ALGUNOS se han dado cuenta de que el coronavirus es verídico cuando la Hermandad del Gran Poder ha prohibido besar el talón del Señor. Como pasa siempre con cualquier decisión de cualquier cofradía es polémica: a unos les parece bien y a otros no. En todo caso, no es pionera, porque el viernes pasado, en el besapié de Jesús Nazareno, de la Hermandad del Silencio, ya se prohibió que los devotos besaran el pie directamente. Aunque en ambos casos se podía pasar ante las imágenes y hacer reverencias. Como ha ocurrido el domingo con otras imágenes sagradas, y como ocurrirá según avance la Cuaresma. Este no será el mejor año para los besamanos y los besapiés del domingo de Pasión, después del pregón de Julio Cuesta.
EL pasado 16 de febrero Renfe inauguró la línea de alta velocidad ferroviaria que conecta Sevilla con Granada en dos horas y media. ¿Es una mejora con respecto a lo que existía? Sí, porque antes tardaban cuatro horas. ¿Es la solución definitiva? No, porque se tarda de Sevilla a Granada lo mismo que de Sevilla a Madrid, cuando la distancia por carretera es casi la mitad. Un tren de alta velocidad entre Sevilla y Granada debería tardar menos de una hora y media. Con un trazado coherente, no como ahora, que pasa por Córdoba. A ningún conductor sensato se le ocurre viajar desde Sevilla a Granada pasando por Córdoba, sino que circula por la A-92 y sin rodeos. Pues con el tren debería pasar lo mismo.
EN los tiempos del coronavirus apenas se habla de otra cosa. Ahora surge una polémica cartesiana acerca de si se debía permitir o prohibir que unos dos mil romanos vinieran a Sevilla la semana próxima, con motivo del partido de la Europa League entre el Sevilla FC y la AS Roma, que aparte del morbito por los vínculos de Monchi, tiene la morbidez de que pudiera ser contagioso. A los sevillistas les han prohibido ir al estadio romano el 19 de marzo, día de San José, cuando se disputará el partido de vuelta. Han organizado la vuelta a puerta cerrada y la ida a puerta abierta. El asunto tiene varias contradicciones, que demuestran que se está gestionando de cualquier manera, por no decir a la caraja.
EL coronavirus se ha colado en la Cuaresma sevillana. Hoy es primer viernes de marzo, tradicional fecha de besapiés a Jesús Nazareno en San Antonio Abad. El pasado lunes, en el Vía Crucis con el Señor de la Salud (precisamente de la Salud), de la Hermandad de los Gitanos, no afectó para nada organizar una concentración masiva. Pero hay muchos resquemores y habladurías. El miedo lleva a analizar las costumbres que practicamos en las misas, en las funciones principales de instituto, en los besamanos y en los besapiés. Es decir, especial atención a lo que ocurre dentro de las iglesias.
EN estos días de Cuaresma, que avanza, la plaza de San Lorenzo presenta un aspecto de miserere de Eslava. El Ayuntamiento ha retirado los 12 plátanos que quedaban. Como ya se ha informado, serán sustituidos por 12 almeces y seis gravilleas, pero en estos momentos la plaza aparece como si hubiera sido devastada. En esos plátanos crecía una historia que se pierde. Y al ver ese aspecto, han aumentado las conjeturas sobre quién ha matado a los plátanos. Una vez que nadie puede dudar de que están muertos, ni de que los han talado con unas estocadas hasta la bola. Las principales sospechas apuntan a Alfredo Sánchez Monteseirín, en sus tiempos de alcalde, por la reforma de la plaza y por las podas que hicieron de aquella manera.