A la parroquia de Santa Cruz, todo el mundo le dice en Cádiz la Catedral Vieja. Con razón. No sólo por su antigüedad, que procede de 1262. No sólo por…
LA derrota del Cádiz ante el Sevilla puede parecer engañosa. Al minuto 90 se había llegado con empate. Fue un duelo competido, en el que el Cádiz tuvo aspectos buenos…
SOMOS más papistas que el Papa. En Sevilla, una gran parte del mundo cofrade es de bandera pontificia, y gusta que venga el Sumo Pontífice, como pasó con Juan Pablo II en dos ocasiones, y que la Archidiócesis tenga un cardenal, como Madrid y Barcelona, sin ir más lejos. Por…
NADIE se debe fiar de Donald Trump. Ni sus amigos, ni sus enemigos. A todos los ha dejado con las vergüenzas al aire en Venezuela. Ha quedado clarísimo que no le importan los ideales, ni la política. Ni siquiera la economía, sólo los negocios. Y para negociar lo mismo le…

LA película Parásitos, de Corea del Sur, ha sido la histórica triunfadora de los premios Oscar. Ha ganado el doblete de las películas (por primera vez hasta ahora), también al mejor guión, y además Bong Joon Ho ha sido distinguido como el mejor director. Parásitos ya había ganado la Palma de Oro en Cannes, pero este enorme éxito en los Oscar parece sorprendente. Sin embargo, no lo es tanto. Incluye varias películas en una. A través de una historia que tiene de todo, nos muestra uno de los problemas esenciales de la humanidad: las diferencias entre ricos y pobres. Centradas en Corea del Sur y en nuestros días. Pero con unos escenarios que podrían haber rodado en el Polígono Sur o Los Pajaritos y en un chalé de lujo del Aljarafe o en un cortijo.
EN Cádiz tenemos las tres C (Carnaval, Cofradías y Cádiz CF) con sus partidarios y detractores, que por lo común suelen ser los mismos. Tanto para bien como para mal. Sin embargo, aunque tu primo Pepe puede cantar en un coro o una comparsa, salir de penitente o cargador, y formar parte de una peña de fondo sur o ser abonado de tribuna, hay una cuestión interesante a valorar: son tres mundos paralelos. Cada uno va por su lado. Cuando se mezclan, surgen problemas. Y no lo digo por la polémica con una chirigota, que recuerda demasiado a ‘Los tontos de capirotes’, de Javier Osuna, que salió en 1986 (han pasado 34 años de eso, fue el año del cajonazo a ‘Los cubatas’), sino porque hasta el alcalde Kichi se ha metido en otra bulla: el Sporting de Gijón-Cádiz será televisado el viernes 21, mientras se celebra la final del Falla.
EN Sevilla, a veces, suceden fenómenos extraños. Un meteorito fue visto en varias provincias andaluzas, cayó cerca de Arahal, y nunca más se supo. Menos mal que no cayó a la vera de la Magdalena, donde hubiera dejado un socavón para otro parking. Entre lo más raro que se ha visto, está que unos vecinos se oponen a que les construyan un parking subterráneo. Eso es rarísimo. Los vecinos, en general, piden espacios para aparcar cerca de sus domicilios. Pero en las calles Marqués de Paradas, Julio César y sus cercanías, están saturados. En Sevilla no sólo importa el número escaso de plazas para aparcar, sino la ubicación.
ESTE país, todavía llamado España (el alcalde de Oporto, Rui Moreira, sueña con formar Iberolux, integrándolo con Portugal) necesita siempre un malo oficial en el poder. Una de las debilidades de Mariano Rajoy fue que el malo siempre era él mismo, con lo que terminó victimizado en una moción de censura. Por el contrario, como ya ocurría con Felipe González, el actual presidente, Pedro Sánchez, ha conseguido que el malo siempre sea otro. Hasta la semana pasada, el malo era José Luis Ábalos, que rindió pleitesías en el aeropuerto de Barajas a la vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, para hablar de no se sabe qué. Pero desde el encuentro presidencial España-Cataluña, el malo es Iván Redondo que rindió pleitesías a Quim Torra, con una reverencia como si fuera un súbdito de Su Majestad.
VICTORIA muy importante para el Cádiz, con luces y sombras. El equipo vuelve a tomar impulso en la carrera por el ascenso. Sin embargo, en Las Palmas, dejó sensaciones contradictorias, por no apuntillar al rival cuando estaba vencido, y por cometer errores inquietantes. Los canarios llegaron con peligro a la portería de Alberto Cifuentes, se hartaron de lanzar córners, y con algo más de puntería hubieran evitado la victoria del Cádiz. Con el 0-2, el partido estaba para decidirlo sin pasar apuros, pero el gol de Rubén Castro sembró inquietudes hasta el final.