A la parroquia de Santa Cruz, todo el mundo le dice en Cádiz la Catedral Vieja. Con razón. No sólo por su antigüedad, que procede de 1262. No sólo por…
LA derrota del Cádiz ante el Sevilla puede parecer engañosa. Al minuto 90 se había llegado con empate. Fue un duelo competido, en el que el Cádiz tuvo aspectos buenos…
SOMOS más papistas que el Papa. En Sevilla, una gran parte del mundo cofrade es de bandera pontificia, y gusta que venga el Sumo Pontífice, como pasó con Juan Pablo II en dos ocasiones, y que la Archidiócesis tenga un cardenal, como Madrid y Barcelona, sin ir más lejos. Por…
CONSTRUIR un túnel submarino en el Estrecho de Gibraltar, que conecte España con Marruecos, sería nefasto para Andalucía. Es un proyecto ventajoso para el interés marroquí y ruinoso para los españoles y los andaluces. Por eso, resulta extraño que el Gobierno de Pedro Sánchez recupere ese proyecto, que se planteó…

CÁDIZ y Sevilla son dos provincias andaluzas que funcionan en la práctica como si fueran una. Eso hay que tenerlo en cuenta al hablar de las conexiones de la autopista AP-4 y la autovía Nacional IV. Los flujos y desplazamientos entre Cádiz y Sevilla son los propios de un área metropolitana amplia. Si no fuera por el catetismo que sufrimos en nuestra Andalucía, y por las rivalidades aldeanas, las sinergias funcionarían mejor. Pero no voy a entrar en aspectos filosóficos, ni en detalles de macroeconomía. Entre Cádiz y Sevilla hace falta una autopista (de peaje barato) con tres carriles en cada sentido y una autovía gratis completa. No hay que elegir entre lo uno o lo otro, sino exigir al Gobierno ambas infraestructuras.
LAS grandes ciudades suelen infravalorar a sus provincias, que se dividen en la capital y los pueblos. Eso ocurre en Sevilla, que es una gran ciudad, aunque no cuente con estatuto propio o algo así. Madrid, que es la capital de España, para disimular a su provincia, la ha elevado a la categoría de comunidad autónoma. Y en vez de tener una presidenta de la Diputación, resulta que Isabel Díaz Ayuso es la presidenta de la Comunidad de Madrid, y quiere ejercer a un nivel como de contrapeso para el jefe del Gobierno de España, nada menos. En Madrid se suele distinguir, para las galas, entre Madrid y “provincias”.
A veces el amor también existe, aunque escriba sus letras con renglones torcidos. A veces se llega al amor por unas veredas que ocultan rincones de dificultad, que deben esquivarse con las verdades por delante. Ha fallecido Pepi Martín Carrera, una gaditana cabal, que por sí misma merecía admiración y elogio. Pero que era imposible de distinguir sin su media naranja: Pedro Payán Sotomayor. Ambos estaban unidos e indisolubles, hasta que la muerte traicionera se presentó, de repente, una tarde de noviembre en un piso de la Segunda Aguada; los separó y se llevó por delante la sonrisa clara y sincera de Pepi. En los últimos años, ella vivía para cuidar a Pedro, por sus problemas de visión. Pepi parecía más joven de lo que era, siempre activa, y dispuesta para estar a su lado y para aportarle vitalidad.
EL político español más influyente en la última década es Pablo Iglesias Turrión. Y el que más daño le ha causado a la democracia de este país también, porque ha sembrado la cizaña del populismo, que ha crecido a la izquierda y a la derecha. Llegó levantando la bandera de la nueva política, como una alternativa de izquierda. Y desde la derecha le opusieron como alternativa a Ciudadanos, que ha fracasado, porque jugaban a liberales y socialdemócratas, y para liberales ya estaba un sector del PP y para socialdemócratas un sector del PSOE. Se consolidó en el extremo izquierdo Podemos, y en el extremo derecho irrumpió Vox, que también son hijos de ese populismo, aunque con las ideas al revés. Los dos se necesitan y se alimentan, como se ve estos días.
VA a cumplir lo que prometió: dijo que no estaría más de ocho años como alcalde y ya ha anunciado oficialmente que no se presentará a la reelección. Lo va a cumplir, pero le ha costado trabajo decirlo. No necesitaría recordarlo si él mismo no hubiera alimentado dudas en los últimos meses. Aunque sabía que presentarse otra vez, además de incumplir su promesa, era arriesgarse a perder. No a perder por mentir, sino por su mala gestión como alcalde. La carta de despedida no viene a cuento. Debió esperar a mayo de 2023, cuando terminará su mandato. Al despedirse, queda la sensación de que ya tiene todo el pescado vendido; o todo el humo, que es lo que mayormente ha vendido.