a resumir determinados asuntos en tres letras, que funcionan como símbolos. Por ejemplo, la regla de oro del comercio es que un producto se ajuste a las tres B: que sea bueno, bonito y barato. En el argot del golferío de antaño, se decía que en las madrugadas picarescas de otros tiempos coincidían las tres P; a saber los periodistas, las prostitutas y los policías. Más recientemente, en Cádiz se ha convertido en un dogma de fe que los problemas de la ciudad están originados por el efecto narcótico que causan las tres C del buen gadita, que son el Carnaval, las cofradías y el Cádiz CF. De modo que los carnavaleros, los capillitas y los cadistas serían los responsables de que la ciudad se conforme con el ole ole mi Cai y lo digo a boca llena, etcétera. Por el contrario, se supone que si no existieran el Carnaval, las cofradías, ni el Cádiz CF, viviríamos en una ciudad que tendría un nivel de vida como Zúrich o Düsseldorf.
LOS consejos para el nuevo carril bici de Cádiz se resumen en dos: no vayan a lo loco y dadle un repasito. La historia de estos carriles en Andalucía, en general, y en Cádiz, en particular, viene de los tiempos de Izquierda Unida en la Junta. Aprovechando que somos Europa, y que en Bruselas tienen una mentalidad cercana a Ámsterdam y a Berlín, se les ocurrió llenar el sur de bicicletas. Como buenos ecologistas, los de IU colaboraron entusiasmados. Hubo un tiempo de gobierno de coalición del PSOE e IU en la Junta, en el que Elena Cortés consiguió la Consejería de Fomento. Entonces Martín Vila ya era de IU. Entonces intentaron convencer a Teófila Martínez para que llenara Cádiz de carriles para bicis. Pero sólo le dio tiempo de anunciarlo en las pantallas LED y en una web especial que creó el Ayuntamiento.