VIENDO las largas colas de adolescentes, con sus camisetas azules y sus minifaldas o shorts blancos y plateados, para el concierto de Aitana en Cádiz, nos podríamos preguntar: ¿cuántas de…
LA derrota del Cádiz ante el Sevilla puede parecer engañosa. Al minuto 90 se había llegado con empate. Fue un duelo competido, en el que el Cádiz tuvo aspectos buenos…
EN Los Remedios, barrio plagado de calles dedicadas a la Virgen, existe la del Monte Carmelo. Al llegar el 16 de julio, recordamos que Sevilla es una ciudad con una profunda devoción a la Virgen del Carmen, herencia de su historia marinera, pero mantenida por el fervor de ser ciudad…
RESULTA muy bonito escribir hoy sobre reconciliación, al haberse cumplido ayer 90 años desde el comienzo de la guerra civil de 1936. Aquello empezó como un golpe de Estado. Pero terminó de la manera más vil posible: con las dos Españas asesinando. Y no sólo unos u otros. Hoy parece…

RESULTA muy bonito escribir hoy sobre reconciliación, al haberse cumplido ayer 90 años desde el comienzo de la guerra civil de 1936. Aquello empezó como un golpe de Estado. Pero terminó de la manera más vil posible: con las dos Españas asesinando. Y no sólo unos u otros. Hoy parece que solo asesinaron los franquistas, pero los del otro bando también. Y, además, comunistas pro-soviéticos asesinaron a republicanos, a trotskistas, y a otros que no pensaban igual. Aún no se sabe dónde están los restos de Andreu Nin, líder del POUM, asesinado por los soviéticos. De eso hay poca memoria. Pero ahora tenemos otra reconciliación: con Puigdemont.
VIENDO las largas colas de adolescentes, con sus camisetas azules y sus minifaldas o shorts blancos y plateados, para el concierto de Aitana en Cádiz, nos podríamos preguntar: ¿cuántas de ellas ingresarían en un convento de clausura con el pasar de los años? Puede parecer una pregunta estúpida. Pero un argumento semejante, con Ainara, se planteaba en Los domingos, de Alauda Ruiz de Azúa, que ha sido la película española más vista en los últimos meses y ganó cinco premios Goya. O se habla de una supuesta nueva espiritualidad, porque Rosalía apareció vestida como de monja. En esas colas había no pocas chicas que son católicas y capillitas, o creyentes a su modo, pero que entrarían con más comodidad en el Cuarto Azul de Aitana que en la clausura de un monasterio que siga la espiritualidad de Santa Teresa de Jesús.
EN Los Remedios, barrio plagado de calles dedicadas a la Virgen, existe la del Monte Carmelo. Al llegar el 16 de julio, recordamos que Sevilla es una ciudad con una profunda devoción a la Virgen del Carmen, herencia de su historia marinera, pero mantenida por el fervor de ser ciudad tan mariana. A lo largo del tiempo, esa devoción se acentuó. Aún hoy es de las pocas ciudades que mantiene conventos de las diversas órdenes del Carmen: frailes carmelitas descalzos en el Santo Ángel, frailes carmelitas calzados en el Buen Suceso, monjas carmelitas descalzas en el convento de Las Teresas, de Santa Cruz, monjas carmelitas calzadas en el convento de Santa Ana, del barrio de San Lorenzo.
VIVIMOS hoy las vísperas de la Virgen del Carmen. La provincia de Cádiz es marinera por excelencia, se viste de fiesta en los municipios costeros venerando a la Stella Maris; pero es una devoción que va más allá, que también se celebra en Jerez y otros municipios del interior. El amor a la Virgen del Carmen, con su escapulario como prenda de salvación, se siente en los naufragios de la vida. Cada devoto o devota según sus circunstancias. La Virgen del Carmen es patrona en municipios como San Fernando, es venerada por los pescadores en Barbate, y sale en procesiones que son marineras o urbanas. En Cádiz recorre el mar y se pasea por Puntales. Y se vivirá a lo grande el encuentro con la Reina del Mar en la Alameda, en estos días de novena, y cuando mañana salga a recorrer las calles en su paso, y regrese al Mentidero en la alta noche del verano.
TANTO criticar al ministro ocurrente, Óscar Puente, por su penosa gestión del AVE, nos debería llevar a una sospecha. A lo peor, lo que están intentando es cargárselo. O, más propiamente, a los viajeros del AVE. En cualquier negocio se sabe que el primer mandamiento es tratar bien al cliente, para fidelizarlo y convertirlo en un activo. Sin embargo, en el AVE lo que hacen es justo lo contrario: maltratar al cliente, putearlo en la medida de lo posible, indignarlo, darle a entender que es un intruso, que está de más, que se le odia.