EL fútbol actual ha perdido ese sentimiento que ya sólo mantienen los aficionados. Los clubes funcionan como empresas. Los entrenadores y los futbolistas como trabajadores al mejor postor. Esa profesionalidad aséptica se nota en los fichajes. Avanza la pretemporada sin que los clubes tengan sus plantillas definidas. Disponen de un cupo de jugadores que compran o venden, que que son cedidos o traspasados si surge una oferta mejor. No sólo le pasa al Cádiz, por supuesto, sino a todos. Véase los culebrones que tienen montados el Real Madrid y el Barcelona, con casos como el de Pogba o el de Neymar. Unos se quedan y otros se van. ¿Pero quiénes?

LAS malas relaciones entre Manuel Vizcaíno y Quique Pina forman parte de las circunstancias del Cádiz CF. Es un perjuicio para el club que se monte un cruce de denuncias y peleas, una vez más, precisamente cuando están inmersos en la campaña de fichajes y abonados. Vizcaíno y Pina se integraron en la sociedad Locos por el Balón, gracias a la cual se salvó el Cádiz. Algunos aficionados olvidan ese detalle, y dicen que vinieron para forrarse y cosas así. Sin embargo, insisto en que no conozco a ningún multimillonario gaditano al que en estos momentos le interese invertir su fortuna en este negocio tan suculento. Significa que esto es lo que hay.  No olvidemos otro detalle: la situación de Vizcaíno y la de Pina son diferentes.

LA cantera ha obtenido un gran éxito con el ascenso del Cádiz B. A eso se añade que Manu Vallejo subió al primer equipo, fichó por el Valencia y ha sido campeón del Europeo sub 21, aunque él sólo disputó tres minutos. Para el próximo año se han abierto nuevas expectativas con el filial en la Segunda B. El salto de categoría será mínimo y eso permitiría ajustar mejor los costes y la calidad de los fichajes. Tener al filial en Segunda B es motivo de orgullo para la afición cadista, que en las últimas 10 temporadas vio a su primer equipo durante siete años en esa división.

LOS clubes de fútbol funcionan como sociedades anónimas deportivas. Es un detalle importante que con frecuencia se olvida. Parece que sólo interesa la clasificación, pero la gestión es el fundamento de todo. Véase el caso del Reus. En ese sentido, la gestión del Cádiz es  bastante buena, sobre si todo la comparamos con un pasado todavía reciente. Los años de Sinergy, los administradores concursales, el club al borde de la extinción… Con excepciones como Antonio Muñoz en su mejor momento, Federico González y Paco Puig, no abundan casos de gaditanos que arriesgasen su patrimonio cuando se temía lo peor. El Cádiz ha podido ascender a Primera en las tres últimas temporadas, pero se encuentra donde le corresponde: en Segunda. Y con un filial que ha ascendido ¡a Segunda B!

AL valorar la temporada 2018-2019 queda una sensación triste. Es lo que sucede cuando no hay un final feliz. El Cádiz, en los tres últimos años, comenzó en busca de la salvación. El Cádiz, en los tres últimos años, terminó con la sensación de que pudo ascender a Primera División y no lo consiguió. En 2017, cuando era un recién llegado de la Segunda B, y cuando terminó la temporada como quinto clasificado, la sensación era positiva, porque superaron lo esperado y  pelearon por subir hasta la penúltima oportunidad. Pero la sensación de las dos últimas temporadas no es igual. En 2018, el Cádiz estaba virtualmente clasificado, y lo perdió por un gol en el minuto 92 del Cádiz-Tenerife en Carranza, y por el mal partido en Granada de la última jornada. Este año ha sido todavía peor.