A la parroquia de Santa Cruz, todo el mundo le dice en Cádiz la Catedral Vieja. Con razón. No sólo por su antigüedad, que procede de 1262. No sólo por…
LA derrota del Cádiz ante el Sevilla puede parecer engañosa. Al minuto 90 se había llegado con empate. Fue un duelo competido, en el que el Cádiz tuvo aspectos buenos…
SOMOS más papistas que el Papa. En Sevilla, una gran parte del mundo cofrade es de bandera pontificia, y gusta que venga el Sumo Pontífice, como pasó con Juan Pablo II en dos ocasiones, y que la Archidiócesis tenga un cardenal, como Madrid y Barcelona, sin ir más lejos. Por…
CONSTRUIR un túnel submarino en el Estrecho de Gibraltar, que conecte España con Marruecos, sería nefasto para Andalucía. Es un proyecto ventajoso para el interés marroquí y ruinoso para los españoles y los andaluces. Por eso, resulta extraño que el Gobierno de Pedro Sánchez recupere ese proyecto, que se planteó…

LA destitución de Fernando Simón como coordinador de la pandemia del Covid 19 sería una medida de higiene nacional. Desde el principio este señor ha cometido errores de bulto. Ha adoptado decisiones equivocadas, que él mismo ha reconocido. Ha realizado declaraciones contradictorias, en las que decía algo y lo contrario. Ha asumido, en ocasiones, que íbamos mal y hasta que no sabía por dónde íbamos. Se ha permitido detalles chulescos. Ha omitido las consecuencias de sus errores, que podían ser incluso mortales. Y hasta ha lanzado mensajes opuestos a los que difundía el Gobierno. Sin embargo, Pedro Sánchez, que se lo encontró en el cargo, no lo ha destituido. ¿Por qué? Debe ser por algo que no sabemos. Otra explicación choca contra la lógica.
HUBO un tiempo en que la Semana Santa sevillana se salvó gracias a hermanos que lo dieron todo (incluso su patrimonio personal) por su hermandad. Hubo un tiempo en que las cofradías se salvaron gracias a las familias. Sin esa realidad de la posguerra, que cubrió una etapa difícil, no se puede entender lo que existe hoy en día. El adanismo en las hermandades no sólo sería una torpeza, sino una injusticia. Hemos recibido un legado, no lo inventamos. En los últimos días han fallecido personas que nos evocan ese pasado, no tan lejano.
LA visita de la alcaldesa de Jerez, Mamen Sánchez, al alcalde de Cádiz, José María González, ha sido pintoresca. Se ha presentado como si fuera el final de una guerra fría. Como cuando Reagan se entrevistó con Gorbachov, o algo así. No es para tanto. Se entiende que con las memeces de los confinamientos perimetrales, y con la prohibición de viajar más allá de la provincia, ahora una visita de Cádiz a Jerez o de Jerez a Cádiz se considera como turismo a paraísos exóticos. Pero hasta hace poco era algo de lo más normal. No tiene sentido pensar que esta visita oficial servirá para mejorar las relaciones diplomáticas entre ambas ciudades. Hay cuestiones profundas que se deben trabajar más para que el potencial de esta provincia fragmentada no se siga desperdiciando por las divisiones catetas.
EN cierta ocasión escribí que cada partido es como dos. Esa duplicidad ocurre en España, en Andalucía, y en Sevilla. En la humanidad, no; porque en China verbigracia no se da el caso. Hay un Partido Comunista, y la gente normal no se mete en política, y Juan Espadas les pide que viajen a Sevilla, y punto. Pero aquí todo lo que parecía sólido se vuelve gaseoso. En el PSOE hay pedristas y susanistas; en el PP hay partidarios de Casado y de Juanma; en Ciudadanos hay dos bandos desde que los fundaron; y hasta en Vox de Sevilla ya se han peleado. En cuanto a Unidas Podemos, Adelante Andalucía, o lo que sea, no son dos partidos en uno, sino cinco o seis, ya se pierde la cuenta. A la bronca del acoso y derribo a Susana en el PSOE, se añade la doméstica y sevillana del PP provincial, que tiene más enjundia de lo que parece.
POR poner un ejemplo marinero, Cádiz es como un barco a la deriva. Vivimos una situación imprevisible hace dos años: una pandemia ocasionada por un coronavirus desconocido, que puso en jaque a la humanidad. Esa es la parte de un gran problema global. Pero a eso se añade que Cádiz ya venía derivando de antes, sin rumbo fijo, sin ideas ni criterios en sus gobernantes, sin políticos adecuados para momentos en los que hace falta algo difícil: sabiduría. Así se ha agravado el problema, hasta convertirlo en irresoluble en las circunstancias actuales. El alcalde Kichi se esconde, no está para nada; y lo de menos es que acuda o no a un incendio provocado en el Hospital Puerta del Mar, sino que carece de proyectos para la ciudad. Es incapaz de gestionar el caos sobrevenido.