ES curioso que en casi todas las mesas de los barrios hartos ganó el PSOE, que es el partido que gobierna el Ayuntamiento. No estarán tan hartos, ¿no?; o quizá sean unos jartibles. Pero, ojo… Han ganado más cortitos que otras veces. Está claro que a la hora de votar lo que más influye es la ideología. Vivimos en una sociedad que se ha bloqueado entre la derecha y la izquierda, incluso por los extremos. Así los que inclinan la balanza son los del centro. En Sevilla hay barrios inasequibles al desaliento. En general, aunque desinflados, el PSOE y el PP siguen siendo las opciones mayoritarias, el eco del bipartidismo no se ha extinguido, sino que se ha bloqueado, a diestra y a siniestra. Aún así, el PSOE ganó en seis distritos y el PP en cinco. Esto es importante, de cara a las municipales. No va a ser de cara al sol. Ni de cara a la internacional. Porque todo se queda en la Plaza Nueva.

QUIÉN le iba a decir a Alfredo Sánchez Monteseirín que esas setas, que ha legado para la posteridad de Sevilla, se convertirían algún día en el manifestódromo de los podemitas. Es decir, en el manifestódromo de todos los indignados, que en su mayoría son los que han confluido en el populismo de Pablo Iglesias con su extrema izquierda. ¡A la calle, podemitas, a la calle! Y así, en las setas, unos días aparecen los vecinos de los barrios hartos. Otras veces acuden los de las manifas antifascistas, que sólo admiten los resultados cuando ganan ellos. Y en pleno puente de la Constitución y la Inmaculada, con mucho ambiente, se concentran algunas decenas de románticos ecologistas para protestar por la turistificación.

EN Sevilla unas cosas se ponen al derecho y otras al revés. No pasa sólo con la carrera oficial de la Semana Santa. A mi modo de ver, lo peor de todo es el Metro. En 2012 dependía de un acuerdo entre el Gobierno central del PP con Rajoy, la Junta del PSOE con Pepe Griñán y el Ayuntamiento del PP con Juan Ignacio Zoido. Desde 2015 debían ponerse de acuerdo el Gobierno del PP de Rajoy con la Junta del PSOE de Susana  Díaz y el nuevo Ayuntamiento del PSOE de Juan Espadas. Y ahora se las prometían felices, porque el acuerdo sería del Gobierno de Pedro Sánchez, la Junta de Susana Díaz y el Ayuntamiento de Juan Espadas. Todos del PSOE. Pero ya ven lo que ha pasado. Y así pasará la gloria del Metro…

HOY es un día de fiesta grande para la mejor Sevilla, que es la que respeta y revive su propia historia. Ninguna ciudad fue tan adelantada y apasionada en el dogma de la Inmaculada Concepción. Algunos dirán que no fue la ciudad, sino los sevillanos. Y es así. Pero no se puede desligar del contexto en el que surge, no se puede ignorar que esa devoción prende en el alma de su gente, se transmite al arte y se instala en la creencia colectiva por el lugar y el tiempo en que suceden. El voto de sangre que formula la Archicofradía de Jesús Nazareno en 1615 es mucho más que un juramento; es la voz que clama en el desierto de todos los silencios. Y así, esa llama de amor viva se ha mantenido encendida, como un cirio blanco de pureza que jamás se apagó.

EN tal día como ayer, hace 40 años, organizaron un referéndum entre todos los españoles para aprobar la Constitución. Se había gestado en las Cortes tras muchas peripecias y discusiones. Fue más difícil de lo que ahora se supone. A esa Constitución le han practicado varios retoques en los últimos 40 años. Casi todos por cuestiones técnicas de adaptación. Sin embargo, cuando se habla de reformarla, se cae en el error de intentar modificarla en su esencia. Se olvida que es el fruto del consenso entre las dos Españas, entre la derecha y la izquierda. Por lo cual, para cambiarla, hay que ponerse antes de acuerdo. Siempre que se enfrente a media España contra la otra media, el final ya se sabe cuál es. Había ocurrido así en los dos siglos anteriores.