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EN la historia del último medio siglo en España, la aportación del PSOE de Andalucía ha sido esencial. Esto conviene no olvidarlo, a pesar de las turbulencias de los últimos tiempos. Si tenemos democracia en España es gracias al PSOE. No sólo gracias a ellos, pero sí en amplia medida. La monarquía constitucional es ininteligible sin el PSOE. Lo mismo se puede decir de la España de las autonomías. Sin embargo, es lamentable y triste que un sector cada vez más amplio del PSOE pisotee su propia historia, con ese espíritu adanista irracional que se ha instalado en la política. Esa actitud ha tenido dos inspiradores: José Luis Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez, dos presidentes que se dedicaron a destruir, sin ideas claras, dando palos de ciegos, y desleales con los fundamentos de un partido que se llama socialista, obrero y español.
EN este país no se habla de otra cosa. ¿De los indultos y de Marruecos? No, de la luz y las vacunas. Mientras madrugan para poner la lavadora, en este país, en esta autonomía, en esta provincia y en esta ciudad todos y todas se han convertido en unos expertos en vacunas. Vas en el Cercanías de Cádiz a Jerez o viceversa (en el tranvía de Chiclana no, porque no funciona) y la gente comenta: “Pues yo estoy vacunada con AstraZéneca en segundas dosis”. Y el otro le contesta: “Pues yo me puse la de Pfizer, por no dejar a mi Manoli viuda”. Y entonces se entromete el gachó a quien nadie le ha preguntado, y dice: “Pues a mí, por mi edad, me la pusieron de Moderna. Aunque yo soy tan antiguo que estuve en 1949 en la inauguración del Teatro Andalucía, vimos una zarzuela muy bonita”. Y luego todos se cuentan sus efectos secundarios.
POR segundo año consecutivo, Sevilla se ha quedado sin procesión del Corpus Christi en sus calles. Recuerden que cuando la Conferencia Episcopal trasladó la fiesta litúrgica al domingo en España (aunque el Vaticano la mantuvo en jueves), aquí se montó lo que se solía montar en otros tiempos, lo mismo que con la fiesta de la Inmaculada. Una campaña como Dios manda, para dejar las cosas en su sitio y respetar las costumbres. Por eso, la procesión siguió en jueves, y ese día se ha mantenido como fiesta local. Sin embargo, lo que no consiguió el Maligno con sus artimañas políticas, lo ha obtenido con la desescalada de la pandemia. Al Santísimo sólo le permiten asomarse a la Avenida. El arzobispo Asenjo impartirá la bendición por última vez. Y adentro. Las calles son para los botellones, pero no para las procesiones.
COMO este Gobierno está plagado de intelectuales, han tenido en cuenta a Ortega y Gasset. Este gran filósofo es popularmente conocido por dos cuestiones: su Teoría de que los andaluces son flojos por naturaleza y que “yo soy yo y mis circunstancias”. El Gobierno del PSOE de Pedro Sánchez (hay otro PSOE) y de Unidas Podemos (que aún existe) se supone que está para defender a las clases trabajadoras y sacudir a impuestos a los capitalistas, pero al final siempre se los pagan los trabajadores, a las que el Gobierno considera ricos, en contraste con los pobres, que están parados o intentando cobrar el ingreso mínimo. Así ahora resulta que el recibo de la luz es “el recibo de la luz y sus circunstancias”. Vamos a pagar la electricidad a precio de oro. Aunque el Gobierno anuncia una ley para reducirla un poquito, por disimular.
EL Gobierno de Pedro Sánchez sigue haciendo griegos. Hemos recuperado a los oráculos de la Grecia clásica, ahora transformados en gurús. Y ellos son los que mandan, comandados por el gran Iván Redondo, que le cuadra las cuentas al sanchismo. Los indultos en Cataluña no se basan en el Derecho, ni en las ideas. Se trata de un asunto electoral. Y no ya porque el PSOE sanchista necesita el apoyo de los independentistas catalanes (y vascos), junto al de sus socios de Unidas Podemos, para mantenerse en la Moncloa. Hay más: Cataluña se ha convertido en el último salvavidas electoral de Pedro Sánchez. Las poquísimas posibilidades que tiene el PSOE de volver a gobernar en España tras unas elecciones pasan por Cataluña y, en menor medida, por el País Vasco.
Es lógico que un barón socialista y bonista como Emiliano García-Page esté indignado. En Castilla La Mancha los indultos tendrán un alto coste electoral. Lo mismo pasa en Extremadura. Más lamentable es que Juan Espadas y Susana Díaz miren a otro lado, por no incordiar al jefe, cuando es evidente que no comparten la liberación de los “presos políticos”, como se autoproclaman. Presos políticos no hay en España, sino delincuentes condenados. Y no se han arrepentido, al contrario.
Las cuentas electorales son obvias: en Madrid y en Galicia arrasará el PP, que crecerá después de los indultos. También crecerá en las Castillas, Extremadura, Aragón y otras comunidades pequeñas. Por el contrario, el PSOE estima que el PP pasará a la insignificancia en Cataluña y el País Vasco, mientras que seguirá renqueando en la Comunidad Valenciana y en Baleares, donde no han olvidado aún los casos de corrupción. Cataluña podría decidir: sería el trampolín para seguir en la Moncloa.
¿Y Andalucía? Es la comunidad con más electores. Aquí es donde más arriesga el PSOE, porque un descalabro sería funesto para ellos. Por eso, han buscado a un candidato moderado como Juan Espadas, para disfrazarlo de sanchista 0,0. Un intento burdo e injustificable. Al PSOE de antes (el renovado de Felipe y Alfonso, hoy histórico) eso le rechina, pero al de Zapatero y Sánchez le da igual, ya que sólo le interesa gobernar, y hay muchos cargos en juego. Las ideas importan menos, y los principios nada. En sus cuentas, complacer a la Cataluña independentista resulta imprescindible. Aunque sea un truco: Sánchez no les concederá la independencia. Si Cataluña y el País Vasco fueran independientes, el PP gobernaría en España hasta 2050, o más.
José Joaquín León