A la parroquia de Santa Cruz, todo el mundo le dice en Cádiz la Catedral Vieja. Con razón. No sólo por su antigüedad, que procede de 1262. No sólo por…
LA derrota del Cádiz ante el Sevilla puede parecer engañosa. Al minuto 90 se había llegado con empate. Fue un duelo competido, en el que el Cádiz tuvo aspectos buenos…
SOMOS más papistas que el Papa. En Sevilla, una gran parte del mundo cofrade es de bandera pontificia, y gusta que venga el Sumo Pontífice, como pasó con Juan Pablo II en dos ocasiones, y que la Archidiócesis tenga un cardenal, como Madrid y Barcelona, sin ir más lejos. Por…
CONSTRUIR un túnel submarino en el Estrecho de Gibraltar, que conecte España con Marruecos, sería nefasto para Andalucía. Es un proyecto ventajoso para el interés marroquí y ruinoso para los españoles y los andaluces. Por eso, resulta extraño que el Gobierno de Pedro Sánchez recupere ese proyecto, que se planteó…

LAS personas con buena memoria histórica recordarán los tiempos de las inocentadas. Llegaba el 28 de diciembre y veíamos los periódicos en los quioscos con algunas noticias fake inventadas, generalmente jocosas, con las que aspiraban a sorprender la inocencia de sus lectores. Como estaban prevenidos y prevenidas, la intención de darles coba resultaba difícil. Y a veces los más incautos confundían las noticias verdaderas con las falsas. Hasta que en los años de la Transición, apareció El País y se cargaron las inocentadas, apelando a lo políticamente correcto. A cada cual se le debe dar lo suyo: Juan Luis Cebrián se cargó las inocentadas y Pedro J. Ramírez se cargó las Hojas del Lunes. Todo se hacía en nombre de la libertad y la democracia.
AL morir los escritores, las editoriales suelen tener el fino detalle de reeditar sus mejores obras. Esperemos que suceda esto con Antonio Burgos. Y no por un oportunismo fúnebre, sino porque ya no podrá aumentar una aportación tan sobresaliente para nuestra Andalucía. Entre sus obras, siempre destacarán las sevillanas. Pero tampoco se deben olvidar las gaditanas. El Servicio de Publicaciones de la Universidad de Sevilla publicó en 2018, en su colección de bolsillo, un libro titulado Discursos entre Sevilla y Cádiz, de Antonio Burgos. Incluía seis textos sobre Sevilla y nueve textos sobre Cádiz, rematados con el Pregón del Carnaval de 1988. En ellos, está el espíritu del mejor Burgos. Como lo está en las antologías de sus artículos.
AL morir los escritores, las editoriales suelen tener el fino detalle de reeditar sus mejores obras. Esperemos que suceda esto con Antonio Burgos. Y no por un oportunismo fúnebre, sino porque ya no podrá aumentar una aportación tan sobresaliente para nuestra Andalucía, que debe ser bien conocida. Entre sus obras, siempre destacarán las sevillanas. Pero tampoco se deben olvidar las gaditanas. El Servicio de Publicaciones de la Universidad de Sevilla publicó en 2018, en su colección de bolsillo, un libro titulado Discursos entre Sevilla y Cádiz, de Antonio Burgos. Incluía seis textos sobre Sevilla y nueve textos sobre Cádiz, rematados con el Pregón del Carnaval de 1988. En ellos, está el espíritu del mejor Burgos. Como lo está en su libro esencial Sevilla en cien recuadros, una antología de sus artículos más populares.
BELÉN es el origen de la civilización del amor, que se encarnó con el nacimiento de Jesús. Es el Hijo de Dios para los cristianos. Pero también el personaje más importante de la historia para quienes no lo son. Porque predicó la civilización del amor y ofreció las reglas para que los hombres vivan en paz. Todos somos hermanos. Todos somos hijos de Dios. El otro no es tu enemigo. Hay que perdonar al prójimo... Entre las tres grandes religiones monoteístas, el cristianismo es la única que no considera enemigos a los otros. Los judíos se proclaman el pueblo elegido. Los islamistas también. Están en contra de quienes no son como ellos. El cristianismo puso fin al elegido geográfico, extendió el mensaje de salvación a los gentiles, que eran los no escogidos por Dios.
SIEMPRE se consideró gaditano en Cádiz, aunque era sevillano. Siempre consideró que Cádiz le había tratado con más cariño que Sevilla, y lo dijo muchas veces. Antonio Burgos no quiso una calle en la ciudad donde nació, cuando el proceso se puso en marcha lo frenó, pero estaba orgulloso de tenerla junto a la Caleta, en el rompeolas de su Cádiz viñero, y de ser Hijo Adoptivo gaditano. Yo, que tantas veces vi de cerca su amor por Cádiz, podría escribir mil y un artículos sobre la gaditanía de Antonio Burgos, pero hoy sólo voy a recordar algunas de sus aportaciones gaditanas esenciales, que nos deben quedar en el recuerdo: