ANTES o después, pero todas las grandes imágenes de Jesús en la Semana Santa española tienen un autor conocido. Se sabe en Sevilla que Jesús del Gran Poder es obra…
LA derrota del Cádiz ante el Sevilla puede parecer engañosa. Al minuto 90 se había llegado con empate. Fue un duelo competido, en el que el Cádiz tuvo aspectos buenos…
UNO de los personajes olvidados de la Semana Santa de Sevilla es el Cirineo de la Hermandad de Pasión. Fue tallado por Sebastián Santos en 1969. Se estrenó en la Semana Santa de 1970, pero apenas salió en el paso junto al Señor hasta 1974. A partir de aquel año…
AL llegar otro Domingo de Ramos se vuelve a hablar de la paz en el mundo. Al llegar la Semana Santa, como pasa en Navidad, parece que los hombres y las mujeres sienten que les falta algo, que la vida cotidiana está demasiado enmarañada con cuestiones que los agobian y…

ANTES o después, pero todas las grandes imágenes de Jesús en la Semana Santa española tienen un autor conocido. Se sabe en Sevilla que Jesús del Gran Poder es obra de Juan de Mesa, el Señor de la Pasión es de Juan Martínez Montañés y el Cristo de la Expiración (Cachorro) es de Francisco Antonio Gijón. Se sabe en Valladolid que el Cristo Yacente es obra de Gregorio Fernández. Se sabe en Murcia que el Señor y los apóstoles de la Santa Cena son obra de Francisco Salzillo. Sin embargo, en Cádiz no se sabe quién es el autor del Cristo de la Buena Muerte. Y así todas las hipótesis siguen abiertas. Y todas las atribuciones son especulativas, pero no demostrables. Es un misterio.
UNO de los personajes olvidados de la Semana Santa de Sevilla es el Cirineo de la Hermandad de Pasión. Fue tallado por Sebastián Santos en 1969. Se estrenó en la Semana Santa de 1970, pero apenas salió en el paso junto al Señor hasta 1974. A partir de aquel año fue víctima de una polémica. Peláez del Espino culpó al Cirineo de los daños que sufría la imagen del Señor, por el contrapeso que ejercía. En los años 80, un grupo de hermanos intentó que volviera a salir. Los profesores Hernández Díaz y Bernales avalaron un informe de Ricardo Comas, que se mostraba a favor de reponer al Cirineo. Pero el asunto se debatió en 1992, en un cabildo de hermanos, y ganó el “No al Cirineo”.
LA cofradía de Las Aguas (o de Luz y Aguas, como se la llamaba antes, en los tiempos de Rafael Corbacho) vuelve a salir hoy del oratorio de San Felipe Neri. Es como si la ciudad volviera a sumergirse en el túnel del tiempo. Porque ya ni el oratorio de San Felipe Neri es la sede de esta cofradía, ni en realidad es un oratorio. Aunque siga presidido por la Inmaculada de Murillo, que para algunos eventos que allí organizan no queda como el telón de fondo más adecuado. El cierre de la Catedral Vieja ha devuelto la actividad cofradiera al Oratorio. Y eso nos debe llevar a reflexionar sobre la identificación de una hermandad con el lugar donde reciben cultos sus imágenes.
TODAS las imágenes de Cristo que pasan por el puente de Triana van vivas. El Señor de las Penas, de la Estrella, está sentado en el Calvario, mirando al cielo del Domingo de Ramos. El Señor del Soberano Poder soportará la ira de Caifás, mientras le siguen nazarenos blancos el Lunes Santo. El Cristo de las Tres Caídas lleva a Triana detrás, para ayudarle con el peso de la cruz, en lo más hondo de la madrugada. El Viernes Santo pasa el Nazareno, agobiado con su cruz, cuando el cielo revira a morado con La O. Y, poco antes, habrá pasado Cristo convertido en Cachorro para el martirio, expirando entre la vida y la muerte, pero con los ojos abiertos para clavar su mirada vidriosa en los cielos de Sevilla.
AL llegar otro Domingo de Ramos se vuelve a hablar de la paz en el mundo. Al llegar la Semana Santa, como pasa en Navidad, parece que los hombres y las mujeres sienten que les falta algo, que la vida cotidiana está demasiado enmarañada con cuestiones que los agobian y distraen de lo principal. No se puede encontrar la felicidad en una guerra. Toda guerra encubre un intento de imponer un poder. A veces puede ser una guerra en legítima defensa, o volverse necesaria para no sucumbir. Sin embargo, procede de un fracaso, porque el ideal del ser humano es vivir en paz.