HASTA cierto punto, se ha considerado normal que en los centros sanitarios de investigación más avanzados de la sanidad pública hubiera ratas. Controladas y a buen recaudo, por supuesto. Ratitas y ratoncitos buenos para experimentos de laboratorios. Esos animalitos que sirven para la investigación, y reaccionan a los tratamientos más avanzados, y se ponen fuertes como tigres de Bengala; y a partir de ahí, la ciencia ya puede actuar con algunos humanos que se arriesguen a probarlo. Pero ratas como las que se han visto en los hospitales Virgen del Rocío y Macarena no tienen nada que ver con la calidad de la sanidad pública que auspicia la consejera Marina Álvarez.

EL problema no es sólo el Martes Santo o la Madrugada. El problema no es sólo que vayan a la Catedral al revés, o al derecho. El problema es la carrera oficial, que ya no será como era. Es lo que más preocupa a algunos cualificados miembros del Consejo de Hermandades y Cofradías, porque la decisión no depende de ellos. El Ayuntamiento puede obligar a la reducción de hasta 500 sillas, apelando a la seguridad. Ya se están viendo venir las reclamaciones de los abonados afectados. Algunos podrán ser reubicados. ¿Pero qué pasará si unas 300 criaturas se quedan sin las sillas? Probablemente, las reclamaciones se desviarán al señor Cabrera, don Juan Carlos, que además de ser el responsable de las Fiestas Mayores, lo es también de la Seguridad Ciudadana.

EL aeropuerto de Sevilla es manifiestamente mejorable, incluso en tiempos de la turismofobia. Aunque crece, no está todavía a la altura que necesita la ciudad. En el ranking de los aeropuertos de España de 2016, se quedó en el puesto 12, con 4.624.038 pasajeros. Está alejado de los primeros, y por debajo de Ibiza, Lanzarote, Valencia y Fuerteventura. El más importante de Andalucía, que es el de Málaga, ocupó el cuarto lugar, tras Madrid, Barcelona y Palma de Mallorca. El aeropuerto malagueño registró 16.672.776 pasajeros, lo que equivale a casi cuatro veces más que Sevilla. También es verdad que entre los demás aeropuertos andaluces sólo dos, los de Almería y Jerez, se acercaron al millón de pasajeros.

A falta del mapping navideño, en San Telmo se comerán los polvorones de Estepa sin inquietudes. Susana Díaz estará contenta y Juan Espadas envidioso. El acuerdo para los presupuestos de 2018 entre el PSOE y Ciudadanos aporta estabilidad al Gobierno andaluz. Se ha conseguido tras un suspense que parecía amañado. Todo el mundo sabía que Juan Marín iba a pactar con el PSOE. Pero lo han revestido de una inteligencia artificial, y lo han demorado para darle solemnidad. El impuesto de Sucesiones sólo se pagará a partir del millón de euros por contribuyente. Lo han proclamado la presidenta Susana Díaz y la polivalente consejera María Jesús Montero: sólo pagarán los millonarios.

LA semana de la movilidad está saliendo de lo más movidita. El gerente de Gaesco, Juan Aguilera, dijo que el PGOU de Sevilla es “un cuento de hadas”. Los empresarios de la construcción están hartos de que no encarguen obras públicas como las de antes. Aquellos tiempos gloriosos de hace 25 años, que conmemoramos con nostalgia. Tiempos en los que hubo obras en la SE-30, la A-92, el aeropuerto, la estación de Santa Justa, en toda la isla de la Cartuja, que era la isla de las Maravillas (Wonder Island, para las orientaciones). Y sin Alicia, sino con Felipe González en la Moncloa, Manuel Chaves en San Telmo y Alejandro Rojas-Marcos en la Plaza Nueva. Aquellos tiempos sí que eran para ponerse cascos en las inauguraciones.