HAN llegado, o van a llegar. Glorificadas por unos y maldecidas por otros. Las motos que acuden para el Gran Premio de España de Moto GP 2026, que se celebrará…
LA derrota del Cádiz ante el Sevilla puede parecer engañosa. Al minuto 90 se había llegado con empate. Fue un duelo competido, en el que el Cádiz tuvo aspectos buenos…
HA favorecido el calendario, por esas curiosidades que regala con los ciclos lunares, que este año el Día del Libro coincida con el jueves de Feria. A ningún librero se le ha ocurrido montar casetas con libros en el Real de Los Remedios, para que el público los compre y…
EN el PP tienen una rara habilidad para perjudicar a su partido en Andalucía. Ya les pasó en 2012, cuando Javier Arenas acariciaba la mayoría absoluta en las encuestas, y aprobaron una reforma laboral que permitió que siguiera el PSOE apoyado por IU. Y ahora, cuando las encuestas auguran que…

LA gente le tiene miedo a la palabra rearme, pero depende del uso y las costumbres. Si el uso es un rearme para cargarse unos a otros, evidentemente es negativo. Por el contrario, necesitamos un rearme moral, que sería muy positivo y saludable para todo el mundo en general. Necesitamos un rearme ideológico y de creencias. De modo que se trabaje para construir una sociedad diferente, basada en el amor al prójimo y no en el odio al prójimo. Un rearme basado en cumplir las bienaventuranzas y no en el egoísmo de acumular el poder para aplastar a los más débiles.
EL Domingo de Pasión es el pórtico de la Semana Santa. No es sólo el domingo del pregón. Es también el día con más besamanos y besapiés de toda la Cuaresma. Ya no es una jornada de funciones principales de instituto, como los domingos anteriores. Ya la fe está jurada y proclamada. Ya es el día en que se expresa el gozo de lo que está por llegar. Los besamanos y los besapiés de hoy manifiestan las ansias de Semana Santa, las ganas que tenemos de besar al Señor y a la Virgen, de bajarlos de los altares, de saludarlos con nuestro cariño, de alegrarnos de que ya estén tan cerca para trasladarlos a los pasos.
LOS perros y las perras originan una apasionada división en Cádiz entre quienes los aman y quienes los odian. Soy consciente de que escribir sobre perros es lo más peligroso del articulismo local, pues te pueden morder por aquí y por allí. Es más peligroso escribir de los perros que de los políticos. En la política, los gaditanos se dividen entre los que votan al PP y los que votan a la izquierda gaditana (incluyendo a los de AIG y los del PSOE); pero la cuestión canina es transversal. ¿Hay perros de izquierdas y de derechas? ¿Hay perros obreros y perros señoritos? ¿Hay perros flautas y perros pijos? Hay de todo en la Viña del Señor, y en Santa María y los demás barrios. Porque Cádiz está bien poblada de perros.
EN ninguna ciudad de España se le presta tanta atención a los bares como en Sevilla. Para bien y para mal. Existe una relación de amor y odio con el sector de la hostelería. A veces los presentan como si fueran ángeles. Y a veces como si fueran demonios. Probablemente, sería más justo si no lo viéramos así. Ni blanco, ni negro. En Sevilla los bares son muy importantes. No sólo para el empleo y los negocios. No sólo para el turismo. También forman parte de la cultura y las costumbres sevillanas. Y, además, hay algunos con siglos de historia, como El Rinconcillo y Casa Morales, que en sí mismos forman parte del patrimonio histórico y artístico de la ciudad.
PUBLICAR unas memorias en Cádiz tiene mucho mérito. Es una ciudad con tendencia a olvidarse de las cosas que suceden de un año a otro. Quizás influye el Carnaval, que ha acostumbrado a cambiar los repertorios y los tipos todos los años. Y así muchos piensan que lo pasado ya pasó, y apenas queda un recuerdo difuso. Sin embargo, somos también el tiempo que vivimos. Pues, si no lo hubiéramos vivido, ya estaríamos muertos desde hace tiempo. Cumplir los 90 años no es fácil. Está por encima de la media de edad en Cádiz, Andalucía, España y la Humanidad. Y tener buena memoria a esa edad y publicarlas en un libro es una bendición de Dios, y es lo que nos ha regalado José Ramón Pérez Díaz-Alersi.