YA lo cantaron El Peña y el Masa: “La gente no respeta ni que estamos en Carnaval”. Otra guerra mundial. Esa gente no respeta ni que estamos en la Cuaresma…
LA derrota del Cádiz ante el Sevilla puede parecer engañosa. Al minuto 90 se había llegado con empate. Fue un duelo competido, en el que el Cádiz tuvo aspectos buenos…
LA ciudad de Sevilla y su entorno se pueden considerar como territorio de alto interés militar. Quizás sea la zona más estratégica de España, en estos momentos, para el Ejército. En una distancia cercana están las dos bases militares de EEUU en Andalucía: la de Morón de la Frontera y…
AL llegar el 8 de marzo las calles se tiñen de morado y salen manifestaciones en las ciudades para reivindicar el feminismo y la igualdad. Sin embargo, en estos tiempos, parece que no es lo mismo el feminismo que la igualdad. Entre otras cuestiones porque el feminismo no tiene un…

TANTO ha gustado el Año Murillo que ahora en un año caben tres o cuatro. Se suponía que este sería el Año Magallanes, como han denominado a la conmemoración del 500 aniversario de la primera circunnavegación, a pesar de que no duró un año, sino que salieron de Sevilla el 10 de agosto de 1519 y regresaron 18 marineros al mando de Elcano el 8 de septiembre de 1522. Así que lo del año es por ponerle un nombre. Ahora hemos llegado al Año Bécquer, que es otra impropiedad, ya que van a celebrar el Año de los Bécquer, el poeta Gustavo Adolfo y el pintor Valeriano, cuyos apellidos oficiales eran Domínguez Bastida. Los Bécquer vienen del nombre artístico que adoptó el padre, el también pintor José Domínguez Bécquer, herencia de unos antepasados ricos de origen flamenco que llegaron a Sevilla en el XVI, como tantos. Los dos hermanos del Año Bécquer murieron con tres meses de diferencia (Valeriano en septiembre y Gustavo Adolfo en diciembre, ambos en Madrid), pero sus méritos artísticos no están al mismo nivel.
EN un acto muy bonito y entrañable, según hemos leído en el Diario, han devuelto a los niños del paraguas a su fuente del Parque Genovés. Pero ¡atención! No son los niños verdaderos, que se llaman Pablo y Virginia, y proceden de una novela pre-romántica y trágica, que publicó Jacques-Henri Bernardín de Saint Pierre, a finales del siglo XVIII. Un modelo que fue difundido por el autor, Andrea Boni, según descubrió Lorenzo Alonso de la Sierra. Como digo, estos niños del paraguas, a los que recordamos de toda la vida en su fuente del Parque, no son los originales, sino una copia similar que allí han colocado para evitar males mayores.
LA polémica comenzó con un ensayo de Los Panaderos. Según pareció, algunos policías locales confundieron a la parihuela con un camión de reparto. A Juan Carlos Cabrera, en su calidad de responsable municipal del Tráfico y de las Fiestas Mayores, esta bulla le ha pillado de pleno. Por lo que puede darse el caso de que las parihuelas sean reprobadas en los festejos de la Semana de la Movilidad o algo de eso. Conozco a personas que piensan que las parihuelas son peor tratadas que los patinetes eléctricos. A pesar de que las vemos venir, y es poco probable que arrollen a una criatura. Por el contrario, se conocen casos en que un paso ha sido atropellado, como el famoso incidente del tranvía con el paso de palio de la O, en el que resultó herido Salvador Dorado.
HAN sorprendido las críticas antiKichi de la portavoz municipal del PSOE de Cádiz, Mara Rodríguez, y del presidente provincial de los socialistas gaditanos, Manuel Jiménez Barrios. Entra dentro del guión previsible que critiquen a la Junta de Andalucía, donde ahora gobiernan el PP y Ciudadanos, pero sorprendió que arremetieran contra Kichi al día siguiente de que anunciara que se irá de Podemos, siguiendo los pasos de su compañera Teresa Rodríguez. Y sobre todo que le dieran donde más le duele, acusándolo de inoperante y de retrasar los proyectos. Es decir, que recuperaron el concepto de Kichi como un alcalde flojo que no trabaja lo necesario, y que mantiene inversiones paralizadas por su incapacidad y desidia.
EL principal despilfarro en las obras públicas es empezarlas y no terminarlas. Cuando no se hace nada, se supone que no se gasta nada. Pero cuando una obra se queda interrupta, nos perdemos lo mejor, que es disfrutarla. No cumple sus fines cuando está incompleta y gastan. Por eso, debemos evitar caer en la trampa del ministro de Fomento, José Luis Ábalos. Este señor, desde el episodio con la vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, parece que es el ministro de Asuntos Exteriores. Apenas se refiere ya a las obras públicas, sino que va dando versiones de su casuística. Hay una ministra de Asuntos Exteriores, señora de vida oculta, que vive sin vivir en ella, como si no existiera, y ahora ha desaparecido el señor de Fomento, ocupado en disimular.