SE supone que la Zona Franca debería ser como una empresa de empresas, un organismo de gestión, con importantes misiones para dinamizar la economía gaditana y contribuir a la expansión internacional de las empresas, que compiten en condiciones ventajosas de fiscalidad. El delegado del Estado debería ser un profesional del sector, con capacidad para manejarse bien en la economía de España y el resto del mundo. Debería ser un profesional, no sé si independiente, pero al menos no elegido a dedo por el partido del Gobierno. El cargo de delegado debería ser como el de director general de RTVE, digamos que más profesional y experto.
EN España cortan cabezas de turcos para todo, como si estuviéramos todavía en la batalla de Lepanto. Ya no son turcos, propiamente dichos, sino que buscan víctimas debajo de las ruinas. Algunos dicen que la culpa es de la Inquisición, pero viene de antes. Los romanos producían mártires cristianos a granel. Y en los ancestros ya estuvo Abraham a punto de sacrificar a su hijo Isaac. Por eso, después de la eliminación de España en el Mundial, desde que falló Iago Aspas el último penalti buscan culpables, y cada cual tiene los suyos. Porque todo el mundo opina de fútbol, y así se dicen incontables tonterías.
EN el Cádiz playero nunca hubo viviendas con fines turísticos, que suena cursilísimo, sino pisos y apartamentos para veraneantes. Esto es así desde que empezaron a construir edificios de altura en el Paseo Marítimo y sus alrededores, en los tiempos de José León de Carranza y de Jerónimo Almagro como alcaldes; y ya fue un no parar, que siguió después, con Emilio Beltrami de alcalde; hasta que terminaron lo poco que quedaba, ya en la democracia, con Carlos Díaz y Teófila Martínez. De modo que en el Paseo Marítimo no hay sitio para nuevos apartamentos turísticos. Y para un terreno que existe, con fines hoteleros, en el antiguo Tiempo Libre, no son capaces de ponerse de acuerdo.
ES lógico que la gente piense: ¿para qué queremos la sociedad de Cádiz 2012 si estamos en 2018? Parece que lo normal es cargársela. Pues no, es lo anormal. Porque hay que explicarlo. A lo mejor el nombre ha perdido actualidad, pero los objetivos que existían cuando crearon la sociedad iban mucho más allá del Bicentenario. Estaban orientados a conseguir que Cádiz tenga una vinculación activa con Iberoamérica, recuperando lo que existió otros tiempos, y procurando vías alternativas para una ciudad en decadencia. Es decir, buscar nuevas oportunidades para la economía, las empresas y la cultura de Cádiz, orientadas a América.
CON la muerte de José Luis Ruiz Nieto-Guerrero, se ha quedado Cádiz sin su último gran capillita de otros tiempos. Me refiero a tiempos en los que ser capillita no era lo mismo que ser cofrade, sino algo más, como la pertenencia a una orden (religiosa, por supuesto), que mantenía a duras penas una Semana Santa diferente de la actual. Como sabemos los que le conocíamos (y como destacó ayer Pablo M. Durio), José Luis era un hombre ajeno a las pompas y las vanidades del mundo cofrade. Nunca buscó cargos, ni el relumbrón. Al dolor de su muerte, se une la tristeza de que se ha llevado muchos secretos. Nunca escribió el gran libro de la Semana Santa de Cádiz que todos esperábamos y que sólo él podía dejar como herencia.