PARECE raro que un político del PSOE ofrezca a otro del PP un acuerdo para evitar que pacten con Vox. En ese sentido, va la moción que el portavoz municipal…
LA derrota del Cádiz ante el Sevilla puede parecer engañosa. Al minuto 90 se había llegado con empate. Fue un duelo competido, en el que el Cádiz tuvo aspectos buenos…
SOMOS más papistas que el Papa. En Sevilla, una gran parte del mundo cofrade es de bandera pontificia, y gusta que venga el Sumo Pontífice, como pasó con Juan Pablo II en dos ocasiones, y que la Archidiócesis tenga un cardenal, como Madrid y Barcelona, sin ir más lejos. Por…
NADIE se debe fiar de Donald Trump. Ni sus amigos, ni sus enemigos. A todos los ha dejado con las vergüenzas al aire en Venezuela. Ha quedado clarísimo que no le importan los ideales, ni la política. Ni siquiera la economía, sólo los negocios. Y para negociar lo mismo le…

UNA cosa es ser independiente y otra diferente ser independentista. Al menos, hay que agradecer al alcalde de La Línea, José Juan Franco, que se conforme con presidir una ciudad autónoma, al modo de Ceuta y Melilla, en vez de declarar la independencia de la República de la Línea de la Concepción. O incluso proclamar el Cantón Linense, al modo de nuestro Fermín Salvochea, con el que guarda un remoto parecido. En las campañas electorales aumenta la producción de paridas, eso ya se sabía. Pero nadie se esperaba algo semejante.
LA iglesia de Santa Catalina volverá a abrir el próximo domingo, 25 de noviembre. Es una noticia de las que parecen increíbles. El templo fue cerrado hace 14 años. Desde entonces su restauración se convirtió en una historia interminable. Ha superado dificultades que no se deberían olvidar cuando retorne la normalidad. San Isidoro, San Vicente o El Salvador son otros templos sevillanos restaurados con dolor, aunque parece que ya nadie se acuerda. En Santa Catalina no sólo abrirán unas puertas, sino que regresarán tres hermandades: una de penitencia, la Exaltación, y dos de gloria, Santa Lucía y el Carmen y el Rosario.
EN el Casino Gaditano, José Ramón del Río no sólo presentó su libro de artículos Desde el Fénix, sino que recibió un homenaje. Había conseguido reunir “al todo Cádiz y a gran parte de Vistahermosa”, como le dije antes de empezar. A sus amigos, como los calificó él. Y era un homenaje no sólo por el libro, sino por todo lo bueno que le ha dado a Cádiz, como el gaditano “cabal riguroso y ético” que es. Mon del Río se fue a vivir en 1962 a un piso de El Fénix, donde después tuvo su bufete de abogado. Fue la atalaya privilegiada de un vigía que observó ese Cádiz que se perdía. Como lo había visto antes, de niño, cuando vivía en un piso de San José, esquina a calle Ancha, justo encima del bar Liba.
ESTAMOS en la temporada de elecciones. Se diría que entre el puente de Todos los Santos y el de la Inmaculada llegan los días de gloria para las urnas. Pero hoy no me refiero a las autonómicas, sino a las que interesan por su influencia en la ciudad. Por ejemplo, las del Colegio de Abogados, anunciadas para mañana, que suceden a las del Consejo de Cofradías, que convocaron el pasado jueves. Son los jueves de las urnas de noviembre. Ahí se moviliza eso que ahora se denomina la sociedad civil, como si los políticos fueran militares, o marcianos. Las elecciones de los abogados son acongojantes: con tres candidaturas y abiertas.
EL comercio de Cádiz está en crisis desde el tiempo de los fenicios. Después hubo altibajos, pero cuando se habla de la prosperidad comercial se remite al siglo XVIII, cuando el traslado de la Casa de la Contratación desde Sevilla. Como ahí se estableció un monopolio comercial, se llegó a la conclusión de que el éxito depende de las ayudas del poder, que siempre tiene la culpa. Para bien o para mal. En esas seguimos empeñados. Sin embargo, los principales responsables del éxito o el fracaso comercial son los comerciantes. Sin olvidar que esto es Cádiz, y aquí no es como en Milán. En estos días, cuando se acerca el Black Friday y la campaña de Navidad, se vuelve a hablar del comercio.