A la media hora, si nos dicen que el Cádiz-Numancia va a terminar con 2-4 en el marcador, hubiéramos pensado que era imposible. El Cádiz ganaba por la mínima, era superior y controlaba el juego. Nadie podía pensar entonces que un error garrafal de la defensa y un arbitraje impresentable de Ávalos Barrera (con VAR incluido) romperían el partido. El Cádiz cayó víctima de las circunstancias y de sus propios errores. Pareció como si se hubieran ido de vacaciones antes de tiempo. Primero no tuvieron el corazón caliente y después tampoco la cabeza fría. Se estropeó absurdamente una noche que debía ser de fiesta por la gran temporada.

LA victoria del Cádiz Oviedo supo a gloria, más allá de tres puntos importantes para reforzar el liderato. Con el triunfo se proclaman campeones de invierno y se presenta la candidatura para el ascenso directo a Primera en verano. Además, se rompe un maleficio que duraba 42 años. Desde 1977 (la temporada del primer ascenso con Enrique Mateos) no ganaba el Cádiz en el campo del Oviedo, un equipo gafe, que prolongó la estancia del Cádiz en Segunda B. Sin embargo, ahora el equipo va viento en popa, a pesar de los que intentan sembrar tormentas. No merece la pena recordarlo, pero es vergonzoso enturbiar los buenos momentos. Hay que apoyar a este Cádiz, con vitola de campeón.

QUEDÓ un regusto amargo porque el Cádiz lo intentó, sobre todo en los últimos minutos, pero no tuvo suficientes recursos para ganar al Elche. Se perdió una oportunidad de conseguir el campeonato de invierno el día de la Inmaculada en Carranza, y también de abrir más brecha con el segundo  y otros rivales directos. Puede que parezcan objetivos muy ambiciosos, si se analizan las plantillas de la Liga Smartbank, y  eso también hay que decirlo. Pero cuando tenían 10 puntos de ventaja al segundo era natural soñar con el ascenso directo. Todavía es posible.

EN condicione normales (sin tantas bajas y con otro árbitro), el Cádiz no hubiera perdido en Fuenlabrada. Fastidia perder ante un equipo que no fue superior, incluso jugando más de dos tercios del partido en superioridad numérica. El Cádiz ha entrado en un momento difícil, por las lesiones. Ya no sólo han caído futbolistas titulares del plan A, sino suplentes del plan B, por lo que juegan elementos del plan C, como Rhyner y Quezada, que no están adaptados, y cometen errores en jugadas puntuales que resultan decisivos. El Cádiz tiene un sistema que necesita a jugadores a tope. Más aún si se tropieza con un árbitro casero como Ais Reig, que administró las tarjetas amarillas a su manera.

FUE la noche triunfal de Iza Carcelén, un lateral que estuvo omnipresente y marcó dos goles para remontar el partido. Pero sobre todo fue un partido en el que el Cádiz dejó razones para el optimismo. Llegaba con siete bajas, y con la sensación de que podía acusar los esfuerzos. Supieron sobreponerse a la adversidad de un gol tonto. Y quedó la impresión de que los suplentes pueden aportar. El Cádiz fue netamente superior al Lugo. Con un poco más de suerte y puntería hubiera ganado con claridad.