FUE una gran decepción: pasar de una gran noche con el Zaragoza a este pésimo día con el filial del Barcelona. Fue muy duro, porque a los jóvenes del Barça les bastó la primera parte para sentenciar y dar un baño de juego y goles a un Cádiz  descolorido. Ni siquiera supieron defender. Y lo peor es que habían salido con todo a favor, en un Mini Estadi con poco público, donde animaba más la afición cadista, y frente a un rival en situación casi desesperada, al que le faltaban por sanción Aleñá y Ruiz de Galarreta. Pese a esas ausencias, y a otras por lesión, el filial azulgrana fue superior.

UN triunfo muy importante, no sólo por el 2-0 ante el Real Zaragoza, sino por la forma de conseguirlo. El Cádiz fue superior, defendió como los arcángeles contra los demonios, y remató a su rival con dos estocadas de Barral y Alvarito, que volvieron por sus fueros. Jugando a tope, con una entrega sin reservas, al Cádiz hasta le sobraron 25 minutos de partido, tras la merecida expulsión de Delmás. Por cierto, el Zaragoza, que parecía en buena racha, fue incapaz de crear una ocasión clara de gol en todo el partido. Borja Iglesias se quedó anulado por unos centrales impecables.

SIGUE el Cádiz por las mismas: puntito a puntito, mientras los demás inician el sprint final. Parece como el náufrago que se puede ahogar cerca de la orilla cuando ya la tenía a su alcance. Ha ido bajando puestos, pudo soñar con el ascenso directo, pero ya está muy cerca de quedarse fuera de las eliminatorias para subir. En Albacete dos penaltis discutibles condicionaron un partido que se debió ganar. El Cádiz tuvo más tiempo el balón y las ocasiones más claras. La inutilidad de los delanteros dificulta los resultados. Pusieron buena voluntad, pero les faltó el acierto. Los demás rivales por el ascenso viven de sus goleadores.

EL Cádiz consiguió un punto en el penúltimo minuto con un cabezazo providencial de Servando, y estuvo a punto de ganar en el último, cuando un chut de Salvi salió fuera por poco. Fue lo mejor de un Cádiz que hasta la prolongación había estado ciego ante la portería, y se había complicado un partido que no merecía perder, pero que no supo ganar. El resultado es malo, aunque con matices. Mucho peor era la derrota, que situaba al Valladolid en la pugna por los puestos altos. Al resultado se le aplica la teoría del mal menor: si no se puede ganar a un rival directo, al menos el empate sirve para mantener las diferencias.

AQUEL Cádiz que ganó en Gijón por 0-3, en el mejor partido de esta temporada, y que ilusionó a todos, se está alejando del ascenso por su incapacidad rematadora. Ayer encerró a ratos, en la segunda parte, a un rival que llegaba en una gran racha (aunque sin su goleador Michael Santos), y que es el más firme candidato al ascenso directo junto al Rayo Vallecano. El Cádiz supo contenerlos. No tuvieron los gijoneses ni una ocasión clara en todo el partido. Pero el Cádiz, a pesar del empuje, sólo fue capaz de crear una oportunidad en los 90 minutos: el cabezazo de Garrido que acabó en el larguero tras un paradón de Mariño. El Cádiz sigue ciego ante la portería.