YA lo cantaron El Peña y el Masa: “La gente no respeta ni que estamos en Carnaval”. Otra guerra mundial. Esa gente no respeta ni que estamos en la Cuaresma…
LA derrota del Cádiz ante el Sevilla puede parecer engañosa. Al minuto 90 se había llegado con empate. Fue un duelo competido, en el que el Cádiz tuvo aspectos buenos…
LA ciudad de Sevilla y su entorno se pueden considerar como territorio de alto interés militar. Quizás sea la zona más estratégica de España, en estos momentos, para el Ejército. En una distancia cercana están las dos bases militares de EEUU en Andalucía: la de Morón de la Frontera y…
AL llegar el 8 de marzo las calles se tiñen de morado y salen manifestaciones en las ciudades para reivindicar el feminismo y la igualdad. Sin embargo, en estos tiempos, parece que no es lo mismo el feminismo que la igualdad. Entre otras cuestiones porque el feminismo no tiene un…

HAY polaridad política hasta en la literatura. Una de las diferencias entre la izquierda y la derecha es que la izquierda sólo lee a sus escritores y poetas; mientras que la derecha, según sea esa derecha, no lee a nadie, o lee variado, y más a los de izquierda. Un ejemplo claro de lo anterior es José Manuel Caballero Bonald, el gran escritor recién fallecido, al que algunos destacan por simpatizar con el PCE y ser comprovinciano. ¡Ay! Sí, nacido en Jerez de la Frontera, enamorado de Sanlúcar de Barrameda, fundador de Argónida, donde creó su mundo propio, con ecos de Doñana. Ha sido de los raros escritores, como Gabriel García Márquez (por citar a otro que leen los de izquierda y algunos de derechas) capaz de convertir un espacio local en territorio universal. Pero, desde luego, lo que más se puede valorar de Caballero Bonald no es que sea tan emblemático para Sanlúcar como la manzanilla o los langostinos, sino su capacidad de escribir muchas literaturas.
DESDE que comenzó la pandemia del Covid 19, en España hemos tenido cuatro elecciones autonómicas: en Galicia y País Vasco (julio de 2020), Cataluña (febrero de 2021) y Madrid (mayo de 2021). Cuatro convocatorias con un electorado de muy diferentes costumbres. En todos los casos, hubo intentos de extrapolar los resultados al conjunto de España, y en todos los casos es un error. Sin embargo, las elecciones del pasado martes en Madrid dejan dos sorpresas a no olvidar. Una es que Pedro Sánchez y Pablo Iglesias podían pagar en las urnas su desastrosa gestión sanitaria y económica de la pandemia, en la que tomaron por tontos a los españoles. Y otra que cuando había más extremismo ha subido la participación, pero no para votar contra la derecha (como era lo habitual en tales casos), sino para votar contra la izquierda.
UN sector de los indignados con Kichi (a los que ellos llaman fachas) está frotándose las manos desde la noche del martes. Están locos de felicidad con Isabelita Díaz Ayuso, a la que comparan con la Teo de los años del esplendor victorioso. Así como en el Génesis se advierte que una Mujer aplastará la cabeza a la serpiente del pecado, en la derecha suele ocurrir que son las mujeres las que aplastan a la izquierda más heavy. Es una curiosidad, pues mientras el podemismo alardea de feminismo morado, son los votantes de la derecha los que apuestan por las mujeres: antes por Teófila Martínez en Cádiz, ahora por Isabel Díaz Ayuso en Madrid, como también con Esperanza Aguirre.
SE suele decir que Sevilla siempre está con el bando ganador. Esto ya se contaba en 1936, cuando la guerra civil, con Queipo de Llano al aparato, incluso puede que antes. No vamos a recordar las desgracias de Sevilla la Roja, ni las diferencias con Madrid, donde aquella guerra duró casi tres años, y no duró menos de tres días, sino que ahora al PSOE sevillano se le presenta un dilema serio. A Juan Espadas se le habrá quedado la cara de circunstancias. Porque ahora en la calle Ferraz huele fatal, huele a lo mismo que olía en las postrimerías de Zapatero, quizás huela a lo que creyó oler Verónica, cuando entró allí a dar la media verónica, y supuso que daba la puntilla, como enviada especial de Susana Díaz. Estas elecciones de Madrid no son extrapolables, pero han pasado cosas tremendas. En realidad, lo que ha pasado es que el pueblo ha hablado y ha dicho que están hartos. Huele, en resumen, a cambio de ciclo.
SOY respetuoso con las personas sin hogar. Me consta que detrás de cada uno y de cada una, en general, hay historias tristes de fracasos personales, desgracias, vidas rotas, e incluso de injusticias. Ya lo he escrito en otras ocasiones. No es sólo un lumpen social de inadaptados. Aunque también haya vagabundos que eligen voluntariamente ese modus vivendi. Es necesaria la compasión. Y, principalmente, la atención social, con una asistencia eficaz, para paliar su marginalidad, para ofrecerles cobijo (aunque sea temporal) y para hacerles ver a quienes lo rechazan que ese tipo de vida no es lo normal en una sociedad del siglo XXI, sino una anomalía. También hay que dejar claro que todo no vale. Una ciudad se debe gobernar con leyes y normas para el conjunto de ciudadanos.