LOS políticos, en su afán por conseguir votos, utilizan a veces el dinero público para ese fin. Y así estamos en unos tiempos en que la incredulidad de los votantes…
LA derrota del Cádiz ante el Sevilla puede parecer engañosa. Al minuto 90 se había llegado con empate. Fue un duelo competido, en el que el Cádiz tuvo aspectos buenos…
RESULTA patética la capacidad de la ultraizquierda para practicar el odio mientras se presentan como víctimas. Al parecer, en el catecismo laico del pseudo progre ahora es pecado mortal salir de rey mago Baltasar embetunado, ya que lo consideran blackface. Y si el rey mago está representado por alguien del…
NADIE se debe fiar de Donald Trump. Ni sus amigos, ni sus enemigos. A todos los ha dejado con las vergüenzas al aire en Venezuela. Ha quedado clarísimo que no le importan los ideales, ni la política. Ni siquiera la economía, sólo los negocios. Y para negociar lo mismo le…

LA vida en Cádiz puede ser maravillosa. Esto es lo que se ha comentado, más o menos, después del bonito encuentro institucional entre el alcalde, José María González, y la presidenta de la Junta, Susana Díaz. Comprendo que el Ayuntamiento y la Junta tienen que lavar su imagen en la ciudad, muy deteriorada (la imagen y la ciudad). También comprendo que Podemos y el PSOE, después de aquel 15 de junio, están necesitados de resolver el entuerto de algún modo, lo más primoroso posible. Y es verdad que la parálisis en Cádiz no puede ser eterna. A partir de ahí, se debe recordar que el gran problema de la Junta en Cádiz no ha sido la falta de proyectos, sino el olvido de las promesas.
ESPECTACULAR ha sido el encuentro entre el alcalde de Cádiz, José María González Santos, y la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, en la primera visita institucional de esta señora al Ayuntamiento de Cádiz. La primera, sí, a pesar de que se encuentra a poco más de 100 kilómetros de su despacho de Sevilla; y hay un puente nuevo para llegar antes, por si alguien no se ha enterado todavía, y luego se quejan de los anuncios. Pero ha merecido la pena esperar tanto tiempo. Ayer anunciaron cosas que ya no recordaban ni los más viejos del lugar. Aunque otras sí, pues estamos curados de espantos; y cuentos hemos oído muchos.
PRECISAMENTE ayer, en la víspera de la visita institucional de Susana Díaz a Cádiz, han dimitido el viceconsejero de Salud de la Junta, Martín Blanco, y el gerente del Servicio Andaluz de Salud, José Manuel Aranda. Han sido arrastrados por las mareas blancas de los hospitales andaluces, que tienen altamente mosqueados a los dirigentes de la Junta de Andalucía. Es curioso que el jaleo se haya organizado en Granada, tras la fusión hospitalaria (ahora deshecha), a pesar de que la Junta ha gastado allí una inversión multimillonaria en los últimos años, que algunas fuentes sitúan en 200 millones. En Cádiz también hay algunas protestas, pero con escaso impacto mediático.
ES cierto que la tragedia de la muerte originada por la inmigración ya no sorprende. En las tres últimas décadas, cientos de personas han muerto ahogadas en las costas gaditanas. Naufragios de pateras que sonaban como ruido de fondo. Estadísticas oficiales en las que se culpaba a Marruecos. Cuando surgían problemas de pesca, o de agricultura, se abrían los cerrojos. Cuando Bruselas y Madrid restablecían las negociaciones oportunas, se cerraban los candados. El servicio de vigilancia del Estrecho llegó para informatizar el caos, para ver pateras en monitor. Aquellas vigilias de oración que empezó a organizar el cura Gabriel Delgado con el obispo Antonio Ceballos. Los números de víctimas ya no escandalizaban. Vimos fotos de unos cadáveres en Zahara, junto a unos bañistas despreocupados.
EN Cádiz puede haber, como mínimo, una decena de barrios en condiciones sociales iguales o peores que la Barriada de la Paz. A partir de un informe que ha sido elaborado por la Asociación pro Derechos Humanos de Andalucía, se detecta un cierto afán de convertir a este núcleo (uno de los más poblados de Cádiz) en una especie de gueto urbano. Pero hay que decir claramente que la Barriada (como se la conoce en Cádiz) no es como las Tres Mil, de Sevilla, ni necesita que le pongan un comisionado como lo fue el actual Defensor del Pueblo andaluz, Jesús Maeztu, antiguo párroco del Cerro del Moro. Lo que necesita la Barriada (como tantos barrios gaditanos) es más empleo, más ingresos, un mejor nivel de vida. Pero eso no significa que sea un reducto de marginación, ni de peligros para el caminante.