AL Trofeo lo están matando a cámara lenta. Los de la memoria democrática ya ni siquiera piden que le cambien el nombre. Se sigue llamando Trofeo Ramón de Carranza, como…
LA derrota del Cádiz ante el Sevilla puede parecer engañosa. Al minuto 90 se había llegado con empate. Fue un duelo competido, en el que el Cádiz tuvo aspectos buenos…
HEMOS leído en el Diario que el 30% de los andaluces no veraneará este año, según una encuesta del Centra. Aprovechando que uno de cada tres se va a quedar en Sevilla, recomiendo que participen en los cultos de la Virgen de los Reyes. Son, sin duda, los más devotos…
YA no saben qué inventar para distraer a la gente y ocultar las presunciones de inocencia. En apenas 17 años, hemos pasado de la conjunción astral, que llenaría de luz el mundo, al eclipse total, en el que vamos a tapar el sol. O lo que es igual. Hemos pasado…

YA no saben qué inventar para distraer a la gente y ocultar las presunciones de inocencia. En apenas 17 años, hemos pasado de la conjunción astral, que llenaría de luz el mundo, al eclipse total, en el que vamos a tapar el sol. O lo que es igual. Hemos pasado de Zapatero como líder carismático del progresismo a Zapatero con aquellas joyas ocultas, y en riesgo de acabar como Ábalos y Cerdán. La conjunción de 2009 fue anunciada por Leire Pajín, entonces secretaria de Organización del PSOE, cargo en el que relevó a Pepiño Blanco, otro fenómeno del planeta Ferraz.
PEDIR perdón, como tantas buenas costumbres, tiene influencias de la educación católica, arraigada en nuestra sociedad desde siglos pretéritos. Para que los pecados sean perdonados hacen falta cinco requisitos: examen de conciencia para asumir lo que se hizo mal, arrepentimiento, propósito de la enmienda para no reincidir, decir los pecados al confesor y cumplir la penitencia. Se considera que pedir perdón, cuando se perjudica a alguien, es un ejemplo de buena educación. Y está escrito que se debe perdonar no solo siete veces, sino “hasta setenta veces siete”, según le dijo Jesucristo a Pedro.
AL Trofeo lo están matando a cámara lenta. Los de la memoria democrática ya ni siquiera piden que le cambien el nombre. Se sigue llamando Trofeo Ramón de Carranza, como en 1955, cuando lo inventó el alcalde José León de Carranza. Construyó un estadio nuevo, al que se mudó el Cádiz CF, y creó un Trofeo, pero no permitió que lo jugara el club de la ciudad. ¿Por qué? La idea del alcalde era que lo disputaran equipos de primer nivel nacional e internacional. Y al Cádiz no se lo permitieron hasta que ascendió a Primera División, en 1977. Esa historia es conocida. Se apunta sólo para recordar que lo de este año no es el Trofeo de los trofeos, no es el Carranza. Es un mamarracho, que dirían algunos políticos.
CUANDO se comenta la invasión de Ceuta, a veces parece que está en la República Sudafricana. Como si quisieran alejarnos de lo ocurrido. Y lo ocurrido, entre otras cuestiones, es que han muerto alrededor de 100 personas, algunos de cuyos cadáveres aún no han rescatado. Para Andalucía, Ceuta no es solo una ciudad vecina, sino con vinculaciones especiales. Estuvo a punto de ser incluida en la comunidad autónoma andaluza al principio de la Transición. La UCD defendía la integración de Ceuta y Melilla en Andalucía, pero no se aprobó, porque se opusieron el PSOE, el PCE y el PSP de Tierno Galván. Se remitieron a la Constitución de 1931, en la Segunda República, donde eran definidos como “territorios de soberanía del Norte de África en régimen autónomo, en relación directa con el Poder Central”.
EN la invasión de Ceuta, han muerto al menos 67 personas, ahogadas o aplastadas. Ese balance era provisional ayer. Tampoco sabemos cuántos han entrado. Unos dicen 50.000, otros 70.000. Y, según lo difundido, parece que han devuelto a más de los que entraron. ¿No saben sumar? A los fallecidos nadie les envió un mensaje de alerta, ni han culpado a los servicios de Emergencias por llegar tarde. Sí, decir eso es una crueldad, pero de ese tipo las escribe en X el ministro de Transportes, Óscar Puente. Sobre los 67 muertos se ha debatido poco, como si el transporte de los cadáveres hubiera sido rutinario. Es indigno olvidar tantas vidas destrozadas.