FUE otro partido intenso, disputado según las características de este Cádiz. Con muchas precauciones para mantener la portería propia a cero; y con la intención de que algún pase largo pudiera ser aprovechado por la velocidad de Alvarito o la habilidad de Ortuño. El resultado final sin goles fue engañoso. El Cádiz pudo ganar porque envió dos remates a la madera. Pero también pudo perder, sobre todo en los últimos minutos, cuando el Mallorca desperdició oportunidades claras y Alberto Cifuentes salvó un gol cantado. El puntito es bueno para el objetivo de la permanencia. Y es malo si se aspira a algo más, considerando que el Levante, el Girona y el Getafe habían perdido.

SÓLO faltan 14 puntos para cumplir el objetivo de la salvación. No se sabe cómo ganó el Cádiz. Con uno menos y jugando sin acierto en los pases. Pero con una enorme entrega y con fe cuando era más necesario. Se iba avanzando en el tiempo a base de puntapiés al balón. Y cuando se daba por bueno el empate, cuando Ortuño había ido al banquillo, llegó un Aitorazo, un golazo de los suyos. Tres puntos para vivir un sueño: con los pies en el suelo no se hubiera ganado. El amarillo no sé si estará maldito para los artistas. Para el Cádiz, como escribió Manolito Santander, está bendito.

SE rompió la racha triunfal del Cádiz con un borrón inesperado. El Valladolid se llevó los tres puntos de Carranza con menos méritos que otros equipos a los que se ganó. Les bastó con defenderse bien, cerrar espacios y aprovechar el regalo de Reyes con retraso que les hizo Alberto Cifuentes. No se puede minimizar la importancia de ese error, sin tampoco cargarle a él todas las culpas. Porque los recursos ofensivos, la puntería y hasta la suerte de otros partidos  se echaron en falta. Por ser positivos, recordemos que el Cádiz termina la primera vuelta con 33 puntos. Y que iba por el buen camino.

APROVECHÓ el Cádiz la oportunidad de jugar con un futbolista más durante 70 minutos. Aunque a punto estuvieron de estropearlo. En la segunda parte el Elche, pese a la inferioridad, buscó el gol con una entrega intachable. Al Cádiz le faltó aplomo y se le vio desbordado en ciertos momentos, aunque ganó por su acierto en los contragolpes. Con este resultado suma 33 puntos. Se mantiene en el grupo de arriba, algo alejado del Levante,  peleando junto a Getafe y Girona. Puede que sea un espejismo, pero ahí están.

SE ha terminado 2016, que para el Cádiz fue el año del cambio. No sólo por el ascenso a lo que ahora se llama La Liga 1/2/3 (antes Segunda División), sino porque la trayectoria deportiva y la gestión del club permiten aspirar a un futuro mejor. El proyecto de Locos por el Balón se tambaleó en 2016, con las discrepancias entre Manuel Vizcaíno y Quique Pina, pero lo recompusieron, aunque sea porque tienen un matrimonio de conveniencia. Esa es una de las claves de la mejoría. En la parte deportiva, el Cádiz tiene una estructura heredada del Granada, con Juan Carlos Cordero; es decir, de un club al que dejaron en Primera antes de recalar en el Cádiz sin tapujos.

En la estructura social y deportiva, el Cádiz ha crecido. Sin embargo, es cierto que el ascenso a Primera División no es una obligación, porque lo principal es consolidar una estructura que evite nuevos fracasos, como los que devolvieron al Cádiz al pozo de la Segunda B. Allí ha estado a punto de ahogarse. Y, como dice Pina, el ascenso a Primera sería como si a un pobre le toca la lotería, o algo así. Pero si el pobre es listo, a lo mejor consolida su fortuna.