NUNCA en Sevilla se siente a Dios en la ciudad con la misma intensidad que en la mañana del Corpus. Hoy se celebra misa en el interior de la Catedral y una procesión (claustral, por supuesto) con el Santísimo Sacramento. Al final, una bendición a la ciudad, desde la Puerta de la Asunción. Todavía no hemos vuelto del todo a la nueva normalidad. Al menos, no ha vuelto Jesús Sacramentado, que se ha quedado confinado bajo la belleza gótica de un templo tal que nos tomen por locos. Ahí está, ahí vive, ahí nos aguarda, pero su presencia real y verdadera no saldrá a las calles. Vemos algunos escaparates adornados en la calle Francos, que recuerdan vagamente el oropel de otros años. No es lo mismo. Tan sólo un lamento con ecos barrocos.

EN esta desescalada del coronavirus, en Sevilla se habla mucho de los bares, pero menos de los comercios. ¿Y saben por qué? Pues porque se han adaptado mejor a la nueva realidad de las mascarillas y el metro y medio de Illa. El comercio ha recuperado cierta normalidad, aunque al ralentí. También hay que decir que todos no se han adaptado igual. Y que hay unos grandes triunfadores: los centros comerciales. Empezando por el más grande, que es el Lagoh. Allí (y en otros, como Torre Sevilla, o Nervión Plaza) dan una lección de civismo que ya la quisiéramos ver en la calle Tetuán.

POR culpa del coronavirus y sus circunstancias, no se habla ni se escribe de otra cosa. Menos aún de la cultura, que ha sido olvidada en esta crisis, en una demostración palpable del nulo aprecio que por esos asuntos sienten los políticos. En este país, la salud es lo primero y el dinero también. Del amor por la cultura sólo se acuerdan unos cuantos chiflados, a los que tratan como si fueran pangolines, algo exótico. Así las cosas, en la Real Academia Sevillana de Buenas Letras han elegido a su nueva junta, en la que entra como director, el ilustre dermatólogo Ismael Yebra Sotillo, y como vicedirector el ilustre notario Pablo Gutiérrez-Alviz y Conradi, bien acompañados por otros prestigiosos académicos.

LA prohibición de viajar entre provincias andaluzas en la misma fase era absurda, carente de base científica y ruinosa para la hostelería. En diversos artículos anteriores, planteé la siguiente duda: ¿llegarán antes los sevillanos a Matalascañas y Chipiona o los alemanes a las islas Baleares? Han ganado los sevillanos, enhorabuena. Desde hoy podrán ir a sus segundas residencias (o pisitos-patera) de las costas, igual que se han ido este fin de semana a los chalés del Aljarafe o de otras comarcas provinciales. Los sevillanos han ganado por poco, también es verdad, ya que en Baleares ultiman un plan piloto para que lleguen turistas alemanes la semana próxima. Si bien, se les ha complicado. Por culpa de los alemanes, que en su gran mayoría no se fían de venir a España. Sigue en la lista negra.

LA fiesta local sevillana del Corpus se ha convertido en un problema para Andalucía. Han pasado las ocho provincias a la fase 3. ¿Y ahora qué hace la Junta? ¿Lo contrario de lo que pedían, o arriesgarse a un éxodo masivo? Lo más lógico es abrir la puerta, porque el coronavirus está de recogida. Viene un puente de plata. Pero no de plata como la Custodia de Juan de Arfe, sino de plata para largarse. Es archiconocida la frase: “Al enemigo que huye, puente de plata”. Se atribuye al Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba, si bien es más popular por estar reproducida en el Quijote cervantino. En el Corpus de 2020, el puente de plata no es para que huya el enemigo, sino el sevillano. Y esas fugas llegarán después de las amenazas de Juanma Moreno: si no hay café para todos en la fase 3, no habrá movilidad entre provincias.