A la parroquia de Santa Cruz, todo el mundo le dice en Cádiz la Catedral Vieja. Con razón. No sólo por su antigüedad, que procede de 1262. No sólo por…
LA derrota del Cádiz ante el Sevilla puede parecer engañosa. Al minuto 90 se había llegado con empate. Fue un duelo competido, en el que el Cádiz tuvo aspectos buenos…
SOMOS más papistas que el Papa. En Sevilla, una gran parte del mundo cofrade es de bandera pontificia, y gusta que venga el Sumo Pontífice, como pasó con Juan Pablo II en dos ocasiones, y que la Archidiócesis tenga un cardenal, como Madrid y Barcelona, sin ir más lejos. Por…
CONSTRUIR un túnel submarino en el Estrecho de Gibraltar, que conecte España con Marruecos, sería nefasto para Andalucía. Es un proyecto ventajoso para el interés marroquí y ruinoso para los españoles y los andaluces. Por eso, resulta extraño que el Gobierno de Pedro Sánchez recupere ese proyecto, que se planteó…

AL llegar el Miércoles de Ceniza empieza la Santa Cuaresma y termina el Carnaval. Esto es así en el resto del mundo. También lo debería ser en Cádiz. Y no se puede argumentar que el Carnaval gaditano tiene sus peculiaridades y que siempre se ha festejado así. El Carnaval gaditano, como el de todo el mundo, procede de la liturgia católica y tiene el mismo origen. Es una fiesta de raíz religiosa o sagrada. Lo normal, en todo el orbe creyente, es terminar esa fiesta el Martes de Carnaval. Y después es cierto que está el Domingo de Piñata (el primero de Cuaresma), que era el de los verdaderos jartibles. Rompían las piñatas, como un epílogo festivo, pero fuera de la temporada carnavalesca.
DECIR Amarguras de los naranjos, en Sevilla, nos suena a marcha de agrupación musical. Pero no se precipiten. Hoy es Miércoles de Ceniza, todavía no huele a azahar. Estamos en los días de las naranjas amargas caídas y espachurradas. Eso es menos poético. Pasados los fríos timoratos de enero y febrero, en la sorpresa de los primeros calores al recorrer las plazas umbrías, con la vira de sol dorado de marzo, que ya glosó Joaquín Romero Murube, pronto nos encontraremos con el ansiado florecer del azahar. Nos anticipará la ilusión del Domingo de Ramos, la primavera prematura que empieza a despuntar en los atardeceres tibios, hasta que el sol se oculta por los cielos cárdenos y violetas del Aljarafe. Pues en ese escenario, en la ciudad de Sevilla, hay unos 47.000 naranjos. Hoy, como digo, las naranjas yacen por los suelos, en otra alegoría triste de la vida que se nos convierte en ceniza.
ES un fenómeno maravilloso. En este país nadie gobierna y todos se oponen a todo. Vivimos en una campaña electoral interminable. Pasan unas elecciones y ya están preparando las siguientes, zurrándose sin los 100 días de gracia. Si sucediera al revés (si gobernaran mucho y la campaña durase poco) quizás la cesta de la compra no estaría tan por las nubes, habría más empleo y la gente viviría mejor. Pero al Gobierno de Sánchez y sus socios sólo les importa que ellos y ellas vivan mejor. Así que todo se hace con la mirada puesta en el horizonte de las urnas, no se piensa en nada más.
ALGUNOS iluminados hay que ver cómo son y qué pocas luces tienen. Los mismos que protestan porque no hay alumbrado extraordinario en el Carnaval de Cádiz son los mismos que se quejan porque no dejan las calles a oscuras en Semana Santa. A eso se llama juego de luces. ¿Dónde se dice que el Carnaval necesite una iluminación extraordinaria, como si fuera un estadio en un partido nocturno? ¿No se pueden contentar con unas luces normalitas? ¿Y no se han enterado de lo cara que está la luz? ¿Y no saben que Kichi arruinó a Eléctrica de Cádiz? Bueno, Kichi no la arruinó, sino los fichajes de Kichi, que tuvo pocas luces fichando.
ESTA es la noche de la gran final del Carnaval, para la que cada aficionado tiene sus favoritos. Pero hoy me voy a referir al ganador seguro de este año, que es Joaquín Quiñones Madera. No en la final, sino en el Pregón del Carnaval, que tendrá mañana a su cargo. Por fin se ha reparado una injusticia. Viendo la nómina de pregoneros del Carnaval era lamentable que Joaquín no estuviera entre ellos. Se usa una doble vara de medir, para alternar a los carnavaleros con los famosos más o menos vinculados a la fiesta y a Cádiz. Pero no hay color entre uno que pregona de oídas y un autor con los méritos de Joaquín Quiñones. Es un reconocimiento más que merecido.