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TAMBIÉN esto pasará. Sólo faltan dos días para las elecciones autonómicas de Madrid. Sí, autonómicas, aunque parece que el futuro de España y la Humanidad dependen de lo que decidan los madrileños y las madrileñas el 4 de mayo. En Madrid viven ciudadanos (y no son pocos) firmemente convencidos de que toda España es como Madrid. Aunque hay otras comunidades autónomas, en total son 17; y algunas, como Andalucía, tienen más habitantes y más provincias. No se ha demostrado todavía por qué Madrid necesita ser autónoma de Madrid, quizá les bastaría con una Diputación Provincial. Pero ahí los tienen: abriendo todos los telediarios de las Españas con sus ocurrencias.
LOS gaditanos son unos privilegiados. Tienen sol y playas, sin hacer turismo. Esto lo suelen decir los madrileños y los sevillanos cuando vienen a pasar sus vacaciones y pagan el alquiler del apartamento o unos días de hotel. Mientras que el gaditano y la gaditana quizá viva en un partidito del barrio La Viña (aún quedan), pero tiene la Caleta a pocos pasos y puede ir sin bajarse del autobús, o bajándose, si prefiere ir a la Playa Victoria; o sin bajarse también, si vive en los Extramuros de la ciudad antigua. Es decir que el gaditano y la gaditana, si no van a las playas, es porque no les da la gana, o por otras circunstancias de enfermos e impedidos. Por eso, el frenesí que se ha montado con la movilidad entre provincias andaluzas aquí no se ve en claves playeras.
SI el poeta Manuel Machado volviera a escribir su poema de Andalucía, y lo aplicara a la situación municipal (lo que de por sí resultaría prosaico), quizá lo terminara a verso cambiado: “¿Y Sevilla?”. Pues Sevilla, que en sí misma se insinúa como omnicomprensiva en ese poema, parece que ya no le importa al PSOE y al PP, los partidos mayoritarios que la han gobernado en el siglo XXI. Se dejan llevar por sus intereses partidistas, por recolocar a militantes que han utilizado el Ayuntamiento de la capital andaluza como trampolín para nuevos logros, o que van a ser relevados para promocionar a otros. Y lo más curioso es que esta crisis de credibilidad llega cuando se ha cumplido menos de la mitad del mandato municipal. Faltan más de dos años para las elecciones de la Casa Grande, que se convocarán en mayo de 2023.
CON las guerras pasaba eso: primero destrozan todo y luego empiezan la reconstrucción. Después de la guerra civil implantaron las cartillas de racionamiento para aliviar el hambre en los años de posguerra. Después de la pandemia (o incluso antes de que acabe) quieren implantar el carné del vacunado. No sería para que te den leche en polvo o patatas, para eso ya están Cáritas y los comedores sociales, sino para viajar. El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, ya ha pedido que se apruebe el carné de los vacunados. Así los madrileños y los bilbaínos, incluso los ingleses y los alemanes, podrían venir a Chiclana y a Rota, a Conil y a Tarifa, a El Puerto y a Zahara de los Atunes, también a Cádiz y a Jerez, que tienen sus hoteles arruinados. El vacunado, cuando se inmunice, podría viajar a donde le salga de los colchones.
ALGUNAS profecías son fáciles de acertar. Por ejemplo, en enero de 2020, cuando suprimieron el peaje de la autopista AP 4 Sevilla-Cádiz, después de varias campañas populistas del PSOE y el PP, yo escribí que era una medida reversible. Es decir, que no pasarían muchos años, puede que sólo dos o tres, hasta que volvieran a implantar el peaje. Ya por entonces Bruselas advertía a España sobre este asunto. Sin embargo, José Luis Ábalos (el mismo ministro que ahora los defiende), acudió al control de Las Cabezas para hacerse una foto y elogiar el rescate. Nuestro país, tan rumboso para el gasto público, es el que obtiene menos ingresos por peajes en la Europa occidental. En 2019, el Estado afrontó un déficit de 7.500 millones en la conservación de las carreteras. Dinero que se podría destinar a las pensiones, o al ingreso mínimo vital, como dirían ellos, mientras los ricos pagan los peajes.